Después de atravesar el infierno, ¿Podrá una chispa de fuego a medio prender transformarse en una ardiente hoguera?
¿Podrán dos corazones heridos y de hielo volver a amar y derretirse hasta el punto de ebullición?
¿Acaso un par de copas, música y sus mutuas caricias podrán cambiar sus vidas?
Esta es la historia de Daniela y Nikos, si quieren saber más solo sigan la novela.
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Capítulo 23
Nikos.
Me visto tan rápido como puedo, agarro mis llaves y me voy directo a mi auto donde me subo con rapidez, los portones estan abiertos desde que ella salió. De milagro alcance el taxi y la sigo.
Lamento tanto lo que va a ocurrir de aquí en adelante, pero no puedo hacer nada, lo único a lo que puedo aferrarme en este momento es a los sentimientos de ella, porque sé soy algo más que sexo para Daniela.
Manejo con cuidado, y después de unos largos minutos el taxi se detiene, me aparco lejos pero teniéndolo a la vista. Observó la casa, no es muy grande pero hermosa, con una reja alta y blanca, un jardín muy bonito, un ambiente tranquilo, reconfortante. Cierro los ojos mientras recuerdos casi olvidados vienen a mí.
"**Años atrás**
Estaba enojado, mi padre me había dicho que el próximo año me iba a estudiar cerca de casa, pero yo quería quedarme aquí, en Chile.
Ya tenía amigos y un ambiente que me gustaba, siempre me hace lo mismo. Cada vez que me encuentro a gusto en algún lugar, él me aleja. Y ahora no es la excepción.
— Maldición, mi padre otra vez lo hizo, ¿Porqué no puede ver que yo no soy como él Theodore? —le pregunto al hombre que siempre cuida de mi seguridad, este donde este.
— Debe comprenderlo joven, usted es su único hijo. —me responde calmado mientras maneja. Yo maldigo en voz baja a mi progenitor. Y dejo de hacer las mismas preguntas de las que siempre obtengo más de las mismas respuestas.
Afuera la lluvia cae sin parar, el auto se detiene en un semáforo, miro por la ventana desde donde voy sentado en el asiento trasero y la veo. Esta vestida con ropa escolar, la cabeza gacha sentada en un paradero de autobuses que no hacen nada por protegerla de la lluvia. Entonces algo dentro de mí siente ganas de parar y ayudarle.
—Theodore, aparcate cerca de ese paradero de autobuses. —le pido y el observa el lugar asintiendo. No sé qué fue lo que me impulso a tal disparate, pero cuando Theo se detiene, yo tomo el paraguas y salgo disparado en su dirección.
— Hola. Te vi desde mi coche, ¿Te encuentras bien? ¿Te han hecho algo? Estás empapada...—la miro a los ojos y me encuentro con unos preciosos ojos mieles rojos, muy tristes que me traspasan y roban el aliento.
— ¿Porqué? —me pregunta alejándose, media confusa.
— ¿Porqué, qué? —suelto el aliento que no se por cuanto estuve conteniendo, se ve tan frágil y hermosa. ¿qué rayos, qué me pasa? Seguro ella pensara que soy algún sicopata o algo así.
— ¿Porqué quieres saber? ¿Porqué si ni siquiera me conoces? No deberías hacerlo.
— Lo siento, tal vez no debí molestarte, pero solo quería ayudarte, toma. —créeme en este momento me estoy preguntando lo mismo. Le tiendo el paraguas— te vas a enfermar aún más si no te cubres de la lluvia.
— Gracias... es solo...—sus hermosos ojos mieles comienzan a cerrarse, y anticipandome a una caída segura, me acerco rápidamente y la sostengo. Unos segundos mas y hubiera caído chocando quien sabe con que cosa primero, si con el cemento o... No quiero ni pensarlo. La sostengo, y en eso aparece Theodore a ayudarme, él sostiene sus cosas y el paraguas, yo la sostengo a ella alzandola en mis brazos, para dirigirme al auto.
Una vez la acómodo en el asiento trasero, Theo ya esta en el volante.
— ¡Llevemosla a urgencia! —su mano toma mi chaqueta, y yo me sorprendo.
—¡No, Porfavor! —parece haber recuperado la conciencia, la miro y parece asustada con lo que digo— no me lleves a un hospital, Porfavor prometemelo... —estoy helado, ella me pide algo que no quiero, pero se ve tan aterrada que mi voz sale por si sola.
— Te lo prometo. —y una promesa para mí es algo irrompible.
—Gr... Gracias... —su voz se pierde, recostando su cabeza en mi hombro, esta muy mojada y ya que ella me lo pidió, no la llevamos a urgencia si no que a mi casa.
*Horas después*.
— *Joven, ¿está seguro que fue buena idea traerla? —me pregunta Theo preocupado, ella está en muy mal estado, ¡diablos, maldito el desgraciado que la dejó así*!
— *Claro Theodore, no la íbamos a dejar en medio de la tormenta y en ese estado. Además la pobre tenía mucha fiebre. —coloco mi mano sobre su frente. Ella no merecía esto que le hicieron. Ninguna mujer merece algo así. Quién te daño tanto bella flor, quién fue el maldito que magullo y... Siento tanta rabia, tanto odio por quien sea que le hizo esto. Ella es tan delicada. La siento moverse y poco a poco sus preciosos ojos mieles se van abriendo— creo que esta despertando Theodore, llama a Leyla*.
— *Sí joven*.
— *Veo que por fin despiertas bella durmiente, y antes de que preguntes, yo no te saque la ropa, fue Leyla. Estabas muy mal. Mi primer impulso fue llevarte a urgencias, pero cuando lo sugerí dijiste que no, parecías aterrorizada, ¿Quién te hizo daño? Tienes que denunciarle*...
— *Gra...gracias...—dice apenas— na...nadie me hizo daño ¿qué hora es*?
— *Las cuatro de la tarde*.
— *Tengo que irme a casa, ¿dónde estoy*?
— *En mi casa*.
— *Tengo que irme...—trata de levantarse, y al hacerlo hace una mueca nada femenina*. *Logra sentarse pero vuelve a caer al instante a la cama*.
— ¿*Qué animal te hizo daño, bella durmiente? Dímelo para que yo*...
— *Por favor debo irme a casa.—me interrumpe*.
*La observo sin poder creer que no quiera ir a denunciarlo. Me preocupa mucho, Leyla nos contó lo que vio al cambiarle de ropa. Solo un maldito enfermo trataría así a esta hermosa chica. Y sin querer, casi instintivamente acerco mi mano para acariciar su rostro. Su piel es tan suave, ella parece disfrutar de mi tacto porque suspira y cierra los ojos*.
*Se siente tan correcto esto, mi piel quema en el lugar donde la acaricio, se siente como si ella fuera*...
*Al final el momento terminó cuando Theo carraspeo, para avisarme que Leyla traía una infusión para ella. Me aleje reticente, y ella volvió a la carga con que no había sido nada, restándole importancia a su estado. Me sonrió y mi corazón se hincho de algo que no sabría nombrar, solo que se sintió demasiado bien. Y así me convenció de que no había necesidad de que me preocupara por una desconocida*.
*Que el problema era asunto suyo*.
*Finalmente supe que aquella cabezota no me diría nada, ni tampoco me dejaría o iría a denunciar a quién fuera que le hizo eso. Deje de insistir y mejor disfrute de su corta compañía, porque luego se fue dando las gracias*.
*La quise ir a dejar a su casa, y no acepte un no por respuesta, así es que tuvo que acceder*.
¡*Chica terca! ¡No me importa que seas una extraña*!
*Al llegar a su casa bajo del auto, agradeció mi ayuda, y nos despedimos*.
*La vi caminar hacia una reja alta y blanca, la observe hasta que se me perdió de vista. Me quedé otro rato solo observando su casa, escuchando por si necesitaba ayuda o algo*.
*Maldito bastardo el que la daño*"
Volviendo al presente, aquello fue como un sueño y nunca más volví a verla de nuevo, ni siquiera recuerdo haberle preguntado su nombre. Y lo último que recuerdo es casualmente la casa que ahora tengo delante de mí, si no fuera por esta casa que por alguna razón se me quedó grabada en la memoria no hubiera recordado aquella situación. También recuerdo que quise buscarla, saber como estaba y... pero no me dio tiempo ya que mi padre me mando a buscar y tuve que volver a Grecia.
— ¿Será que Daniela y aquella bella flor durmiente son la misma persona? ¿O será solo casualidad que ella viva en la misma casa que la chica de mi recuerdo? Pero... Sus ojos son tan parecidos, exactos...
Suspiro, ahora que ya sabía donde vivía Dani, averiguaria a qué le temía, porque estaba seguro que era a algo y lo sabría, costase lo que me costase. Porque a esa mujer es a la que yo pertenezco, la que me hace querer vivir y disfrutar de la vida. No, no la dejaría ir a menos que de verdad ella no me quisiera.
¡Mierda, solo espero que esos sentimientos resistan a lo que se viene!