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La Segunda Vida De La Duquesa Olvidada.

La Segunda Vida De La Duquesa Olvidada.

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Edad media / Completas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SugarBloom

Lady Evelyn Ashbourne murió a los setenta y seis años después de vivir una existencia marcada por las infidelidades de su esposo, la soledad y un amor que nunca recibió. Sin embargo, el destino le concedió una segunda oportunidad: despertó nuevamente a los dieciocho años, conservando todos los recuerdos de su vida anterior.

Esta vez, Evelyn no volverá a cometer los mismos errores. En lugar de elegir al encantador vizconde que destruyó su felicidad, aceptará casarse con Adrian de Blackthorne, el temido duque al que rechazó en su primera vida.

Frío, intimidante y despiadado con sus enemigos, Adrian esconde heridas y secretos que nadie se atreve a descubrir. Su matrimonio comenzará como un acuerdo entre dos familias, pero la convivencia despertará sentimientos que ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar.

NovelToon tiene autorización de SugarBloom para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La mujer que ya había muerto.

Evelyn leyó la frase una vez.

Después otra.

Y una tercera, como si las palabras pudieran cambiar si las miraba durante suficiente tiempo.

Si has vuelto, significa que todavía estás a tiempo de impedir que Adrian muera.

El ruido del salón pareció desvanecerse.

Las conversaciones, la música de los violines, el tintineo de las copas y las risas de los invitados se convirtieron en un murmullo lejano. Evelyn solo podía ver aquellas palabras escritas con una caligrafía idéntica a la suya.

No una letra parecida.

No una coincidencia.

Era su letra.

La misma que había utilizado durante los últimos años de su vida anterior para escribir cartas que nadie respondía, notas que nadie leía y páginas de un diario que terminó escondiendo en el fondo de un cajón.

Una letra que no había vuelto a utilizar desde que despertó a los dieciocho años.

—Lady Evelyn.

La voz de Lord Sebastian Whitmore la obligó a levantar la mirada.

El hombre continuaba frente a ella, con la expresión tranquila de quien acababa de entregarle una invitación a tomar el té y no una amenaza capaz de destruir su mundo.

—¿Quién escribió esto? —preguntó ella.

—No puedo responder a esa pregunta aquí.

—Entonces responderá en otro lugar.

—Si me permite unos minutos de su tiempo, podré explicarle lo que sé.

Evelyn apretó el sobre entre los dedos.

—¿Cómo conoce mi nombre?

—Todo el mundo en la corte conoce su nombre, milady. Es la prometida del duque de Blackthorne.

—No me refiero a eso.

Lord Whitmore la observó con una atención que le produjo un escalofrío.

—Lo sé.

Antes de que Evelyn pudiera insistir, una sombra cayó sobre ellos.

—¿Hay algún problema?

Adrian.

Su voz no era particularmente alta, pero el tono bastó para que Lord Whitmore enderezara la espalda.

Evelyn se volvió hacia él.

El duque llevaba una mano apoyada en el bolsillo de su chaqueta y la otra descansaba junto a su costado. Su expresión era serena, aunque ella ya comenzaba a reconocer las pequeñas señales de su inquietud: la mandíbula ligeramente tensa, los ojos inmóviles y aquella forma de observar a una persona como si estuviera decidiendo cuántas razones tenía para desconfiar de ella.

—Ninguno, milord —respondió Lord Whitmore—. Solo estaba felicitando a su prometida.

Adrian miró el sobre que Evelyn sostenía.

—¿Y eso forma parte de las felicitaciones?

—Es un asunto privado.

—Todo lo relacionado con mi prometida me concierne.

Evelyn sintió que aquella afirmación le provocaba una extraña mezcla de ternura y preocupación.

—Adrian, estoy bien.

Él no apartó los ojos de Lord Whitmore.

—No le he preguntado si está bien.

—Y yo le estoy diciendo que lo estoy.

Adrian finalmente la miró.

Durante un instante, algo parecido a la frustración cruzó sus facciones.

—¿Podemos hablar en privado? —preguntó.

Evelyn asintió.

Antes de marcharse, volvió la mirada hacia Lord Whitmore.

—Nuestra conversación no ha terminado.

El hombre inclinó la cabeza.

—Por supuesto, milady.

Pero cuando Evelyn se alejó del brazo de Adrian, alcanzó a escuchar su última frase.

—Recuerde lo que dice la carta. No permita que el pasado vuelva a repetirse.

Ella se detuvo apenas un instante.

Adrian lo notó.

—¿Qué ha dicho?

Evelyn volvió a caminar.

—Nada que pueda explicarle ahora.

Y aquellas palabras, aunque necesarias, fueron la primera mentira que le dijo al hombre al que había comenzado a amar.

Adrian la condujo hasta una pequeña galería que daba a los jardines del palacio.

Allí el sonido del baile llegaba amortiguado y las ventanas dejaban entrar el aire frío de la noche.

Cuando estuvieron solos, él soltó lentamente el brazo de Evelyn.

—¿Quién era ese hombre?

—Lord Sebastian Whitmore.

—Sé quién es. Quiero saber por qué le entregó una carta.

Evelyn bajó la mirada hacia el sobre.

Podía contarle la verdad.

Podía entregarle el papel y dejar que él leyera las palabras que amenazaban con convertir su segunda vida en una pesadilla.

Pero ¿qué ocurriría después?

Adrian ya estaba investigando la muerte de sus padres. Si descubría que alguien sabía que Evelyn había vivido otra vida, podría pensar que ella estaba involucrada en la conspiración. Peor aún, podría comenzar a hacer preguntas sobre una historia que ni siquiera ella comprendía.

Y existía otra posibilidad que le aterraba todavía más.

Que la carta dijera la verdad.

Que Adrian estuviera destinado a morir.

Que, pese a todos sus esfuerzos por cambiar su vida, el destino hubiera encontrado una manera de arrebatarle a la primera persona que comenzaba a importarle de verdad.

—Evelyn.

Ella levantó la cabeza.

Adrian se encontraba frente a ella, observándola con una expresión que no admitía evasivas.

—Desde que ese hombre se acercó a usted, ha cambiado su rostro. Está pálida y apenas puede sostener el sobre. No me diga que no ocurre nada.

Evelyn tragó saliva.

—Me ha entregado un mensaje extraño.

—¿Qué clase de mensaje?

—Uno que no comprendo.

Adrian extendió la mano.

—Déjeme verlo.

Ella apretó el sobre contra su pecho.

El gesto fue involuntario.

Sin embargo, Adrian lo advirtió inmediatamente.

Su expresión cambió.

—¿No confía en mí?

La pregunta le dolió más de lo que esperaba.

—No es eso.

—Entonces, ¿qué es?

Evelyn cerró los ojos un instante.

No quería mentirle.

No después del beso de la noche anterior. No después de que él le hubiera hablado de sus miedos, de su madre y de la soledad que llevaba años escondiendo detrás de su reputación.

Pero tampoco podía entregarle una verdad que podía destruirlos antes de que siquiera comprendieran su significado.

—Necesito un poco de tiempo —susurró.

Adrian guardó silencio.

Ella esperó una protesta, una orden o aquella frialdad con la que él solía protegerse de todo lo que no podía controlar.

En cambio, él bajó la mano.

—Está bien.

Evelyn lo miró, sorprendida.

—¿Está bien?

—No me agrada que me oculten cosas. Pero tampoco quiero obligarla a contarme algo para lo que todavía no está preparada.

Adrian se acercó un paso.

—Solo le pediré una cosa.

—¿Cuál?

—Si ese mensaje la pone en peligro, no intente enfrentarse sola a quien lo haya enviado.

Evelyn sintió que los ojos comenzaban a arderle.

—Se lo prometo.

Él la observó durante unos segundos y después le ofreció el brazo.

—Bien. Ahora volveremos al salón.

Evelyn aceptó.

—¿No va a preguntarme nada más?

—Por supuesto que sí.

Ella soltó una pequeña risa nerviosa.

—¿Cuándo?

Adrian inclinó la cabeza hacia ella.

—Cuando deje de mirarme como si estuviera a punto de despedirse de mí.

Evelyn sintió que el corazón se le detenía.

No podía saberlo.

No podía imaginar lo cerca que estaba de la verdad.

Y, aun así, había percibido su miedo.

—No voy a despedirme de usted —dijo ella.

Adrian sostuvo su mirada.

—Más le vale, Lady Evelyn. Todavía me debe una explicación sobre ese beso.

A pesar de todo, Evelyn sonrió.

—Creí que había sido usted quien me besó.

—Tengo una memoria excelente.

—Entonces recordará que no pareció lamentarlo.

—No he dicho que lo lamentara.

—Qué alivio.

Adrian le rozó los nudillos con los labios antes de conducirla de regreso al salón.

El gesto fue discreto, casi imperceptible para los demás.

Pero Evelyn sintió que aquel pequeño beso le dolía más que cualquier amenaza.

Porque, por primera vez desde que había recibido su segunda oportunidad, tenía algo que perder.

Y no estaba dispuesta a perderlo.

El baile continuó como si nada hubiera ocurrido.

Los músicos comenzaron una nueva pieza, las parejas ocuparon el centro del salón y los invitados retomaron sus conversaciones.

Sin embargo, Evelyn ya no podía disfrutar de la velada.

Cada vez que levantaba la mirada, buscaba a Lord Whitmore entre los presentes.

No lo encontró.

En su lugar, distinguió a Lady Beatrice, la anciana que había afirmado reconocerla.

Estaba sentada junto a una columna, lejos de los grupos más numerosos. Sostenía su bastón con ambas manos y parecía observarla desde la distancia.

Cuando sus miradas se encontraron, la anciana hizo un gesto casi imperceptible.

Le indicó que se acercara.

Evelyn miró a Adrian, que conversaba con un consejero real.

—Volveré enseguida —le dijo.

Él la observó con desconfianza.

—¿Adónde va?

—A saludar a Lady Beatrice.

Adrian miró hacia la anciana.

—¿La conoce?

—No. Pero parece querer hablar conmigo.

—Entonces iré con usted.

—Adrian, solo voy a conversar con una anciana.

—Una anciana que casi se desmaya al verla.

Evelyn tuvo que reconocer que tenía razón.

—No se preocupe. Si intenta asesinarme con su bastón, gritaré.

Él no sonrió.

—No me parece divertido.

La expresión de Evelyn se suavizó.

—Lo sé. Pero necesito hablar con ella.

Adrian dudó unos instantes.

Finalmente, asintió.

—No se aleje de esta sala.

—De acuerdo.

Evelyn cruzó el salón y se acercó a Lady Beatrice.

La anciana la esperaba con el rostro tenso.

—Gracias por venir —murmuró.

—¿Qué sabe de mí?

Lady Beatrice miró a su alrededor antes de responder.

—Mucho menos de lo que debería.

—¿Qué quiso decir cuando afirmó que yo había muerto?

La anciana cerró los ojos.

—Porque vi su retrato en una colección privada. El retrato de una mujer que llevaba su nombre y su rostro.

Evelyn sintió un escalofrío.

—¿Cuándo?

—Hace algunos años. El retrato pertenecía a una familia que afirmaba descender de los Ashbourne. La mujer pintada en él tenía el cabello blanco y los ojos de una persona que había visto demasiado.

Evelyn dejó de respirar.

Una mujer anciana.

Su propio rostro.

La imagen de su vida anterior.

—¿Dónde está ese retrato? —preguntó.

Lady Beatrice negó lentamente con la cabeza.

—Desapareció después de la muerte de su propietario.

—¿Quién era?

—Lord Henry Ashbourne. Un pariente lejano de su familia.

Evelyn sintió que las piezas comenzaban a encajar de una forma aterradora.

No sabía cómo un retrato suyo podía existir antes de que ella hubiera vivido aquella vida. Tampoco sabía por qué una anciana de la corte lo había visto.

Pero comprendía que alguien llevaba años siguiendo un rastro que ella ni siquiera sabía que había dejado.

—¿Y qué tiene que ver Adrian con todo esto? —preguntó.

Lady Beatrice la miró con una tristeza inesperada.

—Su madre creía que usted podía salvarlo.

Evelyn sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Eso no tiene sentido. Eleanor de Blackthorne murió mucho antes de que yo naciera.

—Lo sé.

—Entonces, ¿cómo pudo escribir sobre mí?

Lady Beatrice apretó los labios.

—Porque Eleanor no fue la única que recibió una advertencia sobre su regreso.

El corazón de Evelyn comenzó a golpearle el pecho.

—¿Mi regreso?

La anciana pareció arrepentirse de haber hablado.

—Escúcheme con atención, querida. No sé cómo ocurrió. No sé si fue una bendición, una maldición o una crueldad del destino. Pero sé que existen documentos que mencionan a una mujer que viviría dos veces y que, en su segunda vida, tendría la oportunidad de cambiar el destino de un hombre condenado a morir.

Evelyn se quedó helada.

La carta.

Si has vuelto, significa que todavía estás a tiempo de impedir que Adrian muera.

—¿Quién escribió esos documentos? —preguntó.

Lady Beatrice abrió la boca.

Pero una voz masculina interrumpió la conversación.

—Lady Beatrice.

Ambas mujeres se volvieron.

Lord Sebastian Whitmore estaba de pie detrás de ellas.

Su rostro había perdido toda expresión amable.

—Creo que ya ha dicho demasiado.

La anciana se puso rígida.

—No tiene derecho a ordenarme silencio.

—Quizá no. Pero debería recordar lo que ocurrió la última vez que alguien intentó revelar esos secretos.

Lady Beatrice palideció.

Evelyn sintió una oleada de indignación.

—No vuelva a amenazarla.

Lord Whitmore la miró con una calma que resultaba mucho más inquietante que la ira.

—No la estoy amenazando, Lady Evelyn. Estoy intentando evitar que cometa el mismo error que su predecesora.

—¿Mi predecesora?

Él inclinó ligeramente la cabeza.

—La mujer que usted será si fracasa.

Antes de que Evelyn pudiera responder, Adrian apareció a su lado.

—Lord Whitmore, ha llegado el momento de que me explique qué está ocurriendo.

El hombre se volvió hacia él.

—Su Excelencia.

—Le he hecho una pregunta.

Lord Whitmore miró a Evelyn y después a Adrian.

Por un instante, pareció debatirse entre hablar y guardar silencio.

Finalmente, sacó un pequeño documento del bolsillo interior de su chaqueta.

—Hay algo que ambos deben saber.

Adrian tomó el papel.

Lo leyó en silencio.

Y Evelyn vio cómo su expresión se transformaba.

—¿Dónde encontró esto? —preguntó él.

—En los archivos privados de su padre.

—Es imposible.

—Eso mismo pensé cuando lo encontré.

Adrian volvió a leer el documento.

Evelyn se acercó para mirar por encima de su hombro.

En la parte superior aparecía una fecha: 17 de octubre de 1816.

Debajo, una lista de nombres.

Eleanor de Blackthorne.

Thomas Ashbourne.

Beatrice Langford.

Y un cuarto nombre que había sido tachado con tanta fuerza que el papel estaba casi roto.

Sin embargo, todavía podían distinguirse algunas letras.

Adrian de Blackthorne.

Evelyn sintió que el corazón se le encogía.

—¿Por qué aparece su nombre en un documento fechado antes de su nacimiento? —susurró.

Adrian no respondió.

Lord Whitmore lo hizo por él.

—Porque ese documento no fue escrito en 1816.

Los tres guardaron silencio.

—Fue encontrado entre las pertenencias de su padre —continuó el hombre—, pero la tinta, el papel y la caligrafía corresponden a una época posterior.

—¿A qué época? —preguntó Evelyn.

Lord Whitmore la miró directamente.

—A una fecha que todavía no ha ocurrido.

Adrian ordenó que abandonaran el baile antes de que terminara la siguiente pieza.

La excusa oficial fue que Evelyn se encontraba indispuesta. Nadie se atrevió a cuestionar la decisión del duque, aunque los murmullos los siguieron hasta la salida.

En el carruaje, Adrian permaneció en silencio durante varios minutos.

Evelyn observaba el documento que él sostenía entre las manos.

No sabía qué pensar.

La idea de que alguien pudiera escribir sobre el futuro ya era inquietante. Pero la posibilidad de que existiera un documento relacionado con una fecha que todavía no había ocurrido parecía desafiar todo lo que conocía del mundo.

Finalmente, Adrian habló.

—Necesito que me diga qué le entregó Whitmore.

Evelyn cerró los ojos.

Había llegado el momento.

No podía seguir escondiéndose detrás de medias verdades mientras el hombre que amaba caminaba hacia un peligro que parecía conocerlo desde antes de su nacimiento.

—Una carta.

—¿Qué decía?

Ella respiró profundamente.

—Que si había vuelto, todavía estaba a tiempo de impedir que usted muriera.

Adrian se quedó inmóvil.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé.

—Evelyn.

—Le juro que no lo sé. Solo sé que la carta estaba escrita con mi letra.

Adrian frunció el ceño.

—¿Su letra?

—Sí.

Ella sacó el sobre y se lo entregó.

Él lo abrió, leyó la frase y volvió a mirarla.

—Esto es una amenaza.

—Eso pensé al principio.

—¿Y ahora?

Evelyn sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Ahora tengo miedo de que sea verdad.

Adrian dejó la carta sobre el asiento y tomó sus manos.

—Escúcheme. No sé quién ha escrito esto ni qué pretende conseguir. Pero no voy a permitir que un desconocido decida nuestro futuro.

Nuestro futuro.

Evelyn bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas.

—¿Y si no podemos cambiarlo?

Adrian le levantó suavemente el mentón.

—Entonces lo enfrentaremos juntos.

Ella lo miró a los ojos.

—¿Incluso si descubre algo de mí que no comprende?

Adrian frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué podría descubrir?

Evelyn abrió la boca.

Estuvo a punto de contárselo todo.

Que había muerto a los setenta y seis años.

Que había despertado de nuevo en el cuerpo de una muchacha de dieciocho.

Que recordaba una vida entera que todavía no había ocurrido.

Que, en otra existencia, había elegido a un hombre distinto y había pagado por aquella decisión durante décadas.

Y que él, Adrian, había sido el hombre al que rechazó sin comprender que quizá era la única persona capaz de ofrecerle el amor que siempre había deseado.

Pero las palabras no salieron.

Todavía no.

—Tengo miedo de perderlo —confesó en cambio.

La expresión de Adrian se suavizó.

Durante un instante, pareció olvidarse de la carta, del documento y de los secretos que los rodeaban.

Solo existía Evelyn.

—No voy a abandonarla.

Ella dejó escapar una risa temblorosa.

—No puede prometerme algo así.

—Puedo prometerle que no huiré de usted cuando las cosas se compliquen.

Adrian levantó una de sus manos y besó sus nudillos.

—Y puedo prometerle otra cosa.

—¿Cuál?

—Que, si alguien intenta hacerle daño, tendrá que enfrentarse a mí primero.

Evelyn apoyó la frente contra su hombro.

No sabía si el destino podía cambiarse.

No sabía si una carta podía predecir una muerte.

Pero, mientras Adrian la abrazaba, decidió que no permitiría que el miedo le arrebatara aquella segunda oportunidad.

No otra vez.

Cuando llegaron a la residencia, un criado los esperaba junto a la puerta.

—Milord, ha llegado un paquete para usted.

Adrian se detuvo.

—¿Quién lo ha entregado?

—Un mensajero de palacio. Dijo que debía entregárselo inmediatamente.

El criado le tendió una caja pequeña, envuelta en papel oscuro y atada con una cinta azul.

Evelyn sintió un escalofrío.

La misma cinta que habían encontrado alrededor de las cartas de Eleanor.

Adrian desató el paquete.

Dentro había un cuaderno antiguo, varias hojas sueltas y una fotografía que parecía demasiado extraña para pertenecer a aquella época.

Evelyn se acercó.

La imagen mostraba a una mujer anciana sentada en un sillón, con un vestido sencillo y el cabello completamente blanco.

Su rostro era inconfundible.

Era ella.

La Evelyn de setenta y seis años.

La mujer que había muerto sola en su primera vida.

Debajo de la fotografía había una nota.

Adrian la leyó en voz alta, pero su voz se quebró antes de terminar.

—«Para Evelyn Ashbourne. Si has recibido esto, significa que la segunda oportunidad no ha sido suficiente».

Evelyn sintió que las piernas le fallaban.

Adrian la sostuvo antes de que cayera.

Ella apenas podía respirar.

Porque al dorso de la fotografía había una última frase, escrita con aquella misma letra que conocía mejor que ninguna otra.

Una frase que había escrito durante los últimos días de su vida anterior, en un diario que creía haber dejado atrás para siempre.

«Adrian de Blackthorne morirá el día de nuestra boda».

Y debajo, una fecha.

La fecha exacta en la que habían acordado casarse.

___________🌸

1
Dayana Fuchs
👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀

Que abra pasado???

Quede en suspenso.

😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳
Dayana Fuchs
🤯🤯🤯🤯🤯🤯🤯🤯🤯🤯🤯🤯🤯
Oooooooo por Diosssssssssssssssssss.

Esto está buenísimo cada capítulo es excelente.

En 1 momento si imagine que el otro Adrián era su hermano gemelo.

Me super encanta todos esos secretos que pico a poco van saliendo a la luz.
Dayana Fuchs
👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀

Oooooooo cielos.

En esa casa aparecen y desaparecen los muertos como si de vivos se tratara y en los momentos más oportunos.

😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳😳

Me encanta la Historia

👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌
Dayana Fuchs
Me super, encanta esta novela, me tiene en constante suspenso y eso me fascina.

🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣

Me volví masoquista.

😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁
🌸SugarBloom🌸: Amo que te encante gracias por leerla😊😊
total 1 replies
Dayana Fuchs
😮😮😮😮😮😮😮😮😮😮😮😮😮
Oooooooo, vaya, hasta a mi me picó la super curiosidad por saber que ahy detrás se esa puerta.

👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀
Dayana Fuchs
Me parece super interesante la personalidad del Duque.

😊😊😊😊😊😊😊😊😊😊😊😊
Dayana Fuchs
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣

Me encanta Margaret,.

😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁
Anonimus✨
Aaah que interesante😊
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