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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 12 Salida
Fernando
Han pasado dos días desde que vinimos al hogar de Eliza. La observo; me sigue gustando como años atrás. Creí que no pasaría, pero... sucedió. Claro que amé a mi esposa, pero dicen que siempre te enamoras de una sola persona en la vida profundamente, y yo me enamoré un día de la mujer de mi mejor amigo.
Nos encontramos en su sala; su padre hace bromas y ella sonríe. Vaya que su sonrisa es la más hermosa que he podido ver. Ella sigue perfecta; como dicen, entre más añejo el vino, mejor sabe. Los años le han dado madurez y una belleza más pronunciada. Ella me roba los suspiros. Cuando la volví a ver, el impulso por abrazarla me ganó; sentirla me hizo sentirme vivo nuevamente. Solo deseo que pueda ser mía, que esta vez pueda ser mi esposa. Sería un sueño recorrer su delicado cuerpo y poder gritarle al mundo que es mía, solo mía, y su amor también.
—¡Tu hogar es muy acogedor! —hablo mientras tomo un sorbo de mi copa de vino.
—¡Es muy cierto! ¡Solo le hace falta un caballero para que sea un hogar completo! —habla Saúl, y agradezco su apoyo.
—¡Gracias por el halago! —responde Eliza, pero no contesta al comentario de su padre.
—¡A mí me encanta la chimenea! —responde su madre—. ¡La alfombra es estupenda! Estoy segura de que podría dormir ahí.
Eliza observa la alfombra y se queda callada. Respira profundo y saca lentamente el aire. Entrecierro los ojos; es... es como si recordara algo.
—¡Sí que lo es! Un día me quedé dormida ahí —responde volviendo a mirar a su madre, y sonrío imaginándola dormida en la alfombra.
Su madre sonríe y niega con la cabeza; es como si pudiese leer los pensamientos de su hija.
—¡Ya veo! —responde bebiendo un sorbo de su copa.
—¡Pero insisto en que te hace falta un compañero de vida! —insiste su padre, y yo solo observo la chimenea.
—Tienes razón, pero me acostumbré a mi soledad —responde ella con naturalidad.
Respiro profundo. Cuánto no daría porque Eliza me amara.
—¡Pero sería horrible morir solo! Un día tu madre y yo solo necesitaremos calor y compañía, y ahí nos tendremos.
Eliza se queda en silencio, contemplando el fuego.
—Tienes razón. Pero ya estoy mayor para volver a casarme y...
—¡Nunca es tarde, hija! Solo me gustaría verte feliz. Ya pasó tiempo desde la muerte del padre de Ciro. ¡Date una oportunidad!
—¡Tienes razón, cariño! Y estoy segura de que nuestra hermosa hija lo pensará. ¿Cierto, Eliza? —interviene Margaret, observándola fijamente.
—¡Por supuesto, madre! —responde Eliza sonriendo.
Trato de fingir que no estoy escuchando, pero es inevitable e incómodo. La tarde transcurre y la noche llega. Me despido para irme a mi dormitorio; debo pensar cómo enamorar a Eliza y cómo ganarme su corazón.
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Nos encontramos en el jardín. El desayuno fue agradable; Eliza sonreía y le robé muchas pláticas. No sé si fingía, pero parecía interesada en nuestra conversación. Yo observaba sus ojos; sin duda alguna me tienen cautivado. Es como si ella me hubiera hechizado.
—¡La tarde es hermosa! ¿Qué tan buenos son los cafés en este pueblo? —pregunta la madre de Eliza.
—¡Bastante buenos! Hay un lugar en la plaza donde van todos los de la realeza. Es costoso, pero es el mejor lugar.
—¡Pues qué esperamos! ¡Vamos! —se pone de pie su madre y todos sonreímos.
—Yo también tengo muchas ganas de conocer el pueblo de Grosti —hablo poniéndome de pie.
—¡Pues no esperemos más! —dice el padre de Eliza.
—Está bien. Iré por mi abrigo. Adelántense y pidan el carruaje —les dice ella a sus padres.
—Claro —responde su madre. Voy detrás de ellos, mirando hacia la dirección por donde se fue Eliza.
—¡Ten paciencia! Una mujer nunca es fácil de conquistar. A mí me tomó años conquistar a Margaret.
—¿Qué querías, que fuera fácil? —se da la vuelta Margaret y luego sigue caminando.
—¡Y continúa teniendo oídos de halcón! —dice Saúl sonriendo y yo hago lo mismo.
Nos subimos al carruaje. Al poco tiempo sube Eliza. Agradezco que vayamos todos juntos y, sobre todo, que voy al lado de la hermosa Eliza. El carruaje se pone en marcha y la observo de reojo. Es preciosa.
—Lo que me gusta de este pueblo es que no queda nada lejos. Es un pueblo pequeño donde todos se conocen, aunque hay uno más pequeño que este donde viven personas mayores que buscan más tranquilidad —explica Eliza.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo se llama? —pregunta su padre.
—Rose Hill.
—Se escucha interesante. ¡Qué tal si vivimos en ese pueblo! —le propone Margaret a Saúl.
—¡Ya me he jubilado de los deberes del ducado! ¡Podríamos! —responde él, y Margaret se emociona.
—¡Llegamos! —anuncia Eliza.
El carruaje se detiene y todos bajamos. El lugar se ve muy elegante. Al ingresar, una dama mayor nos recibe.
—¡Bienvenidos sean todos! —saluda la mesera.
—Necesitamos mesa para cuatro —pide Eliza, y la mujer nos guía.
Tomamos asiento.
—Tenemos el mejor café de Inglaterra; también contamos con los tés más especiales de la casa —nos informa.
—Yo quiero el café mencionado —pide Eliza.
—Tráiganos lo mismo a todos —ordena Saúl.
—¡Perfecto! ¿Desean un postre?
—Sí, traiga tarta de almendras —pide Margaret.
—¡Con gusto, mi lady! ¿Algo más?
—Por el momento solo eso —responde Eliza.
Yo estoy sentado junto a ella y agradezco la cercanía.
—¡Te ves muy hermosa, Eliza!
—¡Muchas gracias! —me responde sonriendo.
—Tienes... —no termino de hablar, solo retiro una pequeña rama que tiene en su cabello—. Una pequeña rama.
—Gracias —dice mirándome y riendo.
Su sonrisa es realmente hermosa. Ambos nos sostenemos la mirada, pero somos interrumpidos bruscamente.
—¡El emperador! —exclama Saúl.
Eliza se incorpora de inmediato. La madre de Eliza observa hacia nuestras espaldas.
—¡Qué gusto verlo, emperador Will! —habla Margaret.
Fernando
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
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