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El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Viaje a un mundo de fantasía / Amor-odio / Amor eterno / Viaje En El Tiempo / Amantes del rey
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: La sombra del tiempo

El día de la Gran Coronación, Hanyang amaneció bajo un cielo de un azul tan intenso que parecía pintado por los dioses. El aire era gélido, pero el fervor que emanaba de la ciudad era suficiente para derretir la nieve de los tejados. Yo estaba de pie frente al gran espejo de bronce, mi imagen ya no era la de la asustada estudiante que cayó en el jardín de un tirano. Vestía el jeokui, el traje ceremonial más sagrado de las reinas de Joseon, una seda azul profundo bordada con faisanes de hilos de oro y nubes carmesí que pesaba casi tanto como la responsabilidad que estaba a punto de asumir.

Mis doncellas, encabezadas por Soo-bin y Me-hui, trabajaban en silencio, colocando los pesados ornamentos de jade y oro en mi peinado. Sus ojos brillaban de emoción; para ellas, yo era el símbolo de que el viejo orden, el de la sangre y el miedo, estaba dando paso a algo nuevo.

—Majestad, estáis radiante —susurró Soo-bin, ajustando la última horquilla—. El pueblo dice que el sol brilla hoy solo para ver vuestro ascenso.

—El sol brilla porque el Rey así lo ha ordenado —respondí con una pequeña sonrisa, aunque mis manos temblaban ligeramente bajo las mangas de seda—. Solo espero estar a la altura de lo que él espera de mí.

El camino hacia el Salón del Trono estaba flanqueado por miles de soldados de la guardia real. Sus armaduras relucían bajo el sol de invierno, y el estrépito de sus lanzas al cuadrarse al verme pasar era como el trueno de una tormenta que finalmente encontraba su cauce. Youngjae me esperaba en lo alto de las escaleras de mármol. No vestía su armadura de guerra, sino el traje real de dragón rojo, con la corona de hilos de oro que lo marcaba como el hijo del cielo.

Al verme subir, Youngjae rompió todo protocolo. Dio tres pasos hacia abajo para encontrarme a mitad de camino, ofreciéndome su mano enguantada. El murmullo de los ministros presentes fue como el siseo de una serpiente, pero él los ignoró con una arrogancia que me hizo quererlo aún más.

—Estás aquí —susurró, su voz cargada de una devoción que el mundo entero pudo presenciar—. Dijiste que la historia decía que yo moría solo. Hoy, la historia tendrá que escribir un capítulo nuevo: el día en que el Rey encontró su alma.

Caminamos juntos, de la mano, hacia los tronos gemelos. El ritual fue largo, lleno de incienso, cánticos antiguos y reverencias que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Pero yo no escuchaba las oraciones de los monjes budistas ni los discursos de los ministros. Solo sentía la mano de Youngjae apretando la mía, recordándome que esto era real, que el sacrificio de mi mundo por el suyo estaba sellado.

Cuando finalmente me colocaron la corona de Reina, el rugido del pueblo afuera de las murallas fue ensordecedor. "¡VIVA LA REINA YOONA! ¡VIVA LA MADRE DE JOSEON!", gritaban. Youngjae se levantó y me instó a hacer lo mismo. Nos asomamos al balcón principal, dominando la gran plaza. Por un momento, el erotismo y el poder se fundieron; él me rodeó la cintura con el brazo frente a todos, reclamándome no solo como su consorte, sino como su igual.

Mientras saludábamos a la masa humana que celebraba nuestra unión, mis ojos empezaron a vagar por la multitud de nobles y funcionarios extranjeros. Buscaba rostros amigos, buscaba aprobación, pero encontré algo que me heló la sangre más que el frío de enero.

En el extremo del patio, cerca de la delegación de mercaderes del este, había un hombre. No vestía las sedas de Joseon ni las túnicas de los emisarios chinos. Llevaba una gabardina oscura, un estilo que no pertenecía a este siglo, y sostenía un objeto pequeño en su mano que capturaba la luz del sol de una forma demasiado familiar.

Me quedé paralizada. Mis pulmones se negaron a inhalar. Aquel hombre levantó la vista y nuestras miradas se cruzaron a través de la distancia. No era un coreano de la dinastía. Era alguien que yo conocía.

—¿Yoona? ¿Qué ocurre? —preguntó Youngjae, sintiendo cómo mi cuerpo se tensaba bajo su brazo.

No podía responder. Mis labios se movieron sin sonido. Aquel hombre no era otro que el Dr. Kim, mi mentor en la excavación arqueológica del siglo XXI. El hombre que me vio desaparecer en la luz esmeralda del espejo. Me miró con una expresión de advertencia absoluta y, con un movimiento rápido de sus labios que yo pude leer perfectamente gracias a años de trabajar juntos, dijo:

"No deberías haber destruido el espejo, Yoona. El tiempo no perdona la traición."

Un escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies. El Dr. Kim guardó el objeto —que parecía un cronómetro moderno— en su bolsillo y se desvaneció entre la multitud antes de que yo pudiera señalarlo.

La celebración continuó, pero para mí, el mundo se había vuelto borroso. Youngjae me guió de vuelta a nuestros aposentos cuando el sol empezaba a ponerse. Él estaba radiante, ebrio de poder y de amor, pero notó mi palidez. Al cerrar la puerta y quedar finalmente a solas, me tomó en sus brazos con una urgencia que buscaba reconfortarme.

—Estás temblando, mi Reina —dijo, su boca buscando mi cuello mientras sus manos desataban las pesadas cintas de mi corona—. ¿Es el cansancio o el peso de la corona?

—Vi a alguien, Youngjae —susurré, mis manos aferrándose a su túnica real—. Alguien de mi mundo. Alguien que no debería estar aquí.

Youngjae se detuvo, su rostro tornándose severo. Me tomó por los hombros, obligándome a mirarlo.

—Dijiste que el espejo estaba destruido. Dijiste que el camino estaba cerrado.

—Lo está… o eso creía. Pero él estaba allí. Me advirtió sobre la "traición al tiempo".

El Rey de Sangre me miró con una mezcla de furia protectora y miedo. No miedo por él, sino miedo a que el universo decidiera reclamar lo que él ya consideraba suyo. Me tomó de la cintura y me atrajo hacia su cuerpo con una fuerza que me hizo soltar un quejido. El erotismo siempre era su respuesta al peligro; quería poseerme para asegurarse de que yo seguía siendo carne y hueso, no un espectro que pudiera desvanecerse.

—Si ese hombre intenta tocarte, o si el tiempo mismo intenta arrebatarte de mi lado, juro que degollaré a cada dios que se interponga —gruñó él, su boca descendiendo hacia mi pecho con una pasión que rozaba la desesperación—. No te vas a ir, Yoona. Eres mi Reina. Eres mi sangre.

Me llevó hacia el lecho de seda roja, despojándome del traje de coronación con una urgencia que era romántica y salvaje a la vez. En medio de las sombras del dormitorio real, mientras Youngjae me tomaba con una intensidad que buscaba anclarme a este siglo para siempre, yo solo podía pensar en los ojos del Dr. Kim.

¿Cómo era posible que él estuviera aquí? ¿Acaso el espejo no era la única puerta?

En el momento culminante de nuestra pasión, mientras Youngjae gritaba mi nombre y yo me arqueaba bajo su cuerpo, sentí una vibración familiar en el aire. No era el placer. Era el mismo zumbido que escuché antes de caer en el pasado.

Miré hacia la esquina de la habitación. Allí, flotando en la penumbra, había un pequeño fragmento del espejo de bronce que yo creía haber pulverizado. Brillaba con una luz esmeralda cada vez más fuerte.

El Dr. Kim tenía razón. El tiempo no olvida. Y mi historia con el Rey de Sangre acababa de volverse mucho más peligrosa.

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Gianna Viteri
ATENCIÓN, LECTORES… 🔥

Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.

Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.

Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.

Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?

👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.

— GIA 💞
DAISY VARGAS
jodeeerrr si siguen a si en menos de un mes estará embarazada son como conejos 🤣🤣🤣
Gianna Viteri: 👀 ¿Crees que sobrevivirá lo suficiente para eso?”
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
espectacular capitulo, pero actualice más seguido
Gianna Viteri: Ahhh gracias 😭🖤 lo prometo… pero te advierto, lo que viene se pone MUCHO más intenso 👀🔥 ¿estás lista para lo que el rey va a hacer?”
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Maria Liendo
más capítulos por favor la novela es excelente
Gianna Viteri: GRACIAS 😭✨ comentarios así me motivan demasiado… y créeme, los próximos capítulos van a doler rico 💔😈”
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Vivi Márquez Alarcón
siguiente capítulo por favor 😭😭😭
Gianna Viteri: JAJAJA 😭 ya séee, los dejé en lo peor… pero dime:
¿tú confiarías en el rey… o ya sospechas de él? 👀🩸
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
Autora no me deje con la intriga quiero más capitulos 🥰
Gianna Viteri: Ay nooo 😭🥺 me encanta que estés así de atrapada… pero te aviso:
esa intriga solo va a empeorar 😈🔥
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