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El Precio De Tu Amor

El Precio De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Laura dejó la universidad y su país por amor. Creyó que Michel era el hombre de su vida, pero su madre, Maritza, la humilló hasta hacerla huir. Sola, sin dinero y sin papeles, Laura empezó desde abajo: limpiando pisos y durmiendo en un albergue. Hasta que un hombre llamado Alfred McCormick vio en ella algo que nadie más había visto: talento, inteligencia y una fuerza indomable.

Ahora Laura es economista, esposa de un CEO, y el rostro de una empresa millonaria. Pero el precio de su amor ha sido alto. La mafia rusa, un exnovio arrepentido, una suegra que la odia, y una misión encubierta en Cuba pondrán a prueba todo lo que ha construido. Porque cuando el pasado regresa, no siempre viene solo. A veces trae balas.

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Entrega

CAPÍTULO 14: La Entrega

Las cuarenta y ocho horas se esfumaron como agua entre los dedos, Laura apenas durmió. Pasó el primer día revisando los informes falsos, memorizando cada detalle. Margaret por su parte, coordinó un operativo que incluía a doce agentes encubiertos, dos francotiradores y un drón de vigilancia.

Alfred no se separó de Laura ni un segundo. La acompañó a cada reunión con el FBI, la sostuvo cuando le colocaron el micrófono oculto bajo la ropa, y la besó antes de que ella subiera al auto.

—Si no vuelves —dijo él, con los ojos brillantes—, juro que voy a buscarte hasta el infierno.

—No tendrás que hacerlo —respondió Laura—. Voy a volver.

Dragunov había elegido un almacén abandonado, en el puerto de Milwaukee. Olía a pescado podrido y a peligro. Laura bajó del auto sola como habían acordado, y caminó hacia la puerta metálica que un matón con una metralleta le abrió.

—Pase, señora McCormick. El jefe la espera.

Dentro del almacén había varias pilas de cajas apiladas hasta el techo, del que colgaba una bombilla que proyectaba una luz tenue y mortecina, sobre el piso de cemento estucado. Y en el fondo, una mesa de madera donde Viktor Dragunov la esperaba sentado, con un vaso de vodka en la mano.

—Laura McCormick —dijo él, sin levantarse—. Siéntese.

Laura obedeció pero mantuvo la cabeza erguida, las manos sobre la mesa, y la mirada directa a los ojos del mafioso sin temblar.

—Traje lo que me pidió —dijo, sacando una memoria USB del bolsillo de su chaqueta—. Las rutas de limpieza del puerto. Horarios, nombres de conductores, números de identificación de los camiones.

Dragunov tomó la memoria USB y la giró entre sus dedos, como si estuviera probando un juguete nuevo.

— ¿Y por qué debería creer que esto es real? Usted es la nuera de una agente del FBI.

—Si fuera una trampa —respondió Laura, sin inmutarse—, no habría venido yo sola. Habría mandado a mi suegra con un batallón de agentes, para detenerlo. Pero vine yo sola porque quiero un trato, y no una guerra.

Dragunov la estudió en silencio, y notó que había fuego en los ojos de la mujer elegante y decidida que tenía ante sí.

—Está bien —dijo, guardando la memoria—. Acepto su trato. Sus rutas no serán molestadas. Mis hombres operarán en los horarios que usted me ha dado. Y a cambio, usted y su familia vivirán en paz.

— ¿Y Alfred? ¿Sus inversiones?

—Su esposo puede retirar su dinero, con la condición de que no hable con nadie sobre lo que vio. Si una sola palabra sale de su boca, no habrá escondite en el mundo donde ustedes puedan protegerse.

Laura asintió.

—Pierda cuidado que no diremos nada. ¡Este asunto queda enterrado, entre las paredes de este almacén!

—Eso espero —dijo Dragunov, levantándose—. Porque si me mienten, el bate de béisbol no les va a servir de nada.

Se dio la vuelta y caminó hacia el fondo. Antes de desaparecer, se giró.

—Señora McCormick usted es muy valiente. Pero la valentía sin inteligencia es solo estupidez. ¡Trate de no ser estúpida, porque le puede salir muy caro!

Y se fue.

Laura exhaló el aire que había estado conteniendo, que salió de su boca en un suspiro tembloroso. Sus manos que habían estado quietas sobre la mesa, ahora temblaban como hojas al viento, mientras el matón de la metralleta la acompañaba hasta la puerta.

—Buena suerte señora, créame que va a necesitarla.

Laura caminó hacia el auto y se subió en el, luego cerró la puerta.

— ¿Todo bien? —preguntó el agente.

—Todo bien —respondió, con la voz quebrada—. Lléveme con Margaret. Necesito que rastreen esa memoria USB, antes de que Dragunov se dé cuenta de que es una memoria falsa, que no contenía las rutas reales. Contenía un señuelo, y la ubicación de varios almacenes en los que el FBI, había preparado un operativo para tenderles una trampa a los hombres de Dragunov. Pero Laura no podía quitarse de la cabeza, la última frase que le dijo el mafioso.

"¡Trate de no ser estúpida, porque le puede salir muy caro!”

—Por favor acelere —le dijo al agente—. Necesito llegar rápido a donde esta Margaret, para informarle sobre un asunto que me preocupa.

En la casa de Alfred, Margaret había recibido una llamada de su asistente.

—Señora McCormick, Valeria desapareció con Sofía. La dirección donde vivían está vacía. Los vecinos vieron una camioneta negra esta mañana, de la que se bajaron dos hombres que hablaron con Valeria, y ella subió a la niña al vehículo sin oponer resistencia.

Margaret apretó los dientes, y tuvo un mal presentimiento.

—Rastreen esa camioneta —ordenó—. Y preparen un equipo de rescate, porque no voy a dejar a mi nieta en manos de esos asesinos.

Alfred escuchó la conversación desde el sofá.

— ¿Se llevaron a mi hija?

—Sí —admitió Margaret—. Pero vamos a recuperarla.

—Promesas —escupió Alfred, levantándose—. Usted solo sabe hacer promesas que no cumple.

—Alfred, por favor...

—No —la interrumpió—. Ya no voy a quedarme sentado.

Fue al garaje, cogió las llaves de su auto, y salió antes de que Margaret pudiera detenerlo.

— ¡Alfred, no! —gritó ella—. ¡No sabes dónde están!

Pero él ya había acelerado, y el auto desapareció al doblar la esquina. Alfred no iba al puerto. Iba a la única dirección que se le ocurrió: la casa de Rizzo. Cuando Laura llegó a la casa, encontró a Margaret pálida y nerviosa.

— ¿Qué pasó?

—Alfred se fue —dijo Margaret, con la voz rota—. Fue a buscar a Sofía por su cuenta.

Laura sintió que el mundo se le venía encima.

— ¿Dónde está Rizzo?

—En su oficina. Pero no podemos entrar sin una orden judicial.

—A la mierda la orden judicial —dijo Laura, abriendo la puerta del auto de nuevo—. Voy a buscarlo personalmente, porque yo no necesito un permiso de nadie, para ir a rescatar a mi marido.

Manejó como nunca: Esquivó semáforos en rojo, ignoró bocinas y llegó al edificio donde estaba la oficina de Rizzo, en menos de diez minutos. Subió las escaleras de dos en dos, hasta que llegó a la puerta de la oficina de Rizzo, que en ese momento estaba entreabierta. Laura entró sin tocar y cuando estuvo dentro de la habitación, la escena que vio le congeló la sangre.

Alfred estaba de rodillas en el suelo, con las manos atadas a la espalda. Rizzo estaba sentado detrás de su

escritorio fumándose un puro. Y a su lado con una sonrisa de satisfacción, estaba Valeria.

Qué bonito —dijo Rizzo con marcada ironía, al ver a Laura—. A la fiesta se está incorporando toda la familia. Siéntese, señora McCormick.

Laura no se sentó. En vez de obedecer al mafioso miró a los ojos de Alfred.

—Lo siento —susurró él—. Lo siento mucho.

—Ya hablaremos después —respondió Laura, y se giró hacia Rizzo—. ¿Dónde está Sofía?

—A salvo por ahora —dijo Rizzo en tono amenazante—. Pero eso depende de usted.

— ¿Qué quiere?

—Que desactive la trampa que le tendió a Dragunov, y me entregue las rutas reales. Ah…y otra cosa: quiero que su suegra se olvide de este caso. Al escuchar las demandas de Rizzo, Laura apretó los puños de rabia.

—Está bien, le daré lo que quiere —dijo—. Pero primero quiero ver a Sofía. ¡Quiero una prueba de que la niña está con vida!

Rizzo sonrió y tomó su teléfono.

—Trato hecho.

Rizzo marcó un número y habló en voz baja. Luego giró su teléfono hacia Laura, y en la pantalla apareció la imagen de Sofía, que estaba sentada en una habitación blanca, con una muñeca en la mano y un plato de galletas frente a ella. Parecía tranquila, sin golpes, y sin miedo.

Bueno ya es suficiente —dijo Rizzo, guardando el teléfono—. La niña está sana por ahora.

Laura sintió un alivio inmenso, pero no lo demostró.

—Quiero hablar con Dragunov —dijo—. ¡No voy a negociar nada con el segundo de a bordo! Rizzo soltó una carcajada.

— ¿Segundo de a bordo? Óigame Laura, yo soy el hombre que mueve los hilos en Wisconsin. Así que negociará conmigo o no negociará con nadie.

Laura lo miró fijamente.

—Está bien, hablemos. —cedió—.Pero primero suelte a mi esposo.

Rizzo hizo una seña a uno de sus matones. El hombre cortó las ataduras de Alfred, que se levantó y fue hacia donde estaba Laura.

—No hagas nada más —le susurró ella—. Déjame manejar esto.

—Confía en mí —respondió él.

Laura se volvió hacia Rizzo.

—Quiero ir al almacén donde está Sofía. Ahí le entrego las rutas en persona.

— ¿Y por qué debería hacer eso?

—Porque quiero ver con mis propios ojos que está bien. Y porque si usted me lleva allí, podrá asegurarse de que no le estoy dando información falsa. ¿Está de acuerdo?

Rizzo frunció el ceño, y quedó pensativo varios segundos. Finalmente accedió…

—Está bien —dijo al fin—. Pero su esposo se queda aquí, como garantía de que esto no es una trampa.

—No —intervino Alfred— Yo no voy a dejar sola a mi hija, en manos de ustedes.

—Tú no vas a ningún lado —respondió Rizzo—. O aceptan mis términos, o la niña paga las consecuencias.

Laura apretó la mano de Alfred, y al interpretar la señal que ella le hizo se controló.

—Quédate que voy a volver con Sofía —le susurró—. Te lo prometo.

Alfred la soltó.

—Cuídate.

Laura salió de la oficina flanqueada por dos matones. Rizzo iba delante. Bajaron al parqueo subterráneo, donde una camioneta negra los esperaba.

—Suba —dijo Rizzo.

Laura obedeció y el vehículo arrancó.

Ella iba en silencio contando las cuadras, memorizando las rutas porque no llevaba micrófono. Estaba sola y sin respaldo; sin armas. ¡Contaba solo con su inteligencia y su valor!

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BsB
Hola Beatriz ! Soy el escritor de la novela y te adelanto que ya tengo listos el ochenta por ciento de las capítulos. Te agradezco mucho que hayas leído algunos de los que están publicados, y aunque no lo manifestaste abiertamente, que esperes a que esté termina significa que tal vez te gustó. Me complacería muchísimo saber tu opinión de lo que has leído, y si tienes alguna sugerencia que hacerme. Fue un placer interactuar con usted.
Beatriz
Cuando esté terminada la leo. Está inconclusa
Saily Smith
me en
Sarai Smith
Me encanta esta novela!! Que sucederá con Laura?
BsB: Laura es una mujer luchadora, una guerrera dispuesta a enfrentarse a todos, por defender a su familia y a la empresa. La mafia la amenaza y la coacciona para que forme parte de su nómina, pero ella se resiste. Laura cederá ante la mafia, o trabajará con el FBI para acabar con los mafiosos? Qué tu harías si fueras la escritora de la novela? Tu opinión es muy importante para mí. Gracias por leer y apreciar mi obra.
total 2 replies
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