Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Decisiones
Camila llevaba dos semanas quedándose entre la habitación de Saulito y la habitación de la torre. Después del tremendo susto de aquella horrible noche. No volvió a dormir en la alcoba de la difunta Amalia. Hacía lo siguiente. Cuando caía la noche esperaba despierta a que llegara Saulito, después fingía dormir. Desde que su primo respiraba acompasadamente ella se levantaba procurando no hacer ningún ruido y salía de allí e iba a cualquiera de los dos lugares para descansar sin sobresaltos. Sabía que esto era una solución temporal por lo menos hasta que convenciera a su tío de que le dejara ir al Marquesado Santa Cruz. Por algún motivo que desconocía, Saulo se negaba a dejarla acompañar a sus amigos.
Kai y Lucía no comprendían tampoco. El Consorte Real siempre los había tratado bien y era amigo de su madre. Lo que pensaban es que como Camila era su sobrina y él estaba a cargo de su seguridad fuera ese el motivo a la negativa. No podían estar más equivocados. Era cierto que Saulo y la Marquesa Melody, la madre de los chicos eran amigos, pero con su padre el Marqués Claudio la historia era diferente. Una vieja cuenta pendiente entre ellos hacía que guardaran prudente distancia y aunque los años habían pasado Saulo nunca fue cercano a Claudio, ni cuando se casó con su amiga. La había felicitado con dudas e incluso le ofreció su ayuda por si algún día las cosas en su matrimonio dejaban de hacerla feliz, pero eso no sucedió. Después nacieron sus hijos y la chica cada día estaba más radiante de felicidad. Claudio resultó ser un esposo modelo y un excelente padre de familia.
Ahora Camila le había pedido ir a la casa de ese hombre. Se había negado tajantemente claro. Esto decepcionó a los chicos. ¿Qué culpa tenían los pobres de los pecados del padre? Finalmente lo habló con Gabriel y habían tomado una decisión. Hizo traer a su sobrina. La chica vino al instante. Saulo pensó que esta chiquilla era tan bonita como su hermana Sol, pero había heredado también cosas de Cael y el resultado era una jovencita deslumbrante con un porte de Reina 👑 y un espíritu indomable. No era grosera, simplemente hacía lo que se le pegaba la gana. Era de esas muchachas como su querida amiga la Duquesa Amarilis. Curiosa y atrevida. En ella la sangre azul que corría por sus venas se manifestaba con una fuerza insólita. Con catorce años ya prometía ser la mujer más hermosa de Castela. Cael tendría más de un dolor de cabeza en el futuro. Se compadeció de su pobre cuñado por lo que le esperaba. Dejó sus pensamientos a un lado pues su sobrina acababa de entrar a su despacho.
- Buenos días tío. ¿Me mandó llamar?
- Sí. He tomado una decisión. Permitiré que vayas al marquesado Santa Cruz con tus amigos, pero con una condición.
-¿Cuál? - dijo ansiosa.
- No se irán hasta después del cumpleaños del Príncipe. Todos deben asistir. Saulito te ha tomado mucho cariño. Le romperías el corazón si te fueras antes y no asistieras.
- Comprendo. Gracias tío. No se preocupe allí estaremos los tres.
- Ahora vamos a lo práctico. ¿Necesitas un nuevo vestido o dinero para comprar el regalo?
- No necesito ropa. Madre me empacó demasiada y en cuanto al regalo para Saulito no necesito dinero, pero sí que me ayudes a escogerlo.
- Está bien.
- Puedo retirarme.
- Sí. - Afirmó ella. Saulo la vio marcharse más que feliz. La sintió aliviada por su permiso. Bueno, los adolescentes eran raros. No le dio más vueltas al asunto y se concentró en su trabajo.
Mientras tanto Camila se contenía para no dar saltos de alegría. Dios por fin iba a poder dormir bien. Lejos de su espeluznante primo y esa macabra habitación. Ese chico tenía algo tenebroso. Hoy tenía una oportunidad única. Iría a recoger la esmeralda. Saulito no estaba en el Palacio. Había ido con Gabriel a la Frontera Sur a la boda de un Duque muy influyente. Esto era un verdadero alivio para ella. No regresarían hasta después de una semana antes del cumpleaños del niño. Como era sábado no tenía que ir a la Academia y sin la sombra del palacio tras sus pies el camino estaba libre. Ya paseaba por los jardines. Hacía como que disfrutaba de un paseo agradable, poco a poco fue alejándose hacia la antigua glorieta.
Solo faltaba un detallito. Tenía que deshacerse de la doncella. Se sentó en el precioso lugar y le pidió que le trajera un té y refrigerios. Sacó un cuaderno y se hizo la que se disponía a dibujar el paisaje. La doncella no había acabado de desaparecer para cumplir lo solicitado por la señorita, cuando esta se paró precipitadamente y corrió hacia el veterano árbol. Enseguida localizó el corazón, pero el hueco había sido tapado por las hojas y la tierra. Esta vez estaba preparada. Sacó una pequeña pala de jardín de la bolsa de las pinturas. Excavó rápidamente. Allí estaba la 📦 cajita. La abrió. La esmeralda casi la cegó con su brillo. Rápidamente guardó todo en la bolsa. Cuando la doncella volvió con una bandeja llena de exquisitos bocadillos y el reconfortante té Camila llevaba diez minutos escribiendo en su cuaderno. Estaba con la caja de música abierta y la hermosa melodía flotando en el aire. La muchacha transcribía afanosamente los caracteres de la tapa. Su amigo Kai le dijo que se llamaba partitura.
Aquello podía parecer fácil en un primer momento, pero era bastante complicado realmente. La doncella permaneció cerca pensando en que el dibujo de la señorita era peculiar y raro. Poco sabía la inculta mujer que Camila copiaba el primer preludio de la versión para violín de "Ave María" y lo que ella llamaba dibujo peculiar era el pentagrama. Claro Camila tampoco sabía el nombre, ni la letra de la composición que estaba copiando. Ella solo trataba de transcribir al pie de la letra lo más exacto posible cada trazo, raya o arco. Quería llevarle esto a Kai. Estaba feliz. Su primo no estaba. Había recuperado la esmeralda. Su tío le concedió permiso para ir con sus amigos y ahora a la inclemente luz del día, la música calmaba su espíritu, mientras ella le robaba su secreto. Trazó con satisfacción la última línea. Ahora sólo faltaba una cosa.
Camila cerró la caja musical. Terminó de tomar su té se comió los bizcochos y se paró decidida. Aquí había culminado con lo que vino a hacer. Se encaminó al Palacio. Tenía que comprobar qué era lo que había detrás de la cabecera de la cama de la fallecida Reina Amalia. Media hora después estaba sudando totalmente agotada. Aquella maldita cama parecía estar soldada al piso. No se movía ni un milímetro. Comprendió que necesitaba ayuda, pero... Intentó un poco más. Fue vencida. Botando toda prudencia por la borda se fue a buscar un par de soldados. Estos al principio dudaron. Sabían lo importante que era esta habitación para su Rey. Después que la Reina fue asesinada la mantuvo inalterada por mucho tiempo. Fue una sorpresa para todos que cediera a esta niña el lugar por lo que dudaban en cumplir su petición.
Finalmente lo hicieron y reestructuraron toda la alcoba. Lo que al principio fue mover una cama, luego se convirtió en una reorganización de todo el mobiliario. Mover los pesados muebles de un lado para otro a capricho de aquella chiquilla era peor que un entrenamiento de espada. Agotados lograron complacerla y luego se retiraron. Era su hora de almuerzo. Camila solicitó que el de ella fuera servido en la habitación. Mientras llegaba el mismo, se fue a comprobar el lugar donde siempre señalaba esa cosa dentro de Saulito. Era una pared. No se veía nada, pero algo tenía que haber. Interrumpió sus pesquisas por la llegada de la doncella con su almuerzo. Lo recibió y despidió a la otra. Se sentó frente a la pared a comer en solitario. La contemplaba como a un enemigo que hay que vencer.
El sol estaba alto era pleno mediodía. No tenía miedo. Recordaba que en su casa había una pared falsa dentro de una chimenea que cuando se abría conducía a un pasillo y este a una salida casi un kilómetro adentro en el bosque. Era la ruta de escape ante un ataque, había dicho su madre y le hizo prometer que no le contaría a nadie. Ese era su secreto. Porque ese pasillo podía en un futuro salvarle la vida. Es posible que aquí pasara igual. Media hora después estaba convencida que esa pared era muy sólida. Su primo debía estar viendo fantasmas. Tanta actividad le dio sed fue a la mesa a coger la jarra y volvió al frente de su némesis. No habían huecos, ni corrientes de aire y si golpeaba el sonido era sólido.
Tomó otro buche de agua, pero lo escupió tosiendo. Casi ahogándose. Se había tragado uno de sus pelos. Con la tos no pudo controlar su cuerpo por la urgencia de recibir oxígeno y sin querer estrelló la jarra contra la pared. El agua se escurría por la misma formando un charco al llegar al suelo y entonces lo vio. ¡Sí que había algo en esa pared! Salió al pasillo en busca de un balde🪣 y un trapo. Media hora después de limpiar la pared estaba satisfecha. Se fue por su cuaderno y copió el raro dibujo que había descubierto.
No sabía qué significaba, pero iba a averiguarlo. Su cuaderno ahora contenía tres misterios. Las raras palabras de Saulito en su trance, la partitura y ahora este dibujo. No había vuelto a tener su sueño recurrente. Verdad que casi no podía dormir con la situación, pero por si acaso ya tenía en su poder la esmeralda. Hoy que no estaba Saulito y que había cambiado la disposición de los muebles en la habitación trataría de dormir aquí. Tenía curiosidad por saber si pasaría algo, pero por primera vez desde que estaba en Abner durmió como una bendita.
A la mañana siguiente comunicó la buena noticia a sus amigos. Viajaría a su marquesado con ellos. Pasó el resto de la semana de maravilla. Las noches también. En las mañanas iba a la Academia de música y baile y las tardes arrastraba a sus amigos de compras para encontrar el regalo perfecto para su primo. A veces su tío los acompañaba. No asintieron a ninguna fiesta de té y Kai estaba aprendiendo a tocar con fluidez la nueva música que ella le llevó, pero le dijo que no la conocía y que nunca antes la había escuchado. Quizás su mamá la marquesa supiera reconocerla. Camila no veía las santas horas en que fuera el cumpleaños de Saulito y poder partir hacia la casa de los chicos.