Ambición, aquella palabra que, si no se tiene cuidado, puede corromper hasta la persona más santa de todas. Este era el caso de Tomas, cuyo nombre clave era Bi-han, estaba destinado a ser el próximo gran maestro de su clan; no obstante, cometió el peor pecado que lo llevó directo a la muerte: la traición a la familia.
Ahora, en el limbo de los pecadores, frente al dios del destino, este le propondrá un trato para evitar su cupo seguro en el infierno: volver al pasado y evitar los errores que lo llevaron a su muerte; sin embargo, para eso deberá salvar a la mujer divorciada que dio a luz a dos hijos de los cuales nunca supo.
Sin saber cómo fue que estuvo con la madre de sus hijos, deberá emprender un viaje no solo a la redención, sino también para proteger a aquellos que ella dio a luz y cuyas venas corría su propia sangre.
¿Podrá el villano cambiar por la divorciada?
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CAPÍTULO 23
Con cuidado, luego de pasar varios minutos sin respuesta, abrió con cuidado la puerta, encontrándose todo lúgubre. Al principio lo único que vio fue la luz de la luna filtrándose por la ventana y a alguien acostado en la cama, con las cortinas de estas desplegadas.
Según lo que tenía entendido, la marca que ella le dejó sin saber como, en el cuello de Tomás, que también fue dejada en el cuello de Félix por parte de Cedric, provocó que estos dos entraran en reclusión a causa de una extraña debilidad y padecimiento. Por lo que sintiéndose aun más culpable, se acercó a la cama con el fin de poder ayudar a Tomás, pero lo que terminó viendo a través de las cortinas la dejó roja.
—¡Anika!—Tomás pronunció su nombre con los ojos cerrados.
El hombre esta desnudo, sudando a más no poder, con la cara roja, mientras se acariciaba su entrepierna y repetía una y otra vez su nombre. Aquello dejó sorprendida Anika, no solo porque él estuviera pensando en ella mientras se autosatisfacía, sino que también porque su entrepierna era demasiado grande y gruesa. Era la primera vez que vio una así de ese tamaño.
Mientras todo eso ocurría, en el mundo espiritual, el dios del destino le permitió a Aurora ingresar a las pocas redes espacio-temporales de las cuales aun tenía dominio. No sabían como fue que los daemonios pudieron obtener tan poder, como para ir a otros mundos y otros tiempos; sin embargo, mientras estuviera con vida la falsa santa, tanto Anika como sus hijos aun no estarían a salvo del todo.
"Muéstrame la rama del tiempo de la última descendiente"
Dicho eso, el dios del destino la transportó a esa rama del tiempo, donde había una pequeña esfera la cual era un portal a otro mundo, el cual estaba en otra línea de tiempo. Aurora sabía que, si deseaba convertir a Félix en un guerrero innato y a Anika en una mujer capaz de convertirse en la santa y luchar contra la falsa santa, debía tener ayuda.
Esa ayuda empezaría con dos personas y la primera que reclutaría se encontraba en el mismo mundo donde las vidas pasadas de Anika y Félix habían fallecido, que de hecho, era descendiente directa de su madre. Aquella mujer, la última que quedaba con vida en el futuro, había sido entrenada de manera cruel desde niña, por una orden que solo la quería usar para luchar; sin embargo, al hacerse adulta, logró escapar. Ahora, lo único que se sabía de ella, era solo su nuevo nombre.
—¿Estás lista, Saya?—preguntó Aurora al abrirse el portal.
Una mujer joven, de larga cabellera, estaba enfrente de la puerta del baño, que fue el lugar donde se abrió el portal. La primera vez que se conocieron, ella le pidió que, de modo que no asustara a nadie, abriera el portal en el baño de su habitación privada, así no habría ningún problema.
—Regálame quince minutos—dijo antes de salir.
—Sabes que no tenemos tanto tiempo—reclamó Aurora.
—Yo no soy el dios que cagó todo, si quieren mi ayuda no se pongan pesados conmigo—respondió antes de salir.
Aurora suspiró, debía tener paciencia, pero le costaba con tanta presión encima. No obstante, solo Saya podía convertir a Félix en un guerrero completo, mientras ella preparaba a Anika para ser la santa. Saya, con una mirada melancólica, solía de su habitación al cuarto de la pequeña niña a la cual estaba cuidando desde hacía tres meses.
Su padre, un poderoso hechicero, estaba en plena recuperación; no obstante, se enfrentaba a una depresión muy fuerte. Sus caminos se cruzaron el día en que esta le salvó la vida, y sin saber la razón exacta, ya sea capricho u otra cosa, decidió cuidar de este y de su hija para poder entender más acerca de aquel hombre que, si bien trabajaba para la orden que tanto odiaba, era completamente distinto a los demás miembros.
—Espero que estés bien, y que tu padre también—dijo besando la frente de la pequeña, profundamente dormida.
Una vez se aseguró que la niña dormía, se aseguró que la vela aromática que encendió y ocultó aun estuviera prendida, de modo que tanto Alicia como su padre siguieran durmiendo. No quería despedidas, jamás les gustaron, era mejor irse en silencio.
—¿Quién es la segunda persona?—preguntó Saya al llegar al mundo en el que se encontraba Anika.
—Lady Serah—respondió Aurora ingresando a la mansión del conde—si hacemos que ella deje a su esposo y confiese todos los abusos, evitaremos que este se vuelva una amenaza contra los hijos de Anika.
Las dos mujeres se movían a mitad de la noche, protegidas por las sombras, hasta la habitación de la madre de cuatro hijos, de la mujer que capaz de dar su propia leche a hijos ajenos. La mujer quien, callando en secreto, estaba llorando mientras terminaban de curar las heridas de la golpiza que el conde le dio en la tarde.
No es de mi agrado, más no por eso es mala.
Estimada Autora, nada en contra de tu novela, por eso le doy un puntaje Exelente, es solo que prefiero dejar de leer, espero no te moleste mi comentario. Un cordial saludo 🫂.
lo que he leído no tiene nada de malo .