NovelToon NovelToon
Las Concubinas De Su Majestad

Las Concubinas De Su Majestad

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Época
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Dos príncipes gemelos unidos por el trono, pero separados por sus propias sombras. Entre secretos de palacio, guerras inminentes y mujeres invencibles que se niegan a ser dominadas, el amor se convertirá en su mayor fortaleza... o en su ruina. Una historia de lealtad, pasión y un destino escrito con sangre que ni el tiempo podrá borrar. Traiciones de corte, pasiones prohibidas y un imperio que renace del caos. Sigue la historia de dos hermanos y las mujeres que conquistaron sus corazones, sin imaginar que la profecía que los unió dejaría una huella imborrable que trascenderá a través de los siglos.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Atentado

El Rey

—¡Esto ha sido un asesinato sistemático, majestad! ¡La princesa Sora jamás atentaría contra su propia vida! —el anciano duque de Vance temblaba de indignación, golpeando su bastón de plata contra el suelo del Gran Salón del Consejo—. ¡Exigimos una investigación imperial! ¡Exigimos que el culpable sea encontrado y ejecutado frente a la embajada del Reino del Sol Naciente!

Los pocos ministros traidores que aún sobrevivían en la mesa corearon su protesta, desesperados, viendo cómo su última y más valiosa aliada se había convertido en un cadáver en sus aposentos.

Permanecí sentado en el trono, apoyando el mentón sobre mi puño, contemplándolos con una frialdad glacial.

—No hay nada que investigar, duque —mi voz resonó firme, cortando los murmullos de golpe—. La princesa cayó en la desesperación al comprender que su presencia en este palacio no alteraría en absoluto mi voluntad. La causa oficial es el suicidio por despecho real, y esa es la única verdad que saldrá de este castillo. Si alguno de ustedes pretende insinuar que la corona o el palacio interior tuvieron algo que ver, lo consideraré una acusación directa de traición contra mi persona.

El salón quedó en un silencio sepulcral. Ninguno se atrevió a replicar.

Sin embargo, conocía demasiado bien a esas ratas acorraladas. Sabía que no se quedarían de brazos cruzados viendo cómo su red de conspiraciones se desmoronaba. Por ello, esa misma tarde ordené a Felipe reforzar de inmediato la guardia del palacio, multiplicando los patrullajes en los pabellones y restringiendo los accesos a las galerías privadas.

Pero cometimos un error. Un pequeño y miserable cabo suelto.

Una de las sirvientas del pabellón de la princesa, comprada en secreto por la Casa del duque de Vance, había atisbado desde la penumbra de la galería la noche en que la princesa fue abatida.

Logró escapar del palacio al atardecer y vender la verdad a los ministros: no había sido un suicidio; la Reina Consorte, Amira, era la verdadera ejecutora.

La sed de venganza del Consejo no tardó en orquestar su último y más desesperado movimiento.

Dos días después, Amira y yo salimos de la ciudadela vestidos con túnicas sencillas de nobles de menor rango, escoltados apenas por una docena de guardias de élite.

Necesitábamos recorrer los callejones del pueblo bajo para evaluar de primera mano las rutas de distribución de grano que Daría había financiado tras la victoria en el Sur y trazar el siguiente paso para aplastar definitivamente al Consejo.

Caminábamos a paso tranquilo por un sendero arbolado a las afueras de la villa imperial cuando el aire de la tarde se volvió densamente pesado.

El relincho repentino de un caballo y el chasquido seco de docenas de espadas desenvainadas rompieron la calma.

—¡Protejan a sus majestades! —gritó el capitán de nuestra guardia personal.

De entre los matorrales y las estructuras abandonadas surgieron más de cuarenta mercenarios fuertemente armados, vistiendo los colores anónimos que el Consejo solía usar para sus trabajos sucios. La trampa estaba perfectamente tendida. Los pocos soldados que nos acompañaban fueron rodeados e involucrados en una carnicería desigual en cuestión de segundos.

Empuñé mi espada de inmediato, poniéndome delante de Amira.

—Quédate detrás de mí —le ordené, deteniendo la primera estocada de un mercenario y atravesándole el torso de un movimiento certero.

Pese a mi destreza en combate, la desventaja numérica era abrumadora. Nos superaban cuatro a uno. Luché con ferocidad, abriéndome paso entre el acero, pero en medio del caos, un espadachín logró esquivar mi guardia y me asestó un corte profundo en el brazo derecho.

El dolor fue inmediato y punzante. La sangre comenzó a empapar la manga de mi túnica, restándole agilidad a mi muñeca. Peor aún: el esfuerzo de la batalla reabrió la vieja herida de mi costado, la misma que apenas había cicatrizado tras el atentado con la flecha envenenada. Un ardor abrasador me recorrió el pecho, nublándome la vista por un segundo.

Tropecé levemente, hincando una rodilla sobre la tierra mientras la sangre caía a gotas sobre el polvo.

—¡Majestad! —gritó un mercenario, alzando su mandoble para asestarme el golpe final—. ¡La cabeza del tirano vale una fortuna!

Antes de que la hoja descendiera, un destello de acero cortó el aire.

Amira, con una rapidez pasmosa, le arrebató la espada al capitán de la guardia que acababa de caer a su lado y le atravesó la garganta al agresor antes de que pudiera tocarme.

Me quedé helado en el suelo, sosteniéndome el costado sangrante, contemplando a mi reina con absoluta estupefacción.

La mujer refinada que solía vestir sedas e impartir justicia con palabras serenas se movía ahora entre los enemigos con la gracia y la ferocidad de una auténtica depredadora.

No había vacilación en sus giros ni duda en sus estocadas. Con movimientos limpios y letales, Amira se puso al frente, abatiendo a tres mercenarios seguidos, demostrando una agilidad marcial que jamás le había visto revelar ante nadie.

Se estaba dando su lugar. Estaba luchando por mi vida y por la suya.

A la distancia, atravesando el camino a lomos de su caballo, Alessia divisó la escena. Al ver a sus majestades acorralados y al rey cayendo al suelo, la guerrera del Norte espoleó a su montura con desesperación, desenvainando sus dos hojas mientras acortaba la distancia lo más rápido que sus fuerzas le permitían.

Pero el destino se volvió cruel en un instante.

Mientras Amira terminaba de derribar al penúltimo atacante, entre la vegetación a pocos metros de distancia, un arquero embozado surgió de las sombras, tensando su arco con un dardo de punta ancha apuntando directamente a mi pecho expuesto.

Yo estaba demasiado debilitado para reaccionar a tiempo. La sangre derramada me había dejado sin fuerzas en las piernas.

—¡Majestad! —escuché el grito desgarrador de Amira.

La reina no lo pensó. Sin dudar un solo segundo, se arrojó sobre mi cuerpo, usándose a sí misma como un escudo humano.

¡THUMP!

El sonido seco de la flecha perforando la carne resonó en mi oído. La punta atravesó el hombro y la espalda de Amira.

Un jadeo ahogado se le escapó del pecho, pero aun con la flecha clavada y la vida escapándosele a raudales, Amira reunió hasta la última gota de su fuerza de voluntad. Agarró la espada con la mano que le quedaba libre y, en un último acto de ferocidad pura, avanzó dos pasos y le clavó la hoja hasta la empuñadura en el pecho al arquero, colapsando junto con él sobre la hierba.

—¡AMIRA! —mi grito desgarró el silencio del camino.

Olvidando el dolor abrasador de mi brazo y de mi costado, me arrastré por el suelo hasta llegar a ella. La tomé en mis brazos, elevando su torso contra mi pecho.

Amira jadeaba con dificultad, escupiendo un hilo de sangre espesa por la comisura de sus labios. Sus ojos oscuros, habitualmente fríos e inquebrantables, me buscaban con una mezcla de agonía y una devoción serena.

No podía articular palabra; solo me miraba, sosteniendo mi rostro con la punta de sus dedos manchados de rojo, como queriendo asegurarse de que yo seguía con vida.

Sentí que el mundo entero se desmoronaba en mis manos. La furia, el dolor y la desesperación me destruyeron por dentro en un segundo.

—Resiste... por favor, Amira, resiste —le supliqué con la voz quebrada, apretándola contra mi pecho mientras la sangre tiñe mi túnica.

Alessia llegó al lugar como un torbellino de muerte. Descabalgó de un salto y, con los ojos inyectados en sangre, se abalanzó sobre los mercenarios sobrevivientes, masacrándolos a todos sin piedad, jurando en silencio que cada noble involucrado en esta emboscada pagaría con la piel de sus hijos.

Sin perder un solo instante, cargué a Amira en mis brazos. El peso de su cuerpo herido era el único ancla que me mantenía en pie. La subí a mi caballo, monté detrás de ella sujetándola firmemente contra mi pecho y espoleé al animal a toda marcha hacia el palacio.

—¡Abran las puertas! ¡Llamen a los médicos! —rugí al cruzar el puente levadizo, con el corazón enloquecido por la zozobra.

Cargaba a mi reina en brazos por los pasillos mientras la servidumbre gritaba de terror al ver la sangre que nos cubría a ambos.

La mujer que sostenía el imperio, la líder inquebrantable de mi harén, se desangraba en mi regazo. Y si la vida se le escapaba esa noche, prometí ante los cielos que arrasaría la capital entera hasta no dejar un solo noble con vida.

...****************...

...****************...

Ya les dije yo Amira es mi favorita 🥹🫶🏻💜

1
Betty Saavedra Alvarado
Amira está dispuesta a todo por proteger a su rey
Betty Saavedra Alvarado
Será Alessia y Alistar
Betty Saavedra Alvarado
,Amira despertó el rey la cuida no quiere que nada malo le pase
Betty Saavedra Alvarado
Eso es a demostrar que puedes cuidar un reino
Betty Saavedra Alvarado
Amira es toda una mujer valiente
Betty Saavedra Alvarado
Amira está sufriendo como el rey que se culpa de no protegerla de ahora en adelante bla cuidara
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Lectora con visión 🥰
Mira tú, prometiste cuidar de ella y no lo cumpliste... por cierto esos nombres bien raros 😅

lo siento, me quedo con el rey y el príncipe 😅😅
Kiary Valverde: estan lindos 😭
total 1 replies
Lectora con visión 🥰
Que triste 😭

yo creo que el rey ama a la reina, y que ella es su amada. por eso la reina sueña con ese enmascarado
Lectora con visión 🥰
ay noooo, la reina 😭😭😭😭
Lectora con visión 🥰
Le tengo miedo a la reina 🥺
Lectora con visión 🥰
Ahh el rey si se preocupa por su reina
Lectora con visión 🥰
Yo preocupada por la reina y ella toda una fiera 😂😅
Lectora con visión 🥰
Muy bueno, me gusta 🤩
Lectora con visión 🥰
son ideas mías, o el rey no ha demostrado interés en su reina, ya metieron a otra concubina y la reina que... 😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Princesa Sora pisaste el palito y caiste en la trampa
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Porque no puede enamorarse quien será la elegida
Betty Saavedra Alvarado
Este cuarteto está dando mucho que hablar
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play