Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.
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DESCUBRIENDO AL TRAIDOR
La trampa invisible
La tranquilidad nunca duraba demasiado.
Gabriela lo comprendió al despertar aquella mañana con una sensación extraña, como si algo estuviera fuera de lugar aunque todo pareciera normal. La luz del amanecer atravesaba los ventanales del departamento de León, iluminando suavemente la sala, pero el silencio tenía un peso distinto.
No era paz.
Era anticipación.
Se levantó lentamente y caminó descalza hacia la cocina. León ya estaba allí, revisando su teléfono con expresión seria. Apenas notó su presencia, suavizó el rostro.
Dormiste algo, preguntó él.
Un poco. Tú no, respondió Gabriela observando las sombras bajo sus ojos.
León dejó el celular sobre la mesa.
Ha sido una noche complicada.
Ella lo miró con atención.
Algo pasó.
No fue una pregunta.
León dudó unos segundos antes de responder.
Interceptamos comunicaciones de Adrián. Está moviendo gente cerca de aquí.
El corazón de Gabriela se tensó.
Entonces vendrá.
Sí.
La respuesta fue directa, sin adornos.
Y por primera vez desde que todo comenzó, Gabriela no sintió miedo paralizante. Sintió claridad.
No podemos seguir esperando, dijo.
León la observó.
Estamos preparando un movimiento, pero necesito que confíes en mí.
Gabriela sostuvo su mirada.
Confío. Pero también quiero decidir sobre mi propia vida.
Aquellas palabras marcaron algo diferente entre ellos. Ya no era la Gabriela que necesitaba protección constante. Era alguien dispuesto a enfrentar lo que viniera.
El día transcurrió bajo vigilancia reforzada. Guardias en el edificio, vehículos monitoreando alrededores y llamadas constantes. Sin embargo, mientras León coordinaba estrategias, algo comenzó a incomodar a Gabriela.
Demasiada calma.
Como si alguien estuviera esperando el momento exacto.
Por la tarde, León recibió una llamada que cambió su expresión inmediatamente.
¿Estás seguro? preguntó con voz baja.
El silencio al otro lado parecía confirmar algo grave.
Entiendo. Mantén vigilancia.
Colgó lentamente.
Gabriela se levantó del sofá.
¿Qué ocurre?
León dudó.
Necesito salir un momento. Solo será una reunión rápida.
Ella frunció el ceño.
¿Ahora?
Es importante.
Gabriela sintió una punzada de inquietud.
Iré contigo.
No, respondió él con firmeza. Es más seguro que te quedes aquí.
La negativa despertó algo dentro de ella.
No voy a quedarme encerrada mientras todos deciden por mí.
León se acercó.
Esto no es una discusión.
Precisamente lo es, respondió ella con calma firme. Ya soy parte de esto.
El silencio entre ambos fue intenso.
Finalmente León suspiró.
Está bien. Pero no te separarás de mí.
Gabriela asintió.
Minutos después salían juntos del edificio escoltados discretamente. El cielo estaba cubierto por nubes grises que anunciaban tormenta.
El trayecto en auto fue silencioso. Gabriela observaba las calles intentando ignorar la sensación de estar siendo observada.
Y entonces lo notó.
Un vehículo oscuro que permanecía siempre a la misma distancia.
León también lo vio.
Su expresión cambió de inmediato.
Sujétate.
El auto aceleró.
El vehículo detrás hizo lo mismo.
La persecución comenzó sin aviso.
Gabriela sintió la adrenalina recorrer su cuerpo mientras los autos atravesaban avenidas congestionadas. Bocinas, frenazos y giros bruscos llenaron el ambiente.
¿Son ellos? preguntó.
Sí.
León tomó una calle secundaria intentando perderlos, pero otro auto apareció bloqueando parcialmente el paso.
Una trampa.
El corazón de Gabriela golpeaba con fuerza.
León giró bruscamente evitando el impacto por centímetros y aceleró hacia una vía más amplia donde los vehículos de seguridad finalmente lograron interponerse.
Tras varios minutos de tensión, los perseguidores desaparecieron entre el tráfico.
El silencio dentro del auto fue absoluto.
Gabriela respiraba agitada.
Nos estaban esperando, dijo finalmente.
León apretó el volante.
Sí.
Y entonces ambos comprendieron lo mismo al mismo tiempo.
Alguien había filtrado información.
La reunión fue cancelada inmediatamente y regresaron al departamento bajo máxima seguridad.
Esa noche el ambiente era distinto. Más pesado.
León caminaba de un lado a otro revisando nombres, llamadas y registros.
Hay alguien cercano ayudándolo, murmuró.
Gabriela sintió un escalofrío.
¿Quién?
No lo sé todavía.
El miedo más peligroso no venía del exterior.
Venía de la traición.
Horas después, agotada emocionalmente, Gabriela salió al balcón buscando aire. La ciudad brillaba bajo la noche húmeda.
León apareció detrás de ella.
Lo siento, dijo en voz baja.
¿Por qué?
Por meterte en esto.
Gabriela negó suavemente.
Deja de pedir perdón por todo.
Se giró hacia él.
Hoy tuve miedo… pero no de ellos.
León la miró confundido.
Tuve miedo de volver a perderte sin haber intentado nada.
Las palabras lo dejaron inmóvil.
Gabriela respiró profundamente.
Siempre te amé, León. Incluso cuando intenté odiarte.
El tiempo pareció detenerse.
León dio un paso hacia ella.
Yo nunca dejé de hacerlo.
Esta vez no hubo interrupciones ni dudas.
Solo verdad.
Sus manos se encontraron lentamente, como si ambos temieran que el momento desapareciera. León acarició suavemente su rostro y Gabriela cerró los ojos un instante, dejando caer todas las defensas que había construido durante años.
El beso llegó inevitable.
No fue impulsivo.
Fue profundo, contenido por demasiado tiempo.
Un reencuentro silencioso de todo lo que habían perdido.
Cuando se separaron, ambos respiraban con dificultad, conscientes de que algo había cambiado definitivamente.
Ya no podían fingir distancia.
Pero la calma duró poco.
El teléfono de León vibró con insistencia.
Respondió de inmediato.
Su rostro se tensó.
¿Estás seguro?
Escuchó unos segundos más antes de colgar.
¿Qué pasó? preguntó Gabriela.
León la miró con gravedad.
Descubrimos quién filtró nuestra ubicación.
El nombre cayó como una bomba.
Matías.
Gabriela sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Eso no puede ser cierto.
Pero dentro de ella nació una duda inevitable.
Porque los celos de Matías… habían sido demasiado evidentes.
Y si Adrián había encontrado una forma de manipularlo, todo cobraba sentido.
León tomó su chaqueta.
Tengo que confrontarlo.
Gabriela lo detuvo.
Voy contigo.
No.
Sí. Esto también me involucra.
León dudó, pero finalmente asintió.
Porque sabía algo que ya no podía negar.
Gabriela ya no era alguien a quien proteger desde lejos.
Era su compañera en la tormenta.
Y mientras salían nuevamente hacia la noche, ninguno imaginaba que aquel encuentro cambiaría todo.
Porque algunas traiciones no solo rompen la confianza.
También desatan guerras.