Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 21: Celos que no existen (según el capitán)
Takumi había aprendido que el palacio nunca era realmente silencioso.
Incluso en los momentos más tranquilos, siempre había algo ocurriendo bajo la superficie: miradas que duraban medio segundo más de lo necesario, palabras medidas con excesivo cuidado, sonrisas que no alcanzaban a tocar los ojos. Era un lugar hermoso… y peligrosamente atento.
La recepción menor de esa tarde no parecía, a simple vista, una amenaza.
Música suave, copas elegantes, nobles conversando en pequeños grupos como si nada extraordinario estuviera ocurriendo en el reino. Sin embargo, Takumi sentía esa incomodidad conocida en la nuca, esa sensación que le advertía que algo iba a pasar.
—Respira —se dijo—. No todo es una emboscada.
Aun así, avanzó con cuidado.
Caminaba entre los invitados con una sonrisa educada, inclinando ligeramente la cabeza cuando correspondía, respondiendo elogios con palabras sinceras pero medidas. Hikaru lo seguía a una distancia correcta, como siempre: ni demasiado cerca, ni demasiado lejos.
Demasiado atento.
—Su Alteza —dijo un joven noble de cabello oscuro y sonrisa amable, inclinándose frente a él—. Ha sido un honor conocerlo finalmente. Su labor con los barrios exteriores ha sido… inspiradora.
Takumi sonrió con naturalidad.
—Gracias. Me alegra saber que—
—Justamente por eso —continuó el noble, sin perder la sonrisa—, me preguntaba si le gustaría acompañarme algún día a recorrer uno de los centros comunitarios. Creo que podríamos colaborar muy bien.
Takumi parpadeó.
No era una propuesta ofensiva.
No era grosera.
Pero tampoco era inocente.
—Oh… yo…
No alcanzó a terminar la frase.
—El itinerario de Su Alteza está completo —dijo una voz firme a su lado.
Takumi giró la cabeza lentamente.
Hikaru había dado un paso al frente sin que él lo notara.
—Capitán… —susurró Takumi—. No te llamé.
El noble arqueó una ceja, claramente divertido.
—No estaba hablando con usted.
—Y aun así, respondí —replicó Hikaru sin variar el tono—. Forma parte de mis funciones.
Takumi sintió el ambiente tensarse de inmediato.
—¿Desde cuándo filtrar conversaciones privadas también es parte de sus funciones? —preguntó el noble con una sonrisa provocadora.
—Desde que implican la seguridad del heredero —respondió Hikaru—. Puede presentar su propuesta por escrito.
Takumi abrió la boca… y la cerró.
Esto está escalando, pensó.
—Ejem —intervino, carraspeando—. Agradezco el interés, pero por ahora debo priorizar otros compromisos.
El noble inclinó la cabeza con elegancia.
—Por supuesto, Su Alteza. Comprendo.
Antes de retirarse, lanzó una última mirada a Hikaru.
—Qué protector.
—Profesional —corrigió Hikaru de inmediato.
Cuando el noble se alejó, Takumi permaneció inmóvil unos segundos.
Luego giró muy despacio hacia Hikaru.
—¿Qué fue eso?
—Prevención —respondió él con absoluta calma.
—Eso fue intimidación pasivo-agresiva —dijo Takumi, cruzándose de brazos.
—Eficaz —replicó Hikaru.
Takumi lo observó fijamente.
Su expresión seria, su postura impecable, su tono perfectamente controlado… y aun así, algo en su mirada estaba fuera de lugar.
—Capitán —dijo con suavidad peligrosa—. ¿Estás… celoso?
Hikaru se quedó completamente inmóvil.
—No.
—Ni un poco.
—En absoluto.
—¿Entonces por qué estás frunciendo el ceño como si ese noble hubiera insultado a tu espada?
—Evaluación de riesgos —respondió Hikaru sin dudar.
Takumi tuvo que morderse el labio para no reír.
—Perfecto —dijo—. Entonces no tendrás problema si acepto invitaciones como esa en el futuro.
Hikaru lo miró fijamente.
—No haga eso.
Takumi sonrió, encantado.
—Eso sonó peligrosamente a celos.
—Fue una advertencia estratégica.
—Claro que sí —respondió Takumi—. Muy estratégica. Y totalmente creíble.
Hikaru frunció aún más el ceño, claramente molesto… sin darse cuenta de que esa reacción solo confirmaba lo que Takumi ya sospechaba.
Desde distintos puntos de la sala, varias miradas curiosas se clavaron en ellos.
—¿Los viste?
—Dicen que el capitán no deja que nadie se le acerque.
—¿No es adorable?
Takumi escuchó los murmullos… y suspiró.
—Genial —murmuró—. Ahora creen que necesito supervisión constante.
—No es una creencia —respondió Hikaru—. Es una realidad.
Takumi lo miró… y estalló en una risa suave, sincera.
—Eres increíblemente serio para alguien tan evidente.
—No entiendo a qué se refiere.
—Exactamente —dijo Takumi, todavía sonriendo.
Mientras la recepción continuaba, Takumi notó algo que lo inquietó más que los rumores.
Se estaba divirtiendo.
Y eso… era peligroso.
Porque significaba que, poco a poco, había dejado de ver a Hikaru solo como un protector.
Y Hikaru, por su parte, caminaba a su lado con una certeza incómoda en el pecho:
No le gustaba cómo lo miraban.
No le gustaba que otros imaginaran un lugar que él ocupaba sin permiso.
Y aunque se negara a admitirlo…
Eso no era profesionalismo.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰