Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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Un nuevo plan
Sonia permanecía en su habitación mirando por la ventana el hermoso jardín de la mansión, pero su mente le daba vuelta por
la visita inesperada de Rogelio la había dejado inquieta.
—Ese tipo aparece demasiado ahora; si mal no recuerdo, sus padres no lo conocían. Lo conocieron recién cuando Sonia lo presentó como su novio, según la novela que vio… —murmuró.
Se sentó en el borde de la cama y suspiró.
Pero su mente pronto se desvió hacia algo más importante.
Un recuerdo..
En su vida pasada, ella había visto algo terrible.
La quiebra de la empresa de su padre volvió a su mente al ver aquella escena. Le dio mucha pena por todas las desgracias que sufría esa chica.
Recordó que en esa parte su padre, don Sergio, sentado en su oficina con el rostro pálido. Las manos le temblaban mientras miraba los papeles del banco.
Recordó las palabras que le habían dicho y destruido a su padre.
—La empresa está en números rojos.
—Las deudas son demasiado grandes.
—No hay forma de salvarla.
Sonia cerró los ojos .En aquel momento su padre va ha perder casi todo.
La empresa.
La reputación.
El orgullo.
Y poco después su padre se suicida.
—No… —susurró Sonia—. Esta vez no voy a permitir que eso pase..
—Ahora tengo ventaja.
En su vida pasada, como Matilde había trabajado durante años como agente personal del director de una gran empresa internacional.
Había aprendido muchas cosas.
Administración.
Finanzas.
Negociación.
Estrategia empresarial.
Conocimientos que ahora podían cambiar el futuro.
Se levantó de la cama.—Si entro a la empresa de papá…
Comenzó a caminar por la habitación mientras pensaba.
—Puedo revisar las cuentas.
—Puedo detectar los problemas antes de que exploten.
—Puedo evitar la quiebra.
Se detuvo frente al espejo.
—Y además…
Sonrió ligeramente.
—Algún día yo seré la heredera de todo esto.
Sabía exactamente qué hacer.
—Voy a pedirle a papá que me deje trabajar en la empresa.
Se cruzó de brazos con confianza.
—Si le digo que quiero aprender sobre el negocio familiar, seguro aceptará.
Después de todo, muchos padres soñaban con que sus hijos continuaran con el legado.
—Y papá siempre ha querido que me interese por la empresa.
Sonia respiró profundo.
—Perfecto.
Había tomado una decisión.
Pero en otra parte de la mansión…
Alguien más también estaba haciendo planes.
Paula estaba dentro de su habitación, caminando de un lado a otro mientras hablaba por teléfono.
Su tono de voz era bajo y calculador.
—Sí… todo sigue según lo planeado.
Escuchó unos segundos.
Luego sonrió con frialdad.
—Cuando se complete el plan… ya la quiero ver destruida.
Hizo una pausa.
—A esa estúpida de mi prima.
Al otro lado de la línea alguien dijo algo que hizo que Paula frunciera ligeramente el ceño.
—Tranquilo.
Se acercó a la ventana .La situación está bajo control.Su sonrisa volvió.
—Jefa… ya casi se completa la misión.
Escuchó nuevamente..Pero no olvide el trato.
—Sí, lo recuerdo.
Luego respondió .
—Recuerdo perfectamente cuál fue el trato.
Hubo un momento de silencio.
Finalmente Paula habló otra vez.
—Cuando todo termine… usted tendrá lo que quiere.
Y yo también.
Colgó el teléfono lentamente.
Sus ojos brillaban con ambición y rencor.
—Sonia… Sonia… Sonia…
Pronunció el nombre con desprecio.
—Siempre la favorita.Todo debió ser mio desde el inicio.
Se sentó en la silla frente al tocador.
—Pero eso va a cambiar muy pronto.Necesito el dinero de tu familia para pagar una deuda de juego ..
Mientras tanto, Sonia bajaba las escaleras con una idea clara en la mente.
Buscó a su padre por la casa ya era de noche y seguramente su padre ya estaba en casa.
Sabía que probablemente estaría en su despacho revisando documentos.
Al llegar frente a la puerta respiró profundo.
—Este es el primer paso.
Tocó suavemente.
Desde adentro se escuchó la voz de don Sergio.
—Adelante.
Sonia abrió la puerta.
Su padre estaba sentado detrás del escritorio rodeado de papeles y carpetas.
Levantó la mirada sorprendido.
—Sonia.
—Hola, papá.
El hombre sonrió.
—Qué raro verte aquí.
Ella caminó hasta el escritorio.
—Quería hablar contigo.
Don Sergio se quitó los lentes.
—¿Sobre qué?
Sonia respiró profundo.
—Quiero aprender sobre la empresa.
El hombre levantó las cejas con sorpresa.
—¿La empresa?
—Sí.
Sonia lo miró seria.
—Quiero empezar a trabajar contigo. Ya tengo la edad suficiente para hacerme cargo y tú descanses y te de unas buenas vacaciones con mamá.
El silencio llenó la oficina por unos segundos.
Don Sergio parecía genuinamente sorprendido.
—Nunca habías mostrado interés antes.
—Lo sé.
Sonia bajó un poco la mirada.
—Pero he estado pensando en el futuro.
Luego volvió a mirarlo.
—Algún día yo voy a heredar todo esto.
Señaló los documentos del escritorio.
—Y quiero aprender cómo funciona.
Don Sergio la observó durante varios segundos..
Finalmente el hombre sonrió con orgullo.
—Me alegra escuchar eso y que considerada eres hija mia.
Sonia sintió una pequeña victoria en su interior.
—Entonces…
—Claro que puedes venir a la empresa —dijo él—. Siempre habrá un lugar para ti allí..
—Gracias, papá.
Don Sergio asintió.
—Pero empezarás desde abajo.
Sonia sonrió.
—No esperaba menos.