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Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / CEO / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Traicionada por quienes más amaba y reducida a la nada, Angie huye de su vida anterior con el corazón roto y sin un centavo. La única mano extendida es la de Roberta, su amiga de toda la vida, que la acoge en su hogar sin hacer preguntas. Allí, Angie conoce al padre de su amiga: Lucian, un hombre imponente, millonario, de mirada profunda y carácter inquebrantable.

Entre ellos surge algo imposible de callar: un deseo abrasador, una conexión que quema cada encuentro, aunque el secreto los condene. Cuando la verdad sale a la luz, la culpa y el miedo la empujan a huir. Pero Lucian no está dispuesto a dejarla ir: la retiene, no como prisionera, sino como la mujer que posee su alma. Ahora Angie deberá elegir: ¿la lealtad que le debe a su amiga, o el deseo que la consume junto al hombre prohibido?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El primer beso

Salí de la biblioteca sin saber cómo había llegado al jardín. El aire fresco me golpeó el rostro, pero no logró apagar el fuego que sus palabras habían encendido dentro de mí. Las nubes se amontonaban oscuras y pesadas sobre el cielo, y el viento agitaba las copas de los árboles como si reflejara mi propia tormenta interna. Caminé sin rumbo, con las manos temblorosas, repitiéndome que debía huir, que aquello estaba mal… pero mis pies no me llevaban hacia la puerta. Me llevaban hacia él.

Los primeros goteros cayeron suaves, antes de convertirse en una lluvia densa y repentina que empapó mi ropa en segundos. No me importó. Seguí avanzando, hasta que sentí su mano rodearme la muñeca y detenerme.

—Te vas a enfermar —dijo Lucian, pero su voz no era de reproche. Era la voz de quien ha encontrado lo que buscaba.

Giré hacia él bajo la cortina de agua. La lluvia le resbalaba por el cabello oscuro, por la frente, bajaba por su mandíbula firme y se perdía en la camisa pegada a su pecho. Me miró con esos ojos que ya no intentaban ocultar nada, y en ese instante supe que no había marcha atrás.

—No me importa —susurré—. No me importa nada si estoy con usted.

Dio un paso hacia mí, acortando la distancia que nos separaba.

—No deberías estar aquí. No debería desearte con esta locura.

—Entonces aléjeme —reté, con la respiración agitada—. Dígame que se va y lo haré.

No lo dijo. En su lugar, me tomó por la cintura y me atrajo hacia su cuerpo con una fuerza contenida. Sus manos, firmes y cálidas a pesar del frío de la lluvia, me recorrieron la espalda, anclándose en mi cintura como si temiera que me desvaneciera entre sus brazos.

—No puedo —confesó, con la voz rota—. Lo he intentado. Y no puedo.

Y entonces, sus labios se encontraron con los míos.

No fue un roce suave ni dudoso. Fue un beso con hambre, desesperado, como si ambos hubiéramos estado esperando toda la vida ese instante. Sus labios se apoderaron de los míos con una intensidad que me dejó sin aire, posesivo y tierno a la vez, como si quisiera devorarme y protegerme al mismo tiempo. Me besó despacio y con fuerza, explorando cada rincón de mi boca, y yo respondí sin resistencia, perdiéndome en el sabor de su piel, en el calor de su aliento, en la certeza de que nada volvería a ser igual.

Sus manos subieron por mi espalda, enredándose en mi cabello, atrayéndome más cerca, hasta que no quedó ni un milímetro de espacio entre nuestros cuerpos. Sentí el latido de su corazón contra el mío, rápido y desbocado, al mismo ritmo que el mío. La lluvia caía sobre nosotros, empapándonos, pero no sentía frío. Solo sentía el fuego que él encendía en cada roce, en cada suspiro que compartíamos.

Me acarició la mandíbula, el cuello, bajó su mano hasta mi cintura y me estrechó con tanta posesividad que me hizo sentir suya, completamente suya, sin reservas, sin secretos. Cuando separó sus labios de los míos, no se alejó. Se quedó con la frente apoyada en la mía, respirando entrecortadamente, igual que yo.

—Eres mía, Angie —murmuró contra mis labios—. Lo sabías desde el primer día. Y ahora también tú lo sientes.

Asentí, sin fuerzas para negarlo, sin ganas de mentir.

—Suya —susurré—. Desde siempre, sin saberlo.

Me besó de nuevo, con más calma esta vez, pero con la misma intensidad profunda que me recorría entera. Me recorrió los labios con la lengua, despacio, saboreándome, y yo me aferré a sus hombros, temblando de emoción y de miedo, de deseo y de algo que se parecía demasiado al amor. En ese beso no había solo pasión: había reconocimiento, como si nuestras almas se hubieran buscado durante años y por fin se hubieran encontrado.

La lluvia seguía cayendo, lavando el pasado, las dudas, la culpa… dejando solo lo que éramos en ese instante: dos personas que no podían evitar amarse, aunque el mundo se opusiera.

Cuando nos separamos por fin, mis piernas apenas me sostenían. Me miró a los ojos, acariciándome la mejilla con el pulgar, secando una lágrima que se mezclaba con el agua de la lluvia.

—No te arrepientas —me pidió, con voz suave pero firme—. Sea lo que sea que venga, no te arrepientas de esto.

Lo miré, con el corazón desbordado, y supe que no podría. Aunque todo se derrumbara, aunque perdiera a todos, no me arrepentiría de haberlo besado.

Pero entonces, un ruido en el camino de entrada me hizo sobresaltar: el motor de un coche, cercano. Roberta.

Nos separamos de golpe, como si la realidad nos golpeara de lleno. Lucian me tomó la mano un instante, apretándola con fuerza, antes de soltarla lentamente.

—Ve —susurró—. Antes de que nos vean.

Corrí hacia la casa, con el vestido empapado, el corazón a mil por hora y los labios aún ardiendo por el recuerdo de su beso. Subí a mi habitación sin hacer ruido, me encerré y me apoyé contra la puerta, sin poder creer lo que acababa de suceder. Éramos culpables. Éramos imposibles. Y sin embargo, lo haría de nuevo.

1
Rocio Garcia
mmmm diferente 🤭👏
karencitha
si fuera Roberta no los perdono a los dos tomo mis cosas y me voy haga de cuenta que están muertos para mi 😡
Tere Jimenez
muy interesante el capítulo gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tus capitulos
Tere Jimenez
muy interesante la novela ojalá y nos regales más capitulos felicidades
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