Patricia Silva una abogada intachable, decide llevar un caso que le puede traer problema en su vida, ¿qué pasará con esta abogada? les invito a leer la historia.
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Capitulo 22
Tres meses después
A la abogada ya se le notaba el embarazo, y estaba muy feliz. No había tenido ningún acercamiento con Víctor, al parecer él decidió dejar de buscarla; en cambio, con Alba era diferente, ella se estaba tomando el papel de abuela muy a fondo. Todos los días la llamada, o iba a visitarla, estaba deseando saber el sexo del bebé, pero la abogada aún no se sentía preparada.
En estos tres meses, Patricia se había encargado de sabotear los negocios de los hermanos Torres. Ellos estaban perdiendo mucho dinero, cargamentos de armas, imitaciones de joyas, entre otras cosas. Además, ella, con audacia y meticulosamente, estaba llevando a la agencia Torres a la quiebra, todo para vengarse de Víctor.
——
Víctor y Carla todavía no se habían divorciado, y ella se negaba a darle el divorcio. Él no tenía ninguna comunicación con Patricia, aunque de vez en cuando la esperaba cerca del bufete para verla, así fuera de lejos.
Los problemas de la agencia y los demás negocios lo tenían preocupado, últimamente todo se había salido de control.
Él estaba en la oficina, revisando unos documentos, cuando Albín entró, obviamente alterado.
— Hermano, tenemos problemas. —dijo con preocupación.
— ¿Más todavía? ¿Qué pasa ahora?— preguntó Víctor.
— No lo vas a creer, estamos al borde de la quiebra. Verifiqué las cuentas varias veces, y estamos jodidos. —dijo Albín.
— ¿Qué estás diciendo? ¿Pero por qué? — expresó Víctor alterado.
— Hemos perdido muchos clientes, no tenemos ninguna entrada beneficiosa. Con los gastos de remodelaciones de inmuebles, los pagos a los empleados y nuestros gastos personales, es más, el dinero que sale, que el que entra.— explicó Albín.
— No entiendo por qué hemos llegado hasta aquí, siempre la agencia se ha mantenido sólida.
— Opino que alguien está detrás de todo esto, no hay otra explicación.
— ¿Qué podemos hacer? Mamá, no se puede enterar.
— Necesitamos un inversionista, que esté interesado en hacer una buena inversión en esta agencia.
— ¿Me estás diciendo que tenemos que vender parte de la agencia?—preguntó Víctor.
— Bueno, no lo digas de esa manera, sería como un préstamo, después que se recupere la agencia lo devolvemos. — explicó Albín.
— ¡Joder! Está bien, encárgate de eso, me voy a casa.
“Maldición, tantos problemas y yo en lo único que pienso es en la abogada, necesito verla de cerca, tocar su piel, oler su aroma. Joder, seguramente está con el hotelero.” Ese era el pensamiento que tenía Víctor en su cabeza, mientras conducía a su casa.
——
Era de noche, y Patricia se encontraba acostada en su habitación, acariciando su vientre. Ya tenía cuatro meses de gestación, había decidido ir el día siguiente al hospital. Tenía curiosidad por saber el sexo del bebé, para empezar a comprarle ropita.
Se desnudó y se metió al baño, a darse una ducha. Después de unos minutos salió totalmente desnuda, secando su pelo. Un conocido y exquisito perfume entró por sus fosas nasales, y una voz ronca la hizo reaccionar.
— ¡Vaya!, abogada, te quería dar una sorpresa, pero el sorprendido soy yo.
Era Víctor, sentado en el sofá, mirando al vientre de la mujer.
— ¿Qué haces aquí y por qué siempre entra a mi habitación sin que nadie lo note?—preguntó exaltada.
— Tenía deseos de verte, pero considero que fue mejor no venir. ¿Estás embarazada del hotelero?
— Eso no te importa. Víctor, no puedes estar entrando aquí como si fuera tu casa. —dijo mientras se ponía una bata.
Víctor tenía mucha ira acumulada, muchos problemas, se estaba conteniendo para no perder la cordura, pero fue imposible. En un segundo se volvió loco, todos sus pensamientos lo torturaban, empezó a tirar todo lo que encontró a su paso, caminaba de un lado a otro con las manos en la cabeza.
— Oye, cálmate, me estás poniendo nerviosa, eso le hace daño al bebé. —dijo ella nerviosa.
— Perdón, no les quiero hacer daño, ¿por qué vas a tener a este bebé, y el mío no lo quisiste?
Víctor se acercó a ella con lágrimas en sus ojos y la abrazó.
— ¿Sabes, abogada? Quiero ser padre, le tengo envidia a ese hotelero, tiene a su lado la mujer que amo y van a tener un bebé.
— Mi hijo, no es de Diego, no tengo nada con él. —dijo con tristeza.
— ¿Puedo tocar tu vientre?
Se postró de rodillas, colocó la cabeza de lado en su vientre para ver si podía escuchar los latidos del bebé, luego le pasó la mano con suavidad y le habló en un susurro, “Hola, bebé”. Definitivamente, el llamado de la sangre, si existe, el bebé al escuchar su voz se movió ligeramente.
—Dios, ¿sentiste eso? Se movió. —dijo emocionado.
— Sí, debes irte, tengo que descansar.
Patricia lo miraba con dulzura, quería que se quedara con ella, quería decirle que era el papá de su bebé, pero no lo hizo y dejó que se fuera.