Narra la historia de Eliza Valantine, una mujer ruda de los barrios bajos que terminará reencarnando en Ofelia, la villana de secundaria de una novela que leyó. La Ofelia original era una mujer sin dignidad que drogó al protagonista, obligándolo a casarse con ella. Esta nueva Ofelia es una mujer empoderada, ruda y fuerte de pies a cabeza que no necesita usar a un hombre para ascender. No se deja de nadie y no necesita un héroe que la salve; ella es su propio héroe.
Si te gustan las protagonistas poderosas que reparten bofetadas a diestra y siniestra, quédate aquí.
NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
UNA NUEVA SOMBRA EN NUESTRO HOGAR
Un sábado por la mañana, el sol bañaba nuestro jardín mientras disfrutábamos del desayuno cuando el timbre de la puerta sonó con una insistencia molesta. Bruno se levantó de un salto, su expresión cambiando de relajada a tensa al abrir la puerta y encontrar frente a sí a una mujer alta, vestida de manera ostentosa, con cabello castaño largo que le caía sobre los hombros como una serpiente y ojos verdes que brillaban con envidia.
«Jezabel», dijo él entre dientes, «no te esperaba.»
«Mi primo querido», respondió ella con una sonrisa tan afilada que parecía capaz de cortar vidrio, entrando sin ser invitada y pisando el felpudo como si fuera un trapo sucio, «he vuelto al país después de tantos años de triunfar en el extranjero. Tenía que venir a saludar a la única familia que me queda… y a conocer esos trillizos que tanto hablan de ti por ahí.»
Me levanté lentamente de la silla, extendiendo la mano con una sonrisa cálida pero cargada de espinas: «Soy Ofelia, la pareja de Bruno. Supongo que eres la prima que mencionó una vez – la que siempre andaba detrás de su hermano como una sombra que no sabe que ya fue rechazada.»
Jezabel me escudriñó de arriba abajo con una mirada de desprecio: «Ah, sí, la diseñadora famosa. Dicen que haces cosas con "piel sintética" o algo así… curioso cómo un hombre como Bruno puede estar con alguien tan… modesta. Y hablando de los niños, qué lástima que su madre solo fue la segunda opción – nunca tuvo la clase ni la elegancia para retener a un hombre como mi primo.»
«Sola? Ni en tus peores pesadillas», respondí con una voz firme que hizo que todos se callaran, «la madre de los niños era la mujer más amada que tu primo jamás tuvo – la adoraba hasta en sus sueños. Construyeron una vida de verdad, llena de amor y respeto, cosas que tú ni siquiera puedes imaginar porque confundes obsesión con afecto y posesión con cariño. Tu primo la eligió a ella, no a ti – y ese golpe en tu ego te sigue quemando por dentro como ácido, ¿verdad?»
«Eso no es cierto… él sabía que yo era la única que podía entenderlo», tartamudeó ella, su sonrisa desvaneciéndose como humo en el viento mientras los trillizos miraban con los ojos bien abiertos, el orgullo por cómo defendía a su madre brillando en sus rostros.
«Entenderlo? Claro que sí – como un ladrón entiende la joyería que no le pertenece», continué sin darle tiempo a respirar, «pero él prefirió una mujer que lo elevara antes que una que solo quería arrastrarlo a tu pozo de resentimientos. Ahora siéntate o vete – pero te aviso, aquí nadie come mentiras con la merienda.»
Jezabel se quedó muda, sus mejillas encendidas de rabia, sin saber qué responder mientras se acomodaba en una silla como si se hubiera sentado sobre una púa.
Mientras Bruno y yo nos preparábamos para ir al despacho a buscar documentos para la fundación «Alas de Mariposa», habíamos pedido a Theo – que cuidara de los niños. Pero justo cuando estábamos a punto de salir, Theo nos dijo que tenía que ir urgentemente a su habitación a buscar unos papeles importantes, prometiendo volver en un par de minutos.
Jezabel vio la oportunidad y la agarró como un depredador que ve a su presa indefensa, acercándose a los niños con una expresión dulce tan falsa que parecía hecha de plástico.
«Ay, qué preciosos son ustedes», dijo acariciando el cabello de Valentína con una mano tan fría que la niña se estremeció hasta los huesos, «su mamá estaria muy orgullosa de ustedes… aunque bueno, ella nunca supo cómo sacarle provecho a un hombre como mi primo. Era demasiado sencilla, demasiado débil – él merecía alguien como yo, con ambición.»
Mateo se puso de pie de un salto, defendiendo a su madre con toda la fuerza de sus cinco años: «Mi mamá y mi papá se querían mucho, y nos daban todo el amor del mundo. No tienes derecho a hablar de ella así.»
Jezabel rió con una nota aguda y chillona que hizo que Luna – nuestra perrita embarazada – se acurrucara a los pies de los niños, aullando suavemente como si sintiera el mal que emanaba de la mujer. «¿Amor del mundo?», ella se burló con una mueca de desprecio, «eso es lo que les cuentan para que no se enteren de que su papá se aburría a morir. Si no hubiera muerto, seguro que habría dejado a esa mujer sencilla para estar conmigo.»
Cuando vio que Theo no volvía y que Bruno y yo estábamos saliendo, cerró la puerta con un clic seco y su rostro cambió completamente – como quitándose una máscara para mostrar lo que llevaba dentro: crueldad pura y envidia ciega. Los trillizos se quedaron sentados en el sofá, temblando, mientras ella se acercaba paso a paso, sus pasos resonando en el silencio de la casa.
«Ahora niños, vamos a jugar un juego muy serio», dijo en voz baja y raspante, metiendo la mano en su bolso y sacando una pistola de juguete que parecía tan real que hasta tenía el mismo brillo que una de verdad, «esta pistola tiene balas que pueden hacer mucho daño – si ustedes hacen algo que no me guste, o si se atreven a contar nada de lo que pase aquí, la usaré contra esa perrita embarazada que tanto aman. La haré callar para siempre, y después tendrán que llevarla al jardín y enterrarla mientras la ven agonizar. ¿Entienden?»
🙏🙏