Claire Bellamy es insegura, tímida y temerosa.Ella siempre se ha sentido desafortunada en el amor.Rechazada por su frívola madre desde que era niña tuvo que vivir en una humilde cabaña aislada junto a su abuela paterna.A los quince años regresa junto a su madre y allí conoce a Stefano un profesor de música que intenta seducirla a ella y a su hermana Adelaide al mismo tiempo. Después de amargas experiencias,Claire piensa que el amor se olvidó de ella...hasta que conoce al excéntrico Marqués de Vrenac un hombre fascinante con un pasado demasiado oscuro.Sí leíste "El que juró no amarme" esta es la historia de Claire Bellamy y el Marqués de Vrenac.Si no las ha leído todavía te invitó a leerla también❤
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Capítulo 22
Stefano había salido temprano con su botín de joyas. No las iba a empeñar simplemente las vendería. Adelaide tendría que afrontar después las consecuencias. Fue ella quien entró a hurtadillas a la habitación de su madre y extrajo las joyas así que si Blanche quisiese acusar a alguien por el robo de sus joyas tendría que acusar a su propia hija.
Él sabría salir a tiempo y hacer un acto final de escapismo justo antes de que estallaran los problemas. Vendió varias joyas y se dedicó luego a gastar el dinero. Stefano no era bueno apostando pero cuando tenía dinero de sobra como ahora no le importaba perderlo en juegos de azar. Las horas pasaron una tras otra. Stefano terminó su día de derroche en una taberna donde una jovencita se sentó en sus piernas. Él rebuscó en sus bolsillos y encontró un fino collar de perlas que le sobró luego de vender las otras joyas.
Era un collar que le había regalado Gastón Bellamy a su hija Adelaide cuando cumplió quince años. Stefano metió entre los senos de la jovencita ese collar que a él no le había costado nada y pronto subieron a una habitación para pasar la noche juntos.
Adelaide había pasado un día terrible.Stefano había salido muy temprano a vender las joyas pero ya eran las nueve de la noche y no había regresado. Además de una taza de té, Adelaide no había ingerido nada en todo el día y se sentía mareada. Las horas fueron pasando hasta que el sueño finalmente la venció.
Claire había pasado el día con la expectativa de encontrarse a Stefano. Quería comprobar que sentía al verlo y también quería saber que le diría él. Se atrevía a pensar que Stefano era su enamorado pues le había dado la rosa y ella la había aceptado.Existía ya un acuerdo amoroso entre ellos. Hizo sus labores como siempre y esperaba que en cualquier rincón de la casa se encontraría con Stefano. Sin embargo, Stefano al parecer había salido muy temprano y no había regresado.
Tanto Claire como Adelaide estuvieron angustiadas por la ausencia de Stefano. Claire se fue a descansar en medio de una agitación constante ¿Se habrá marchado de la casa? se estuvo preguntando Claire hasta quedarse dormida.
Stefano se desayunó con una copa coñac. Le había agotado demasiado fingir por tanto tiempo ser un virtuoso de la música, en realidad odiaba la música, le resultaba algo sin sentido y tedioso.Dar clases le parecía una tortura. Lo único que disfrutaba era darle clases a señoritas para luego seducirlas. Ya había conquistado a Adelaide, de ella obtuvo todo cuanto quiso y Claire estaba a punto de caer en sus brazos, pero eso no saciaba a Stefano. Esa casa lo asfixiaba, necesitaba salir y derrochar, beber y conquistar mujeres. Todavía tenía dinero de sobra y el día apenas comenzaba así que se fue a comprar ropa y quiso entrar en el club para caballeros más exclusivo. En ese club solo entraban nobles y hombres adinerados.
Al principio no querían dejarlo entrar. Pero se hizo pasar por un adinerado excéntrico extranjero. Su palabrería, su rica vestimenta y su bolsa de monedas tan llena terminaron de convencer al portero. Stefano se sintió en su elemento: un lugar elegante, exquisitas bebidas y bellas y refinadas mujeres.
Pronto comenzó a beber y entabló conversación con un caballero. Pero la vista de Stefano se enfocó en un grupo de dos caballeros ricamente vestidos y una mujer rubia, alta y muy bella vestida como una reina. El grupo estaba muy animado pero uno de los caballeros parecía estar muy embriagado. En cualquier momento caería al suelo.
-¿Quiénes son?-le preguntó Stefano al caballero.
-El Conde De Fabry, El Duque de Valois y una amiguita- dijo el hombre con sorna.
Stefano posó sus ojos en la bella mujer y ella lo miró también de forma muy seductora. De un momento a otro el hombre con el cabello castaño y ancho de espaldas levantó al guapo hombre de cabello negro. Lo levantó en brazos y por un momento salieron los tres.
-El Duque de Valois es un caso perdido. El Conde de Fabry lo hace gastar una fortuna aquí casi todas las noches. Recientemente, se les ha unido la rubia guapa que bebe por dos-dijo el caballero echándose a reír.
- ¿Y cómo se llama la rubia?-preguntó Stefano interesado.
-Puedes preguntárselo tú mismo. Parece que va a seguir la fiesta sola-dijo el caballero señalando a la rubia quien regresaba sola a la mesa.
Stefano sintió que la noche comenzaba a animarse. Tal vez podría obtener algo de la rubia. Cruzaron varias miradas más hasta que Stefano se acercó a ella.
-Buenas noches ¿ Acepta la señorita que le haga compañía?-dijo Stefano zalamero.
-Nada me complacería más-dijo la rubia mirándolo con deseo.
Comenzaron a hablar y a coquetearse sin reservas hasta que Stefano se dio cuenta de que ni siquiera se había presentado.
-Mi nombre es Stefano Canio y soy un músico reconocido en Italia-dijo Stefano con orgullo.
-Ah eres italiano ¡Qué interesante! Te seré sincera: detesto la música. Al Duque de Valois uno de mis acompañantes esta noche le encanta, pero a mi me aburre a morir-dijo Louise quien había tomado varias copas de más.
A Stefano le sorprendió la respuesta de Louise y se limitó a tomar una copa de vino. Presentarse como un gran músico era su carta habitual y por lo general a las damas les fascinaba su faceta de virtuoso de la música. Pero esta rubia era diferente, en su aspecto se pensaría que era una dama muy fina, pero por su forma de beber y hablar se percibía otra cosa que a Stefano no le desagradó del tono.
-No te ofendas. Detesto la música pero me encantan los hombres guapos así que no todo está perdido-dijo la rubia mordiéndose los labios.
A Stefano le animó su respuesta. Ya no tendría que fingir ser el gran artista de la música frente a ella.
-¿Y puedo saber como se llama el nombre de una mujer tan bella?-dijo Stefano acercándose más a la rubia.
-Me llamo Louise De Mallay-dijo ella con orgullo.
-Louise...¿Te gustaría que fueramos a un lugar más privado?-preguntó Stefano quien sentía que al suerte estaba de su lado.