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Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Aventura / Apocalipsis / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: May_Her

En un mundo devastado por una pandemia que acabó con la civilización, Jimena, una enfermera que aún carga con el duelo por la pérdida de su pareja, sobrevive en soledad en la periferia de una ciudad en ruinas. Su existencia se limita a cuidar de un pequeño grupo de marginados: un anciano con una herida incurable, una mujer que ha perdido la razón por el dolor, y una niña salvaje que vive escondida.

Su monótona y silenciosa rutina se rompe cuando Iván, un joven mensajero, llega para pedir su ayuda. En ese momento conoce a Mateo, la persona que hará que todo en su mundo cambie.

NovelToon tiene autorización de May_Her para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Las semanas siguientes a la tormenta fueron de reconstrucción. Jimena se sorprendió de lo rápido que la gente del mercado se organizaba: en tres días levantaron nuevas chabolas con la madera que habían rescatado de los derrumbes, en una semana los huertos estaban replantados; en dos, las marcas de la inundación apenas eran visibles. Era una eficiencia que hablaba de años de práctica, de pérdidas que habían enseñado a no detenerse en el duelo.

Jimena se había instalado en la enfermería como si hubiera estado allí siempre. Cada mañana revisaba a los niños, ajustaba las dosis, enseñaba a Carmen a reconocer los signos de peligro. Lucía fue la primera en salir de la cama. Una mañana, cuando Jimena entró con las medicinas, la encontró de pie, apoyada en la pared, con una determinación que contrastaba con su delgadez.

—¿Qué haces, pequeña? —preguntó Jimena, dejando la bandeja en la mesa.

—Quiero andar.

—Todavía no, cariño. Tienes que recuperarte.

—Pero Ana anda. Y los mellizos. Yo no quiero ser la única que no anda.

Jimena se arrodilló a su lado. La niña tenía los ojos fijos en ella, con una mezcla de terquedad y miedo.

—Andarás cuando estés fuerte. Pero si te caes ahora, te harás daño y tardarás más en recuperarte. ¿Entiendes?

Lucía asintió, pero no apartó la mirada.

—¿Te vas a ir? —preguntó de repente.

—¿Adónde?

—A tu casa. Donde estabas antes. La gente dice que no eres de aquí.

Jimena sintió que las palabras le daban en el centro del pecho. Se sentó en el suelo, a la altura de la niña, y le tomó las manos.

—Por ahora me quedo aquí. Contigo, con los otros niños.

—¿Y luego?

—No lo sé, pero no me iré sin despedirme, te lo prometo.

Lucía pareció satisfecha. Dejó que Jimena la ayudara a volver a la cama y se acurrucó bajo las mantas, con los ojos cerrados.

—Jimena —dijo antes de dormirse.

—Dime.

—Mateo dice que eres buena. Que te quedaste porque querías, no porque te obligaran.

—Así es.

—Entonces no te vayas, por favor.

Jimena no respondió. Se quedó un momento más, mirando a la niña dormir, y luego salió al pasillo con el corazón apretado.

Mateo la estaba esperando en la puerta, con los brazos cruzados. Llevaba una camisa de franela remangada hasta los codos, y en las manos tenía restos de tierra del huerto donde había estado trabajando.

—Te he oído —dijo.

—No es culpa tuya. La gente habla.

—¿Y tú? ¿Qué piensas?

—No lo sé. Todavía.

—Pero no te has ido.

—No.

Él dio un paso hacia ella, y por un instante Jimena pensó que iba a besarla, pero se detuvo a medio camino, como si algo se lo impidiera.

—Esta tarde hay reunión del consejo —dijo—. Quiero que vengas.

—¿Para qué? No soy del mercado.

—Lo eres, desde que decidiste quedarte.

—Aún no he decidido.

Mateo sonrió y esa sonrisa le cambió el rostro por completo.

—Pues yo creo que sí, pero ven de todas formas. Quiero que conozcas a la gente que toma las decisiones y quiero que ellos te conozcan a ti.

La reunión del consejo se celebró en la antigua oficina del gerente, la misma habitación que Mateo había asignado a Jimena cuando llegó. Ahora la mesa de metal estaba cubierta con un mapa de la ciudad marcado con anotaciones, y alrededor se sentaban ocho hombres y cuatro mujeres. Jimena reconoció a algunos: Ramiro, Silvia la contable, Esteban el corpulento que siempre la miraba con desconfianza. Carmen estaba allí también, como representante de las familias con niños.

Mateo ocupaba la cabecera, con Jimena a su derecha.

—Gracias por venir —dijo cuando todos estuvieron sentados—. He pedido esta reunión por dos razones. La primera, presentarles a Jimena. Como saben, ha estado cuidando de nuestros niños enfermos y ha conseguido salvar a todos. Sin ella, Lucía, Ana, los mellizos y el pequeño Mateo no estarían aquí.

Silvia asintió con una sonrisa amable. Esteban se limitó a cruzar los brazos.

—La segunda razón —continuó Mateo— es más grave. Nuestros exploradores han confirmado que los Cazadores se están reagrupando al sur y Darío, desde que lo expulsamos, se ha unido a ellos.

El murmullo recorrió la mesa. Jimena observó los rostros: algunos mostraban miedo, otros rabia, otros una resignación cansada.

—Sabíamos que pasaría —dijo Ramiro—. Darío no iba a aceptar la expulsión sin más.

—¿Y qué propones? —preguntó Esteban, con los brazos cruzados—. ¿Ir a por ellos antes de que ellos vengan a por nosotros?

—No —respondió Mateo con calma—. Propongo reforzar las defensas, aumentar la vigilancia y buscar alianzas. Ulises, del polígono, ya ha aceptado reunirse conmigo para hablar de una posible colaboración.

—¿Ulises? —Esteban soltó una risa seca—. Ese hombre no se fía de nosotros y nosotros tampoco deberíamos fiarnos de él.

—No se trata de confianza —intervino Silvia—. Se trata de supervivencia. Si los Cazadores nos atacan por separado, nos acabarán. Juntos, tenemos posibilidades.

—¿Y qué sabe ella de todo esto? —Esteban señaló a Jimena con la barbilla—. Es nueva aquí. No ha luchado con nosotros, no ha sangrado por este mercado. ¿Por qué tiene voz?

Jimena sintió todas las miradas sobre ella. Mateo iba a hablar, pero ella se adelantó.

—No tengo voz —dijo—. Y no la quiero. Vine aquí a curar niños, no a hacer política. Pero si me preguntáis qué opino, os diré que he visto cómo mueren los que no se unen. En el hospital, cuando empezó la pandemia, cada médico, cada enfermera, cada departamento luchaba por su cuenta. Y todos morimos. Los que sobrevivieron fueron los que se unieron, los que compartieron recursos, los que se ayudaron.

—Eso fue entonces —dijo Esteban—. Ahora es diferente.

—No. Es exactamente igual. Solo que ahora los enfermos son los Cazadores, y los recursos son las armas y las defensas. Pero la lección es la misma: solos, morimos. Juntos, sobrevivimos.

Hubo un silencio. Luego Silvia asintió lentamente.

—Tiene razón.

—No se trata de quién tiene razón —dijo Mateo—. Se trata de qué vamos a hacer. Voto a favor de buscar la alianza con Ulises. ¿Alguien más?

1
Lauu Maii
Fue diferente, sí, pero valió la pena leerla.
Laura
Gracias por el capítulo
Holw_23
gracias por las imágenes /Tongue/
Holw_23
Puedes agregar imágenes de los personajes autora /Shy/
💠May_Her💠: Ya se están publicando unos capítulos, mañana si puedo agregarlas por allí del capítulo 12
total 1 replies
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
Holw_23
Gracias por el capítulo
Angeline
Más capítulos por favor
Angeline
Hasta ahora siento que está bien
Angeline
espero atenta lad próximas actualizaciones 🤭
Angeline
Bueno, empecemos, espero terminen de actualizar rápido
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