Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capítulo 2
...SCARLETT:...
Salí de la oficina de mi padre con la adrenalina disparada.
Si él quería una alianza, yo la obtendría, pero bajo mis propios términos.
Al llegar a mi escritorio, mi secretaria, Fabiola Jiménez, una mujer eficiente que normalmente se movía con la precisión de un reloj suizo, ya me esperaba con la agenda abierta.
— Llama a las oficinas centrales de Robles Di Bianco Tech — le ordené, dejando caer mi bolso sobre el escritorio con un golpe seco —. Dile a su secretaria, o a quien sea que maneje la agenda de ese robot, que Scarlett Padro Castello exige una cita inmediata. Hoy mismo.
Ella asintió y se retiró a su puesto.
Me senté y empecé a revisar unos correos, esperando que volviera en un par de minutos con la confirmación.
Para mi sorpresa, regresó en menos de sesenta segundos.
— Señora... — balbuceó, evitando mis ojos —. Dicen que el señor Robles Di Bianco está en una reunión de importancia crítica y que no tiene espacios disponibles en los próximos seis meses.
— ¿Seis meses? — solté una risa seca —. Vuelve a llamar. Dile que no es una petición, es una notificación de negocios. Dile que mi tiempo vale más que todo su departamento de software.
Ella salió corriendo.
El imbécil ya ha comenzado a mover sus piezas en este juego.
Era plenamente consciente de que esto iba a suceder.
Pasé mis dedos suavemente por mi rostro y dejé escapar un suspiro profundo.
Calma, Scarlett, no te dejes llevar por la frustración.
Eres capaz de superar esto; eres una princesa, una reina, una diosa.
El mundo entero está a tus pies, y vas a hacerle saber a ese arrogante quién realmente tiene el control.
Unos suaves golpes en la puerta interrumpieron mis pensamientos.
— Adelante — respondí, invitando a la persona a pasar.
Fabiola cruzó el umbral de la puerta sosteniendo una tableta en sus manos, y noté que sus dedos temblaban ligeramente.
Era evidente que estaba ansiosa por lo que iba a comunicarme.
Ya tenía la certeza de lo que iba a decir, pero decidí dejarla que hablara.
— Rechazada de nuevo, jefa — avisó con cautela —. Dicen que si es por el proyecto de los motores, pueden hablar con un analista de tercer nivel.
¿Tercer nivel?
Mi empresa superaba lo que se conocía como un tercer nivel; esas palabras fueron la gota que colmó mi paciencia.
— ¡Ese estúpido! — sentí cómo el calor me subía por el cuello —. Llama otra vez. No cuelgues hasta que te den una hora.
Fabiola asintió repetitivamente, y salió de la oficina.
Así pasamos la tarde.
Mi secretaria entraba y salía de mi oficina como una pelota de ping-pong.
"Rechazada"
“Entró a una reunión importante"
"Está en otra reunión"
"Se ha ido a almorzar"
"Está en una videollamada con algunos inversionistas"
Fueron algunas de sus palabras.
El sol empezó a caer tras los rascacielos de la ciudad y las cinco de la tarde marcaron el reloj de pared.
Siento un intenso dolor en la cabeza, como si una presión insoportable estuviera acumulándose en mi mente.
La vena en mi cuello late con fuerza, pulsando con cada latido del corazón, evidenciando el coraje que me consume en este momento.
Intento calmarme cerrando los ojos y enfocando mi mente en la respiración.
Comienzo a contar, primero hasta diez, luego me esfuerzo por llegar a cincuenta, pero aún así, la ira persiste, implacable.
Sigo contando, cada vez más, hasta alcanzar mil, pero en lugar de aliviarme, la frustración crece, como un fuego que no se extingue.
He sido víctima de su rechazo a lo largo de todo el día; cada interacción ha estado marcada por excusas absurdas y evasiones que han añadido más leña al fuego de mi enfado.
Mi secretaria entró por décima vez, pálida y con el teléfono en la mano.
— Jefa... acaban de decir que la agenda del señor Robles Di Bianco está cerrada por hoy y que... bueno, que deje de saturar sus líneas.
El silencio que siguió fue sepulcral.
Primero, solté una carcajada histérica que retumbó en las paredes de cristal.
Me reí porque era absurdo, porque nadie me decía que no diez veces seguidas.
Pero la risa se transformó rápidamente en un grito que debió escucharse hasta en la planta baja.
— ¡Imbécil! ¡Arrogante! ¡¿Pero qué se cree este tipo?! — grité, golpeando la mesa con las palmas de mis manos mientras mi secretaria retrocedía hacia la puerta —. ¡¿Se cree que tengo que rogarle?! ¡Estirado, rata asquerosa, pedazo de basura! ¡Nadie le cuelga el teléfono a Scarlett Padro Castello y vive para contarlo!
Me puse de pie, sintiendo que los ojos me echaban chispas.
Si Rodrigo Robles Di Bianco creía que podía ignorarme desde su torre de marfil tecnológica, estaba a punto de aprender que yo no solo sé disparar con la mirada; también sé cómo derribar puertas.
— Cancela mis citas de mañana a primera hora — le dije a mi secretaria, mientras recogía mis llaves con manos temblorosas por la furia —. Si el ratón no quiere salir de su agujero, la gata va a ir a buscarlo personalmente. Y que Dios lo ayude cuando me tenga enfrente.
Fabiola se apartó de mi camino de manera tan abrupta como si se hubiera encontrado cara a cara con el mismo diablo.
Continué mi recorrido por el pasillo, sintiendo cómo la ira recorría mis venas como fuego ardiente, dispuesta a demostrarle a ese maldito las consecuencias de atreverse a cruzarse en mi camino.
Pues quien se ceee este 🤭