Una vez más Thiago (Rayo) tendrá que enfrentar a sus amigos, pero está vez su estrategia será otra,.
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El fruto de un amor del pasado.
La pasarela la abrió Aurora, presentando primero los diseños de traje de baño.
El suyo era rojo, intenso y llamativo.
Sus pasos eran largos y elegantes; dominó la pasarela al pasar frente a los Beach.
Uh… Alberto se aflojó la corbata y se sonrojó. Ella siempre ocultaba su figura bajo ropa común, pero ahora… ¡cómo que hacía un poco de calor! Pensó y miró a su sobrino. Sus hermanos también la observaron, Alberto se sintió un poco incómodo ante lo que veían.
Cuando llegó el turno de Catalina, la mujer se adueñó del lugar. Su sonrisa deslumbró a todos, mientras Diego la aplaudía con entusiasmo.
—¡Así se hace, mi reina!
Con tres hijos, Catalina demostró que la maternidad la había fortalecido. Tras el nacimiento de su pequeña Zoe, decidió no tener más y continuó con su sueño.
A un lado, Alberto estudiaba cada expresión de Diego. ¿Cómo hace para no sentir celos? se preguntó.
La tercera en salir fue una chica muy hermosa: cabello rubio oscuro, ojos color miel, maquillaje pronunciado y labios vino a juego con su traje de baño. El rostro le resultaba familiar a Alberto.
¿La conozco? Tal vez ya había modelado para su madre.
—Ella es Gala Boss —anunciaron—, aceptó el contrato de Nicole. ¿Quién rechazaría tener en su hoja de vida el nombre de una casa de moda tan prestigiosa?
Los invitados disfrutaban del espectáculo. Cada traje parecía creado con amor.
—Ya vuelvo… —dijo Alberto levantándose.
Se dirigió tras bambalinas y al entrar se topó con Jordi, mano derecha de su madre.
—Oye, ¿has visto a la nueva chica? —preguntó.
—¿Te refieres a ella? —Jordi señaló a Gala.
—No, no es ella —Alberto buscaba a Aurora con la mirada.
—Debe estar allá adentro —respondió Jordi, con ese aire refinado que lo caracterizaba.
Alberto lo agradeció y siguió hasta dar con Aurora. La encontró en el camerino, cambiándose para su próxima salida.
—Con permiso —dijo al entrar.
Ella, sorprendida, se cubrió de inmediato.
—No te escondas, ya te vi todo. Y, por cierto… también lo he probado —murmuró él.
Aurora se sonrojó.
—¿Qué haces aquí? Tu madre fue clara, no quería hombres en el camerino.
—¡Pero es mi madre! No puede prohibírmelo.
De pronto, le quitó la toalla con la que se cubría.
—Quiero que me hagas un favor.
La chica quedó sin palabras.
—Ya que has decidido esto, lucha por un contrato para pagar tus estudios. Sal ahí y dalo todo. No lo has hecho mal, pero puedes hacerlo mejor.
Aurora bajó la cabeza.
—Este empleo es para…
—Para cubrir tus estudios, solo para eso. Quita esa absurda idea. Mientras yo esté aquí, vivirás en mi casa —sentenció Alberto.
Hace un instante, miró el orgullo en el rostro de Diego al ver a Catalina. Ella había brillado en las mejores revistas, y aun así era la esposa de su hermano, la madre de sus sobrinos. Y nada de eso los había afectado. ¿Por qué no apoyar también a Aurora?
El joven levantó el mentón de la chica.
—No bajes la mirada, tienes unos ojos hermosos.
Alberto no pudo contenerse y la besó. La sensación lo hizo perder la cordura.
—Uhh… —desde la puerta Douglas carraspeó la garganta.
Alberto se estremeció, helado al escuchar a su hermano.
—Papá quiere que vuelvas a su lado —le dijo Douglas, tirando de su brazo.
Por un instante, Alberto palideció.
—No te preocupes, no se lo diré a nadie —susurró su hermano.
El secreto estaba a salvo. Douglas siempre fue su confidente.
—¡Gracias! —dijo Alberto.
Mientras se alejaban, Douglas comentó:
—Es muy hermosa, cuídala. Ella tiene una mirada inocente… ahora cuesta encontrar chicas así.
Alberto asintió; sabía que tenía razón. La mayoría de las chicas que lo rodeaban buscaban solo estatus y dinero. Pero Aurora era diferente.
De regreso a sus asientos, vieron a Gala modelar. La ovación fue fuerte, pero no mayor que la recibida por Catalina y Aurora.
Entre tanto, Gala miraba a Aurora con recelo. A Catalina ya la conocía y sabía que era una dura competencia, pero aquella otra chica…
Muy lejos de allí, Roldán Boss seguía la transmisión. Gala era su orgullo, su única hija legítima. Pero cuando vio a la última modelo, se petrificó.
No puede ser…
—Es mi hija —susurró conmovido—. La hija de mi gran amor… mi bella Aurora.
La reconoció al instante. Pero, ¿cómo pedir ayuda a Gala, si odiaba a esa hermana que jamás aceptaría?
Recordó cómo su matrimonio se había derrumbado cuando conoció a la madre de Aurora, a quien le dio una hija antes de que Imelda la alejase de su vida. Gala siempre las culpó de esa ruptura. Sin saber que el matrimonio de sus padres estaba condenado al fracaso.
—Tengo que ir a verla —decidió Roldán.
Mientras tanto, los hombres de Rayo resguardaron el evento sin sobresaltos. Todo terminó con un cóctel y un brindis por el éxito.
Alberto salió antes, acompañado de Aurora. En la mansión le entregó un paquete y se retiró a su habitación. Los mellizos y Zoe husmeaban por ahí, así que no quiso dar indicios.
Esa noche, la casa volvió a estar llena. Ninguna habitación quedó vacía: los hijos de Rayo, su ahijado y sus nietos ocupaban cada espacio. Con tanto bullicio, Alberto se encerró a repasar sus materias.
Cuando todo quedó en silencio, bajó por un vaso de agua. Pero al volver no entró en su habitación, sino en la de Aurora.
Ella dormía, hasta que la despertó con un beso. Lo que lo había llevado allí era simple: mientras estudiaba, cerraba los ojos constantemente y solo veía a Aurora brillando en la pasarela.
Cada pensamiento lo consumía, lo hacía sudar. Tenía que estar con ella. Solo así se sentía mejor, Aurora le transmite un sentimiento que aún no ha reconocido, no se explica cómo esa chica lo ha llevado a hacer cosas que jamás se atrevió, ni siquiera le ha dado un título de novia, una palabra de compromiso, o una promesa que asegure un futuro. Pero ella está ahí para él. Aunque quizás no sea para siempre.
Hola chicas, les comparto el rostro de nuestros jóvenes galanes.