Soomin nunca imaginó que reencarnaría como la madre de la villana más temida en una historia de fantasía oscura. Atrapada, debe proteger a su hija de un destino sangriento mientras huye de la persecución del emperador. Pero entre la maternidad, el peligro constante, y un amor que nunca esperó sentir, descubrirá que cambiar el destino no será tan fácil. ¿Podrá salvar a su hija de convertirse en la villana sangrienta... o el destino es inevitable?
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21. El Árbol Sagrado (Parte I)
No sabía cuánto tiempo había transcurrido, pero por fin luego de lo que pareció una eternidad, alguien se adentró a la carreta nuevamente.
—Lamento la tardanza —escuche su voz una vez más. Sus manos desenvolvieron el nudo que envolvía la tela alrededor de mi cabeza, cubriendo mis ojos, permitiéndome apreciar nuevamente su rostro— Por fin logré convencerlos…
Me quito la mordaza y con alivio tragué saliva, intentando quitarme ese desagradable regusto salado de la tela en mi boca.
—¿Me vas a explicar qué diablos está pasando? —pregunté ya perdiendo la poca paciencia que me quedaba.
Desnudó las sogas que aprisionaban mis muñecas y tobillos, luego de eso se dirigió a la chica esclava que dormía a mi lado y empezó a liberarla.
—Ya nuestro curandero la revisó —explicó ignorando mi pregunta y refiriéndose a la esclava— Según el, tuvo un leve desgarre vaginal, pero por ahora no corre peligro.
Recordando la presencia de la chica, la miré preocupada y un tanto culpable por no haberla atendido mejor. Ni siquiera la conocía, pero con solo recordar todo el calvario por el que había pasado, me provocaba un nudo en el pecho.
—¿Y mi hija? ¿Y el hombre que iba conmigo?
Calisto me ayudó a ponerme en pie, sosteniendo mis manos con una delicadeza que me dejó sin aire. Me miró fijamente a los ojos por varios segundos en silencio y suspiró profundamente.
—Siento tu frustración y desesperacion, pero debes comprender que esto para mi también es muy nuevo… nunca antes había conocido una reencarnada como tú.
Al escuchar esas palabras, literalmente todo mi mundo se detuvo. No daba crédito a lo que decía. Mi corazón latía con tanta fuerza que por un segundo creí que se saldría de mis costillas. Boqueaba como un pez, intentando formular alguna palabra coherente, pero mi mente parecía encontrarse en modo ahorro de energía.
—¿Qué? —fué lo único que pude formular— ¿C-Cómo… lo supiste?
—Lo supe desde el momento que chocaste conmigo en esa carretera —respondió jugueteando con su pelo con cierta incomodidad— Ya no quedan muchos elfos puros como yo hoy en día. Nuestra sangre a lo largo de los años se ha disuelto demasiado con otras razas. Soy uno de los pocos que aún recuerda lo que antes solíamos ser, y al ser un elfo puro, aún poseo ciertas habilidades como el poder de ver la energía de los seres vivos. Y claramente la energía de tu alma no es de este mundo.
—Esto… es una locura —me aparte de él soltándome de su toque. Desde que había llegado a este mundo, pensé que nadie jamás podría saber o creer lo que había pasado conmigo, por lo que escuchar esto era muy sorprendente para mi— Pero no tiene sentido, nada de esto es de tu incumbencia… ¿Por qué diablos nos trajiste aquí?
—Porque esto es un tema que nos concierne a todos. —respondió simplemente, dirigiéndose a la salida de la carreta. Aparto los pliegues de la lona, provocando que una gran cantidad de luz solar se adentrara iluminando el sombrío interior.
Por inercia, cubrí mi rostro debido a que mis ojos no estaban acostumbrados a tanta luz— Ya puedes salir.
Ante sus palabras, levemente aparte mi antebrazo del rostro y con los ojos entrecerrados avancé hasta posicionarme codo con codo con Calisto.
Una vez ya me había acostumbrado, mis ojos se abrieron como platos al apreciar aquel enigmático lugar en donde me encontraba.
Era un lugar difícil de describir con solo un vistazo. Era una especie de enorme árbol dorado cuyas ramas doradas parecían rozar el cielo. Era tan grande que incluso hasta se podría hacer una casa en su interior. El árbol era rodeado por motas de luz dorada que flotaba a su alrededor en un suave baile.
La vegetación alrededor del árbol también era sumamente irreal, como sacado de un libro de fantasía.
—¿Qué es este lugar? —pregunté intentando recordar este escenario en la historia original. Contemplé que habían otros elfos en el lugar, pero no eran muchos. Todos estaban armados de pies a cabeza y a diferencia de Calisto, sus orejas eran más pequeñas y tenían un aspecto más mundano.
—Debajo de este árbol, yace enterrada el cuerpo de nuestra última reina elfica. Es un lugar muy importante para todos, seamos elfos puros o no. —respondió él con cierto orgullo. Dio un salto de la carreta y me alzó la mano para ayudarme a bajar también.
Ignore su mano y por mis propios medios logré bajar del vehículo. Varias miradas iracundas se pusieron sobre mi. Me sentí algo incomoda de inmediato, pero por suerte no me miraban por mucho tiempo.
—Creí que eras el único elfo —admití sorprendida.
—Y lo soy… o al menos el último elfo puro. —indicó sorprendiéndome nuevamente— Ellos son elfos no puros, elfos cuya sangre ha sido diluida con otras razas. Muchos de ellos han vivido prácticamente toda su vida esclavizados por los humanos, así que no los culpes si te miran con odio o rencor —ciertamente en el libro habían muchas cosas que no decían sobre este mundo. Eso me hizo sentir un tanto frustrada:— He dedicado la mitad de mi existencia, salvando a los semi elfos y trayéndolos a este lugar. Soy el único que sabe como llegar aquí, al igual que los ancianos.
—¿Quienes son ellos? —pregunté con el ceño fruncido, después de todo, era la segunda vez que lo oía hablar de esos “ancianos”.
—Digamos que son… fósiles vivientes —respondió un tanto incómodo— Los elfos somos casi inmortales, no podemos morir por vejez ni nada por el estilo. También somos inmunes a muchas enfermedades. Por lo general morimos en batalla bajo el filo de una espada de plata. Ese es el único metal que puede acabar con nosotros. Debido a eso, en la guerra contra los humanos, algunos elfos se escondieron en esta tierra sagrada y con el paso del tiempo, se fusionaron con este árbol sagrado… esos elfos son los que yo llamo Ancianos.
Dicho eso, para mi mayor sorpresa, agarró mi mano y me incitó a que lo siguiera, atravesando la pequeña multid de semi elfos hasta llegar a las enormes raíces del árbol.
Contemplé que en suelo, habían muchos huesos y cráneos cubiertos por yelmos que alguna vez fueron tan dorados y llamativos como el oro.
Tragué en seco ante esa imagen, y al ver que nos dirigíamos hacia una especie de hueco de tamaño personal entre las raíces del árbol, rápidamente pare en seco.
—¿A donde vamos? ¿Aún no me has dicho donde está mi hija? —repliqué enojada.
—Pronto te daré a tu hija y a tu semi ogro —reclamó Calisto con una sonrisa que no me dio buena espina— Pero primero debes ver a los Ancianos. Ellos quieren hablar contigo.
acertadas ✅
desanudó ✅
luna tenía que morir
Era difícil que volviera ser un humano completo
tantos años de elfo y no darse cuenta
como puede ser posible??
segurísimo
siempre quedarán cicatrices imposibles de sanar...
creo que fue lo mejor para la inocente luna.
aunque Calixto no lo comprenderá
seguramente la maldita loca escritora le pidió matar a su hijita.
pero ella no lo hará y al final espero que haga mier da a esa pinche diosa escritora por culera.
no es posible que juegue así con la vida y el alma de inocentes sólo porque alguien le dice que es una patética escritora.
un mal gobernante que sacrifica a sus leales por una absurda obsesión
la pequeña diosa vomitada