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La Leyenda De Huang Yi : La Vice-generala Inquebrantable.

La Leyenda De Huang Yi : La Vice-generala Inquebrantable.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Reencarnación
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

En un mundo dominado por hombres, la legendaria maestra de artes marciales Mei Ling reencarna como un joven en la antigua Dinastía del Dragón. Ocultando su verdadera identidad femenina y su vasta experiencia, Mei Ling, ahora Huang Yi, debe navegar en una sociedad machista mientras se enfrenta a un carismático y sarcástico General, librando batallas internas y externas para sobrevivir, honrar a su familia y forjar un camino hacia la igualdad, todo mientras guarda un secreto que podría costarle la vida.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sombras en la Montaña

La noche en la montaña era fría y silenciosa, rota solo por el suave crujir de las hojas y el viento que se colaba entre las grietas de la roca. Nos habíamos refugiado en una cueva oculta, protegida por la espesura del bosque, creyendo que allí estaríamos a salvo por unos días. El General Feng Shang, con su mente aún confundida y reducida a la inocencia de un niño, jugaba con unas piedras lisas que había recogido, ajeno por completo al peligro que habíamos dejado atrás y al que, sin saberlo, se acercaba sigilosamente.

—Yi, mira qué bonita es esta piedra —decía, acercándola con una sonrisa radiante, como si fuera el tesoro más valioso del mundo—. Es del color de tus ojos. ¿Te gusta? Te la regalo.

Suspiré con una mezcla de ternura y exasperación, aceptando el regalo con una sonrisa leve. —Sí, es muy bonita. Guárdala con cuidado.

Pero esa calma duró poco. De repente, el silencio se rompió con el sonido de pasos apresurados y voces ásperas que se acercaban desde el sendero. Un grupo de bandidos, atraídos por el humo de nuestra pequeña hoguera y la esperanza de encontrar botín, rodeó la entrada de la cueva. Eran una docena de hombres, armados con hachas, cuchillos y garrotes, de aspecto rudo y violento, acostumbrados a saquear a los viajeros indefensos.

—¡Salgan de ahí! —gritó el líder, con una voz que resonó como un trueno—. Entreguen todo lo que tengan y quizás les perdonemos la vida.

El General se asustó, se agachó detrás de mí y me agarró de la ropa con fuerza, temblando ligeramente. —Yi... ¿quiénes son? ¿Tienen malas intenciones? Tengo miedo... —susurró, escondiendo el rostro en mi espalda como un niño pequeño que busca protección en su madre.

Me puse de pie lentamente, colocándome entre él y la entrada de la cueva. Mi postura cambió por completo: la suavidad desapareció, dando paso a una firmeza imponente. Mis ojos se entrecerraron, llenos de una determinación acerada. Saqué de mi cinturón una espada corta y ligera, bien equilibrada, y adopté una posición de combate.

—No se acerquen —advertí, mi voz resonando con una autoridad que heló la sangre—. No tienen nada que hacer aquí. Vuelvan por donde vinieron y saldrán ilesos.

Los bandidos soltaron carcajadas burlonas. —¿Una mujer sola va a detenernos? ¡Qué gracioso! —dijo uno de ellos, avanzando con su hacha en alto—. Agarrémosla, y veremos qué valor tiene.

No esperé a que atacaran primero. Con un movimiento fluido y rápido, como una pantera en su hábitat, salí al encuentro. Mi cuerpo se movía con una agilidad sobrehumana, heredada de mi vida anterior y perfeccionada durante años de entrenamiento. Esquivé el primer golpe de hacha con un leve giro de cintura, y con la empuñadura de mi arma golpeé con precisión el costado de su cuello, dejándolo inconsciente al instante. Otro se lanzó contra mí por la espalda, pero giré en el aire, dando una patada giratoria que lo envió rodando varios metros por el suelo.

Mis movimientos eran una danza mortal: cada estocada era calculada, cada bloqueo era firme, cada contraataque era certero. No buscaba matar innecesariamente, pero tampoco daba tregua. Mi destreza deslumbró incluso a los más valientes entre ellos. Parecía tener ojos en la espalda, anticipando cada movimiento, superando su fuerza bruta con técnica y velocidad. El General, desde el interior de la cueva, miraba con la boca abierta, olvidando su miedo por un instante, fascinado por la figura imponente y feroz que era su compañera.

—¡Wow! —exclamó entre asombro y alegría, como si estuviera viendo un espectáculo divertido—. ¡Yi es muy fuerte! ¡Yi es genial! ¡Golpéalos fuerte!

En cuestión de minutos, todos los bandidos yacían en el suelo, aturdidos, heridos o incapaces de moverse. Me quedé de pie, con la espada en la mano, la respiración apenas acelerada, mirándolos con desprecio. —Lárguense antes de que cambie de opinión —ordené.

Los hombres se arrastraron y huyeron despavoridos, convencidos de que se habían encontrado con una guerrera demoníaca.

Volví junto al General, que me miraba con ojos brillantes de admiración. —¿Ya se fueron? —preguntó, acercándose y abrazándome la cintura con fuerza—. Yi es mi heroína. Tengo hambre. ¿Podemos comer pan?

Solté una risa suave, guardando mi arma. —Sí, podemos comer, pero primero debemos irnos de aquí. No es seguro quedarse.

Me agaché, dándole la espalda. —Vamos, súbete. Te llevaré.

Él parpadeó, confundido. —¿Súbeme? ¿Como a un niño?

—Exacto. Súbete rápido.

Sin dudarlo, se abrazó a mi cuello y levantó las piernas para rodear mi cintura. Era un hombre de complexión fuerte y estatura imponente, pero gracias a mi entrenamiento y a la fuerza que había desarrollado, lo sostuve con soltura, como si su peso fuera mucho menor. Comencé a caminar por el sendero, avanzando con paso firme y seguro.

Mientras caminábamos, mi mente no dejaba de dar vueltas a los secretos que pesaban sobre nosotros. Lo que pocos sabían —y que yo misma había descubierto recientemente gracias a las investigaciones de los hombres leales— era que el General Feng Shang no era un simple comandante. Era el hermano menor del actual emperador y, por derecho de nacimiento y sucesión, el verdadero heredero legítimo al trono. Sin embargo, por su propia voluntad y por amor a la paz, había renunciado a sus derechos para dedicarse al ejército, dejando el poder en manos de su hermano. Pero esa verdad era precisamente lo que lo ponía en peligro: su existencia era una amenaza constante para quienes querían consolidar su poder.

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Gabriela Herrera
cierto con eso lo eliminaba por completo 😂
Maria Del Carmen Alfonso
muy muy hermosa la novela muchas felicitaciones👏👏🥰
Aleida Delgado Santana: Gracias a usted.
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santiago bock herrera
Huy gatita salvaje estas en problemas
santiago bock herrera
No hay enemigo pequeño
santiago bock herrera
🥰🤣🥰🤣
santiago bock herrera
Y las agujas venenosas donde estan
Aleida Delgado Santana: Se le olvidaron, era un momento de tension.
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santiago bock herrera
, buenísima esta la novela
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Paola Cordero
Porfa porfa autora no se demore tanto en actualizar esta hermosas historia esta que 🔥🔥🔥🔥🔥
Paola Cordero: Ayy si porfa las otras dos que ya estoy leyendo están muy yyyy buenas tambien
total 2 replies
Danita 🥰
Está buena la novela 👍
Aleida Delgado Santana: Gracias.
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