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La Última Mujer Vampiro

La Última Mujer Vampiro

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Dominación / Amor prohibido / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Edgar Romero

Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.

NovelToon tiene autorización de Edgar Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Tatiana se había enamorado de un futbolista inglés, un tal Clarence Ball. Me enviaba millones de selfies de ellos juntos, brindándose su amor, entusiasmados y acaramelados. Ella iba a todos los partidos de su club,  enfundada en la camiseta del equipo,  con el nombre Ball impreso en la espalda y la carita pintada de colores. Me daba risa. Ella es tan idéntica a mí, que me parecía verme en las tribunas del estadio de Wembley gritando hecha una loca los goles del susodicho Clarence.

   -Los futbolistas viajan mucho, no verás tanto a Clarence-, le advertí cuando hicimos video conferencia en mi oficina en la comandancia. Es lo que yo sabía.  A mí no me gusta el fútbol pero a Tati le chifla eso de hacer goles, piruetas en la cancha y darse de patadas unos con otros. Así lo conoció a Clarence. A él le impactó verla tan hermosa y bien despachada que no dudó en hacerle la corte y enamorarla.

   -Siempre tenemos tiempo para nosotros aunque los paparazzi lo persiguen por todo sitio-, aceptó ella. El problema con Tati es muy reservada. A mí me encantan demasiado los hombres por mi condición de vampiro, ansiosa siempre de sexo y sangre. Ella, mi hermana, es cien por ciento humana y es tímida, de perfil bajo y prefiere dedicarse a culminar sus estudios de derecho y ayudar a mamá en su corporación, sin embargo el tal Clarence  la deslumbró y ahora eran novios. Ball era recién el segundo enamorado de mi hermana gemela y ¡¡¡yo ha había tenido casi diez novios!!!

   -¿Qué dice mamá de Clarence?-, me interesé. Ya les digo que Tati es mi cómplice en todo. ¡¡¡La adoro a esa mujer!!!

   -Ya conoces a mamá, dice que es mal partido, que mejor me enamore de un jeque dueño de cincuenta mil pozos petroleros-, estalló en risas mi hermanita gemela.

  Eso era cierto. No he conocido persona más interesada y mercantilista que mi madre. Por eso siempre me pregunto qué le vio mamá a papá. Mi padre era un músico muy discreto, desconocido, oscuro y falto de ritmo, pero ella quedó completamente prendada de él apenas lo conoció. A veces pienso que siendo vampiro mi padre ejerció un poder absoluto sobre mamá, hasta convertirla en su esposa y la madre de sus dos hijas. Papá nunca mordió a mamá. La respetó, veneró e idolatró siempre y por eso prefería hacer sus orgías con sus amigotes vampiros con mujerzuelas que contrataba en esquinas y clubes nocturnas hasta que la sangre corrompida por las drogas terminó por matar a todos esos seres amantes de morder los cuellos.

   -Mejor no te apresures y trata de conocerlo bien, en el internet dicen que Ball es mujeriego y que se le ha visto frecuentando a actrices y modelos oportunistas-, le recordé. En mi laptop estaba toda la información de ese sujeto.

   -Bueno, yo soy la hija de la mujer más rica del mundo ¿no?-, reía Tatiana, siempre tan inocente y tonta, como yo, je je je.

   Justo ocurrió otro crimen en el muelle. Tuve que colgarle a mi hermana no sin antes reiterarle que tenga cuidado y que me mantenga informada de su romance con Ball. -A la orden, mi capitana-, me dijo Tati haciendo el saludo marcial de estilo. -Idiota-, le dije riéndome.

   Shatner ya estaba en el lugar de los hechos. Había acordonado todo el sector y ya se amontonaban cerca numerosos curiosos y periodistas. A un tipo lo habían matado a arponazos en alta mar y estaba varado en la playa.

    -Se dedicaba a la pesca artesanal. Le dieron seis arponazos-, me detalló Shatner mientras yo me ponía los guantes quirúrgicos para examinar al finado.

   El sujeto estaba bañado en sangre. Las heridas eran enormes por las lanzas esas que se usan para atrapar peces grandotes. El tipo seguía sangrando y de repente ¡pum! me dieron ganas de beberme su sangre porque brotaba a borbotones. ¡¡¡Qué desperdicio!!! Mis piernas se doblaban como alambres, mi corazón hacía bum bum bum entre mis senos, pasaba la lengua por mis labios y golpeaba mis rodillas. Me puse de cuclillas junto al muerto y tuve la osadía de pasar un dedo por su sangre y probarla. Hummmmmm cerré los ojos, qué exquisita estaba.

   -¿Pasa algo capitana?-, se extrañó Shatner viéndome eclipsada por la sangre de ese pobre hombre.

   -Es reciente, esto ha ocurrido hace una hora-, dije turbada, riéndome coqueta.

   El capitán Hugh Richards es el jefe de homicidios y se apareció de repente para hacerse cargo de las investigaciones. ¡¡¡¡Uffffff!!! qué delicioso es ese hombre. Estoy perdidamente enamorada de él, ansío que me haga el amor y mis deseos de morderle el cuello me son una agonía. Guapo, alto, lindo, fornido, elegante, pulcro, muy serio, con su frente amplia y la barbita incipiente, ay, ¡¡¡hazme el amor, papito!!! ruego yo una y otra vez apenas lo veo aparecer tan majestuoso como un general romano en su calesa dorada.

   -¿Qué tenemos por aquí, capitana?-, me dijo Hugh y ese vozarrón me despeinó por completo. Si no me caí al suelo de espaldas fue porque Shatner me sostuvo, je je je.

   -Un pescador, capitán, muerto a arponazos-, le conté.

   Richards era elegante en todos sus movimientos, parecía un cirujano en acción. Yo me derretía como a una barra de mantequilla viéndolo tan preciso y matemático en lo que hacía. -¿Qué barcos usan arpones?-, chasqueó él la boca.

    -Los atuneros ¿no?-, acepté.

    -Quiero una lista de los pescadores que compartían las faenas con este tipo,  y que detengan a los que tienen arpones en sus bolicheras, todos son sospechosos del crimen-, me pidió. Yo le abanicaba los ojos hecha una boba. -Lo que ordenes, papito-, me decía yo eclipsada a tanta belleza varonil que lucía Hugh.

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