Ariel murió… y despertó como un omega condenado.
Un “villano” acusado de traición y asesinato, aunque no recuerda nada.
Su destino: un matrimonio con un alfa violento… una sentencia de muerte.
Hasta que aparece Kael, un delta temido que lo protege…
como si ya lo hubiera perdido antes.
Porque en cada vida…
Kael lo ha estado buscando.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 2 El peso de un nombre
La sentencia no llegó como una sorpresa.
Ariel ya la había escuchado en la sala del consejo, pronunciada con voces viejas y cansadas, disfrazada de misericordia.
Aun así, cuando el edicto fue confirmado esa misma noche —sellado, oficial, irrevocable—, el peso cayó distinto.
Más real.
—
—El matrimonio se celebrará en siete días —decía el documento—. Para preservar el equilibrio entre clanes.
Equilibrio.
Ariel cerró los ojos.
Sabía lo que aquello significaba.
Todos lo sabían.
No era una unión política.
Era una condena diferida.
Un alfa con antecedentes demasiado convenientes.
Dos omegas muertos.
Ningún culpable.
Un omega manchado era prescindible.
—
Lo escoltaron de regreso a sus aposentos sin palabras.
Los guardias evitaban mirarlo, como si el destino ya se hubiera posado sobre su piel.
Cuando la puerta se cerró, Ariel quedó solo con el silencio…
y con el recuerdo de la noche anterior.
—
Vengo a sacarte de aquí.
No volverás a morir solo.
—
Apretó los puños.
—Mentiroso —murmuró, más bajo de lo que pretendía.
Porque querer creerle…
dolía más que aceptar la muerte.
—
La marca de omega ardía, inquieta, como si el cuerpo supiera que el tiempo se agotaba.
Ariel caminó de un lado a otro.
Intentando ordenar pensamientos que no dejaban de chocar entre sí.
—
Había muerto una vez ya.
Antes de este mundo, había tenido otro nombre.
Adrián Morales.
—
No había sido nadie extraordinario.
Ni un héroe.
Ni un villano.
Solo alguien que vivía entre palabras ajenas.
Trabajaba como editor y corrector de textos, puliendo historias que no le pertenecían.
Arreglando finales que otros no sabían cerrar.
—
Pasaba la mayor parte de su vida en silencio.
Buscando coherencia donde casi nunca la había.
Le gustaban las historias de segundas oportunidades.
De personajes condenados que encontraban una grieta por donde escapar.
—
Tal vez porque, en el fondo…
sabía que la suya no iba a cambiar.
—
Murió de forma absurda.
Un segundo mal calculado.
Un cuerpo que no reaccionó a tiempo.
Y un pensamiento ridículo, casi irónico:
dejé un texto sin terminar.
—
Luego, la nada.
—
Despertar como Ariel —un omega acusado y sentenciado— no había sido un regalo.
En su otra vida había sido invisible.
En esta…
era demasiado visible.
—
Y aun así, el miedo era el mismo:
La certeza de que el final siempre llegaba sin pedir permiso.
—
—No reencarné para convertirme en un sacrificio —susurró.
—
El aire cambió.
Ariel se detuvo en seco.
No fue abrupto.
Fue familiar.
—
El mismo aroma.
Firme.
Profundo.
Estable.
Una presencia que no imponía…
pero tampoco pedía permiso.
—
—Te advertí que no teníamos mucho tiempo —dijo la voz desde la sombra.
—
Ariel se giró.
Kael estaba allí otra vez.
Como si las paredes, los guardias y las reglas no significaran nada.
Pero esta vez—
su calma estaba teñida de urgencia.
—
—Así que era verdad —dijo Ariel—. No fue una alucinación.
—No —respondió Kael—. Y el consejo ya dio el siguiente paso.
—
Ariel alzó el documento sellado.
—Siete días.
Kael lo observó apenas un segundo.
Luego negó.
—Siete días es lo que anuncian.
Hizo una pausa.
—Pero no piensan dejarte llegar vivo al altar si algo se complica.
—
El silencio se tensó.
—
—Entonces esto siempre fue una ejecución —dijo Ariel.
—Desde el momento en que despertaste en este cuerpo —respondió Kael—. El matrimonio solo es la forma más limpia de hacerlo.
—
Un frío profundo se instaló en el pecho de Ariel.
—
—Dijiste que vendrías a sacarme de aquí —murmuró—. Que no volvería a morir solo.
—
Kael sostuvo su mirada.
Sin dudar.
—Y no mentí.
—
La marca de omega palpitó con fuerza.
No era consuelo.
Era reconocimiento.
—
—No te recuerdo —admitió Ariel—. Pero actúas como si me conocieras demasiado bien.
—
Kael dio un paso más cerca.
No lo tocó.
Pero no hacía falta.
—
—Te he visto llegar a este punto más de una vez —dijo—. Siempre con distintos nombres.
Hizo una pausa.
—Siempre con el mismo final.
—
Pasos en el pasillo.
Guardias.
El tiempo se reducía.
—
—Escucha —continuó Kael—. Si te quedas, morirás.
—Si acepto el matrimonio, solo cambia la fecha —respondió Ariel.
Kael asintió.
—
Ariel miró la ventana.
La noche era vasta.
Oscura.
Peligrosa.
Libre.
—
—¿Y si huyo contigo?
—Romperás el orden del consejo —dijo Kael—. Te llamarán traidor. Hereje. Amenaza.
—
Ariel soltó una risa breve.
Vacía.
—Eso ya lo soy.
—
Kael lo observó.
Y asintió.
—
—Entonces decide rápido.
—
Ariel respiró hondo.
Había muerto una vez sin elegir.
No cometería el mismo error.
—
—Muéstrame cómo salir.
—
Kael se apartó.
Despejando el camino.
—
—Cuando cruces esa ventana —advirtió—, no habrá regreso.
—
Ariel no dudó.
—Nunca lo hubo.
—
Y en ese instante—
el omega que había sido condenado a morir…
eligió, por primera vez—
no obedecer.
...****************...
💭 Si tuvieras que elegir…
¿arriesgarías todo por alguien que dice haberte salvado antes…
aunque no lo recuerdes?
👇 ¿Qué harías tú?
👁️ Kael dice que ha visto este final repetirse…
¿Cuántas veces crees que ha ocurrido este ciclo?
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”