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Horizonte Sagrado

Horizonte Sagrado

Status: En proceso
Genre:Aventura / Héroes / Mitos y leyendas
Popularitas:146
Nilai: 5
nombre de autor: Proa94

el viaje de un sangre bastarda para convertirse en un héroe.

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ecos del pasado

Y así pasaron los días.

Tener a esa maga a mi lado resultaba insufrible la mayor parte del tiempo. Armia era una elfa sumamente arrogante, engreída y con una actitud protectora que no hacía más que irritarme; pero no había otra opción que hacer equipo si quería que la burocracia del gremio me permitiera avanzar.

Debo admitir que las misiones en las inmediaciones del Reino Humano resultaron ser relativamente fáciles a su lado. Dejé que ella se encargara de barrer con la magia a distancia a las criaturas inferiores —goblins, orcos y algún que otro dragón menor— mientras yo me limitaba a rematarlos con la espada cuando se acercaban demasiado.

Una noche, tras una larga jornada de marcha, acampamos en un claro del bosque a orillas del camino real. El fuego de la fogata crepitaba suavemente, dibujando sombras danzantes sobre los árboles. Me hallaba sentado sobre un tronco, limpiando con esmero el filo de mi acero, cuando sentí la mirada persistente de la elfa sobre mí.

—Quería preguntártelo desde hace días... —rompió el silencio Armia, manteniendo la vista fija en los grabados del guardamanos de mi espada—. Ese acero es indiscutiblemente de origen élfico. Al principio dudaba de tu apellido, pero si de verdad perteneces a esa casa... eres el hijo de la princesa Alura y del héroe del reino, Argon, el legendario caballero matadragones, ¿verdad?

—Sí. Así es —respondí secamente, sin levantar la cabeza de mi labor.

Armia soltó una risita amarga y sacudió la cabeza.

—Ja... Me resulta sumamente hipócrita cómo te expresas. Desprecias a los magos y nos llamas cobardes a la menor oportunidad; pero, si mal no recuerdo las crónicas de mi pueblo, la princesa Alura era una maga de Nivel Divino. Una de las más poderosas que hayan existido.

—Sí, bueno... mantengo lo que dije —sentencié, apretando el trapo contra la hoja—. Los magos son cobardes que prefieren huir de las batallas difíciles o refugiarse tras encantamientos a distancia. De nada le sirvió a mi madre poseer un poder tan devastador si, al final, su corazón roto pudo más que ella. Prefirió quitarse la vida antes que afrontar la realidad de estar sola.

La maga se quedó en silencio por un instante. La ironía en sus labios se desvaneció por completo y su expresión se suavizó con una sombra de melancolía.

—Oh... Lo siento. No sabía eso. —Hizo una pausa, mirando hacia las brazas del fuego—. En parte... es natural que sintiera un dolor inasumible. Para nuestra especie, la vida de las demás razas es efímera, sobre todo la de los humanos. Yo apenas tengo cuarenta y cinco años, y ya he visto a mucha gente que apreciaba marchitarse por el tiempo, yéndose en un parpadeo. O peor aún... como aquellos amigos que murieron en batalla a mi lado en las minas.

La miré de reojo, sorprendido por la fragilidad imprevista en su voz, pero recuperé la compostura de inmediato.

—¿Y tú, elfa? —inquirí, cambiando de tema—. ¿Qué hace alguien como tú tan lejos de los bosques sagrados?

Armia soltó un suspiro largo y se abrazó las rodillas.

—Estaba prometida en matrimonio a un noble de la Casa Sreabhán. Un acuerdo político, ya sabes. Me negué a ser el trofeo de nadie; quería escribir mi propia historia y crear mi propia leyenda. Así que escapé de noche... y heme aquí, vagando como aventurera.

Dejé escapar una leve sonrisa de soslayo.

—Parece que tenemos más en común de lo que pensamos.

—Supongo que sí... —admitió ella con una sonrisa esquiva, antes de volver a clavar sus ojos en mi arma—. Y esa espada... No es un arma común. Es la reliquia de la familia real: la Espada de las Cinco Voluntades.

—¿Ese es su nombre real? —arqueé una ceja—. Pensé que mi madre le había puesto ese nombre.

—Para nada —explicó Armia, inclinándose un poco hacia adelante con fascinación—. Es un arma legendaria que ha pasado de generación en generación entre la realeza de los altos elfos. Se dice que fue portada por el mismísimo Dios Elfo durante la era de la Divina Creación, cuando se enfrentó al Dios Demonio en los orígenes del mundo. Ha sido la gran guardiana de nuestra gente. Los antiguos relatos contaban que su portador podía blandirla de forma tan magistral que era capaz de cortar cualquier cosa en este plano... incluyendo la magia misma.

Hizo una breve pausa para observar el brillo cristalino que el fuego sacaba de mi hoja.

—La espada pasó de rey a rey hasta llegar a manos de la princesa Alura, quien debía entregársela al noble con el que estaba destinada a casarse. Sin embargo, ella escapó con el héroe humano tras aquella famosa campaña militar en la que él se ganó el respeto del Rey Elfo. Ambos desaparecieron sin dejar rastro... pero verte aquí sosteniéndola me prueba que ellos ya no están en este mundo, y que tú fuiste el fruto de esa unión.

Guardé la espada en su funda de cuero con un chasquido firme que cortó el aire de la noche.

—Sí, bueno... no es algo en lo que piense demasiado —dije, poniéndome de pie y acomodando mi capa—. Dejemos los temas personales hasta aquí, mujer. Mañana al amanecer llegaremos a la capital del reino y allí buscaremos encargos muchísimo más difíciles. Tenemos que ascender de rango rápido. No pienso estancarme en el Rango Avanzado.

Me giré hacia el camino que se perdía en la penumbra de los árboles, apretando el puño con determinación.

—Muy pronto te aseguro que todos dejarán de llamarme sangre bastarda. Mi nombre resonará en los rincones de este continente y seré conocido como el verdadero campeón tanto de los elfos como de los humanos... y de todo este mundo.

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