En un mundo donde la jerarquía Alfa y Omega dictamina el destino, Kael Monzón, un magnate implacable con un pasado oscuro, vive atormentado por una culpa que lo consume. Desesperado por expiar sus pecados, busca a Sami, un joven Omega cuya inocencia fue destrozada por la codicia y la traición de su propio padre.
Kael le ofrece a Sami un pacto: seguridad y un futuro. Pero lo que comienza como un acuerdo frívolo, pronto se transforma en una danza peligrosa entre el deber y un amor inesperado que desafía todas las reglas.
En medio de tormentas emocionales y la fragancia persistente del jazmín, ambos deberán decidir si se atreven a sanar juntos y construir un futuro donde el perdón sea el cimiento de la familia Monzón.
Esta es mi version basada en mi novela ChatStory de CASADO CON EL MOSTRUO. pero esta versión cambio bastante.
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La tormenta de Kael.
El aire en la habitación de la abuela se volvió pesado, cargado con el ozono de un Alfa que ha dejado de contener su propia bestia. Fuera, los truenos de la tormenta real eran solo un eco débil comparado con el rugido sordo que vibraba en el pecho de Kael.
Mientras los hombres de la manada entraban y salían, moviendo equipos tácticos y cargando armas con un clic metálico rítmico, Kael permanecía estático frente al mapa minero amarillento. No parpadea. Su sombra, proyectada por las luces de emergencia, parecía crecer y retorcerse contra las paredes de la cabaña, como si su lobo estuviera arañando la realidad para salir.
El olor de Kael —normalmente a bosque y autoridad— ahora apestaba a hierro y ceniza. Era el olor de la guerra. Cada vez que apretaba los puños, los nudillos le crujían con una violencia que hacía que incluso los guerreros más experimentados bajaran la vista al pasar a su lado. No estaban preparando un rescate; estaban preparando una ejecución.
Caleb se acercó, sosteniendo una tableta con los registros antiguos, pero se detuvo a dos metros. El aura de Kael era un muro de advertencia física.
—Señor... —empezó Caleb, con la voz firme pero cuidadosa—. He localizado la entrada a la mina. Está a cuarenta kilómetros al norte, en el sector de las Tierras Altas. Filomeno tiene patrullas en el perímetro. Si entramos ahora, las acciones de la empresa caerán en picado por el escándalo legal y...
Kael giró la cabeza lentamente. Sus ojos negros no reflejaban la luz, eran dos pozos de vacío.
—¿Te parece que me importa el valor de una empresa, Caleb? —Su voz no fue un grito; fue un susurro raspado, como el metal contra la piedra—. Filomeno ha tocado lo único que me mantenía atado a la civilización. Ha cometido el error de creer que soy un hombre de negocios.
Kael se acercó un paso, invadiendo el espacio personal de su segundo al mando, su presencia obligando a Caleb a tensar cada músculo para no retroceder.
—Dile a los hombres que dejen los sedantes y las esposas. No quiero prisioneros. No quiero confesiones. Quiero que Filomeno sienta el momento exacto en que su linaje se extingue antes de que yo le arranque el corazón.
Se puso la chaqueta táctica, ajustándola con una calma aterradora.
—Mueve al equipo. Si el sol sale y Samy no está en mis brazos, no quedará piedra sobre piedra en esas montañas.
El Despertar de Samy.
El frío fue lo primero que la alcanzó, un frío húmedo que se filtraba por las rendijas de madera vieja. Sami abrió los ojos lentamente, pero el techo que vio no era el de su refugio, ni el de la casa de Kael. Eran vigas toscas, oscurecidas por los años y el moho.
Se incorporó con esfuerzo, sintiendo un pinchazo de mareo. En la mesa de luz, de una madera tan rústica que aún conservaba parte de la corteza, descansaban un vaso de vidrio grueso y un jarrón de cerámica con agua. El agua estaba estancada, con pequeñas burbujas pegadas a las paredes del cristal, reflejando la luz grisácea que entraba por una ventana enrejada.
Samy no bebió. Sus ojos, dilatados por el miedo y la alerta, no se despegaron de las paredes de piedra y madera. Cada sombra le parecía una amenaza, cada crujido de la estructura, un paso enemigo.
—Todo estará bien, Samy. Nadie va a tocarte mientras yo respire.
La voz de Kael retumbó en su memoria tan nítida que casi pudo sentir el calor de su aliento en la nuca. Aquellas palabras, dichas en la intimidad de su protección, eran ahora su único ancla. “Prometiste que nos encontrarías”, pensó Sami, apretando las sábanas ásperas contra su pecho, sintiendo el latido acelerado de su hijo, una pulsación de vida en medio de aquel mausoleo minero.
De pronto, el silencio de la habitación fue astillado por pasos pesados y voces secas que venían del pasillo.
—...no me importa si el camino está bloqueado por la lluvia —la voz de Filomeno, cargada de una arrogancia podrida, se filtraba por la puerta—. Si Kael mueve un solo dedo en la ciudad, quiero que los explosivos estén listos. Si yo pierdo las minas, él pierde lo que más ama. Es un intercambio justo, ¿no creen?
Samy contuvo el aliento, pegando la espalda a la pared fría. Escuchar el nombre de Kael en la boca de ese hombre era como un veneno. Afuera, las risas ásperas de los hombres de Filomeno se alejaron por el corredor, dejando a Sami nuevamente a solas con el sonido del agua goteando en el jarrón y la promesa de Kael quemándole el alma.
Tuvieron otra bebé!!! Y Sami siguió estudiando, fue extremadamente tierno!!! 🥰🥰🥰
sólo espero que Samy no se oponga cuando le toque su castigo al desgraciado viejo!!!
Sami ya lo sabe todo!!! Cerramos la semana de la mejor manera!!!
Espero que Filomeno no le den ni medio centavo!!
Maldito viejo!!!!😡😤
Siempre defenderé a Kael, no fue por hacerlo a propósito lastimarlo, sé que podrá ganarse a Sami y podrá perdonarlo por ese error tan grande
Es una narrativa que envuelve desde el capítulo uno. La historia ni que decir. Espero poder leer hasta el capítulo final y si tienen la oportunidad de leerla de verdad háganlo!!
Gracias por actualizar Autor@