Dos años pasaron y finalmente los Guardianes se volvieron a reunir luego de todo este tiempo.
*Segunda parte de Guardianes de la Luna: Reliquias de Selene
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Prólogo
AERYN
Había llegado a las catacumbas de la luna y la serpiente. Era un lugar oscuro. Húmedo y con un peculiar olor a humedad y sangre. El suelo era de piedra, las paredes también. En ellas colgaban antorchas que emitían un fuego azul que iluminaba el camino.
Llegado gracias al mapa que conseguí gracias a un hombre llamado Satoshi. Un hechicero maestro de títeres legendario. Era conocido por crear con pocos elementos y algo de magia. Títeres peligrosos y con armas envenenadas. Fue complicado vencerlo, pero al final lo conseguí.
—Dmitri...—Apenas pude decir. Allí estaba él. Mirándome con esos ojos grises que reflejaban hostilidad y desdén. Los mismos que vi por última vez hace dos años. Su cabello era más largo y estaba sujeto en una coleta simple.
Dos años desde aquella pelea en la que terminé perdiendo. Y por ende a él también.
Mis manos temblaban tanto que era apenas capaz de sostener mi daga. Él me miró con curiosidad y con una mezcla de incertidumbre e incredulidad que inmediatamente fue sustituido por una mirada indiferente y llena de desdén.
Solo eso. Él ni siquiera se inmutó al verme, pero mi bruja interior me gritaba que me fuera y realmente quería hacerlo, sin embargo, mi cuerpo no reaccionaba físicamente. Mi mente me decía que huyera también, pero no pude hacerlo.
Y eso lo hizo sonreír. Una sonrisa pequeña, burlona y apenas perceptible. Me miró como si yo fuera todo menos una persona.
Se acercó a mí, con calma. Sin motivo alguno para apresurarse. Podía oír los latidos desesperados de mi corazón en mis oídos. Mi respiración era agitada, entrecortada. Pero eso solo lo pareció divertir aún más.
Sin darme cuenta él estaba frente a mí. Mirándome con curiosidad y algo más que no pude descifrar esos ojos grises afilados como cuchillas. Me tocó el rostro con la yema de sus dedos. Eran ásperos y fríos al tacto, pero extrañamente confortante. Tragué saliva nerviosa. Me quitó la daga y la enfundó de nuevo en mi cinturón. Después tomó mi rostro con suavidad. Con ambas manos.
—No debiste venir...—Me dijo con voz profunda. Empezó a acariciar mi cabello que ahora era corto por arriba de los hombros.
—No me daré por vencida—Dije con decisión. Él se rio. Su risa resonó por todo el lugar.
—No sabes en lo que te estás metiendo, Aeryn.
—Sé muy bien en lo que me estoy metiendo...—Respondí con firmeza—Y no me voy a rendir.
—Eres muy testaruda...—Me atrajo hacia él y me besó. Fue un beso profundo, cargado de deseo y posesión. Me dejé llevar, no pude evitarlo y simplemente dejé que me besara. Y yo él. Rompimos el beso, ambos respirábamos agitados, deseosos de seguir.
—¿Qué demonios...?—Apenas pude decir cuando volvió a besarme, levantándome del suelo acorranlándome contra la pared de piedra y sujetando mis cadera atrayéndome más hacia él. Con más deseo, desesperación y un placer que no encajaba con el hombre que tenía frente a mí. Solo pude suponer que era por nuestra conexión como Mates.
Apenas separamos nuestros labios y entonces se acercó a decirme algo en el oído.
—Nos volveremos a encontrar...—No entendía nada y cuando quise decir algo.
Ese momento se vio interrumpido por pasos apresurados. Me atrajo hacia él. Choqué contra su pecho. Miramos de reojo. Era Jayden y el Capitán Heiner buscándome.
—¡Aeryn!—Gritó Jayden.
—¿Dónde se metió?—Murmuró el Capitán—¿Estás seguro de que se fue por aquí?—Le preguntó a Jayden.
Estaba por salir, pero Dmitri me detuvo. Me sujetó con fuerza de la cintura atrayéndome hacia su pecho firme y esperó a que se fueran. Finalmente, me soltó y salimos de nuestro escondite.
Dmitri me miró y con voz profunda y fría dijo:
—Vete de aquí—Estaba por responder cuando un estruendo hizo temblar el suelo.
Corrimos. Buscando donde provenía ese estruendo. Dmitri seguía empeñado en que me fuera, pero en ese momento nada me importó más que saber qué estaba pasando.
Llegué a la fuente y lo que vi me dejó sin aliento.
—Ay diosa mía...—Apenas pude decir.
Jayden y Cedric estaban peleando a muerte. El Capitán Heiner estaba peleando contra Damien usando cada hechizo y golpe contra él, pero apenas lograba mantenerse en combate. El Capitán no lo iba a tener fácil. Y entonces una figura oscura me tomó por detrás y me atacó. Peleamos con ferocidad, una violencia y fuerza absurda que de no haber sido por mi entrenamiento con Tinasha estaría muerta en un segundo.
Vi el rostro de la persona. Era...
—Liliana...—Apenas pude decir antes de ser derribada contra el suelo de piedra y destruyendo en pedazos una pared completa. Me levanté y ahí me enfurecí. Los golpes que di fueron directamente a sus puntos de presión, esta desgraciada jamás volvería a pelear como era debido.
Bloqueé sus puntos de presión que la hicieron caer en menos de un minuto tras haber recibido varios golpes en mi costado que casi me dejan sin respirar. Apenas cayó al suelo, seguí peleando y en ese momento miré en dirección a Jayden este soltó un grito desgarrador.
Me cubrí los oídos, pero aun así el sonido fue ensordecedor y lo sentí vibrar bajo la piel.
—¡Maldita sea!—Cuando el sonido paró. Dmitri, Liliana, Damien y Cedric habían huido.
Después de eso supe que esta misión que nos había sido asignada por Tinasha...
Había sido un completo fracaso...