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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

ISMAEL

Isa subió a dejar la maleta a su habitación, pero se estaba tardando bastante. Vicky decidió ir a ver el motivo de la tardanza mientras yo me quedaba conversando plácidamente con mis viejos amigos, disfrutando de unas copas de vino e intentando descifrar cuál sería el regalo perfecto para la celebración de su mayoría de edad.

—Muchachos, no sé qué darle a Ismara —admití, sirviendo un poco más de vino para todos—. Ilumínenme para darle un detalle que le guste mucho. ¿Qué opinan de perfumes, ropa, zapatos, un día de SPA o un viaje al país que desee conocer?

—No creo que eso sea lo que más le llame la atención a ella —opinó Agus, tomando serenamente un trago de su copa.

—¿Otra caja de herramientas full equipada de las marcas Snap-on, Mac Tools, Facom, Stahlwille y Hazet personalizada? Ja, ja... olvídalo, que esa ya se la compré yo hace seis meses y está de lujo para mi aprendiz de mecánico profesional —acotó Pablo entre risas.

—Entonces ayúdenme a pensar qué le puedo comprar...

—¿No se te ha ocurrido que quizás le gustaría un auto? —soltó con total seguridad Raúl, el más veterano de mis amigos y quien me conoce de casi toda la vida.

—¿Qué?

—Sí, un automóvil. Es joven, bella y a partir de mañana será mayor de edad. ¿O acaso crees que con lo increíblemente hermosa que es mi sobrina no va a aparecer dentro de poco un hombre que la quiera pretender? Y no me refiero al mocoso de su amigo, que la adora como a una hermana pequeña y solo la quiere proteger, sino a alguien que quiera llevarla a su casa. ¿O pretendes que dependa de alguien? ¿Acaso ya olvidaste todo lo que puede suceder en esos famosos actos de caballerosidad entre los jóvenes? —cuestionó, sorbiendo su copa mientras negaba con la cabeza.

—No, no, no... ni pensarlo. Creo que tienes razón, Raúl, pero... ¿cuál preferiría ella?

Ahí comenzó la lluvia de ideas de sus tíos, llenos de emoción:

—El Koenigsegg Jesko Absolut —propuso Agus.

—No, no, no... el SSC Tuatara, un Hennessey Venom F5 o el Bugatti Chiron Super Sport 300+ —intervino Pablo.

—Ummm... ¿por qué solo me están dando ejemplos de autos extremadamente veloces? —pregunté, frunciendo el ceño—. ¿Qué se traen entre manos, viejos alcahuetes?

—Ja, ja, ja... A este ya se le olvidó de quién es hija mi pequeña sobrina, o que tú eres su abuelo —se burló Raúl—. El mismo que trabajó todo un verano en un crucero muy lejos de casa a los catorce años para ahorrar y comprarse su primer Porsche 911 Turbo, además de andar saltando de camarote en camarote con cuanta dama o señora divorciada se le cruzara...

—Con el que conseguí el dinero suficiente para pagarme la universidad, empezar mi taller y llegar a ser quien soy hoy, no lo olvides, Raúl. Aunque no hablen tan fuerte de ese tema de mi pasado; correr en carreras clandestinas no es algo de lo que me sienta orgulloso. Y sobre lo que dices de los camarotes... los caballeros no tenemos memoria, así que no sé a qué te refieres. Pero ¿qué tiene que ver todo eso con mi nieta?

—Tú no eres más bruto porque no eres más grande —me soltó Pablo—. ¿Acaso no la has visto cuando estamos trabajando? ¿No has notado cómo le brillan los ojos al ver los autos modificados para ser más veloces en la pista? Lo hace con la misma fascinación con la que lo hacías tú de joven... o como lo hacía tu hijo, que en paz descanse.

—Ummm... pero ella aún no conduce, Polo.

—Eso es lo que tú crees, Ismael —dijo Agus con tono misterioso.

—¿A qué se refieren? ¿Por qué me están mirando así? —inquirí, sintiendo cómo un frío lúgubre me recorría la espalda.

—Ella es la mejor piloto que jamás hemos visto. Tiene un talento innato excepcional, uno que ni siquiera Santi llegó a tener a su edad —mencionó Raúl junto a Pablo, mientras Agus asentía con la cabeza confirmando sus palabras.

—¡¿Qué demonios están diciendo?! —exclamé, sintiendo la rabia hervir en mi pecho—. ¿Cómo es eso de que Ismara conduce?

—Desde los nueve años —reveló Pablo—. Maneja mejor que un corredor profesional de Fórmula 1, y no te ha dicho nada porque tiene pánico de cómo vayas a reaccionar.

Levanté una ceja, clavando una mirada asesina en los tres.

—¡No digan eso ni de broma!

Antes de que pudiera reclamarles más, vi que Vicky e Isa venían bajando las escaleras. Sin embargo, la seriedad en sus rostros me indicó de inmediato que algo andaba mal. Tomaron asiento sin pronunciar palabra. Durante la cena, Isa apenas probó la comida que es su favorita y estuvo jugando con ella hasta que se disculpó diciendo que estaba cansada por el viaje y subió a su cuarto.

Los muchachos también percibieron el ambiente tenso, por lo que terminaron de cenar a toda prisa y se retiraron llenos de excusas:

—Gracias, Vicky, todo estuvo muy sabroso, pero hoy tengo que cuidar al perrito de la vecina, que está resfriado... —dijo Agus.

—Yo también me tengo que ir porque me acaban de avisar que se rompió una tubería en el asilo de ancianos donde soy voluntario... —añadió Pablo.

—Perdón, yo también me disculpo porque me ofrecí a llevar a este par de idiotas... —concluyó Raúl.

—Con gusto. Se van con cuidado, muchachos —respondió Vicky.

—Gracias, buenas noches...

En cuanto se fueron, me acerqué a Victoria para abrazarla por la espalda y besar su cuello, notando lo rígida que estaba.

—¿Ocurre algo?

—Ummm...

—¿Pasó algo arriba con Ismara? —pregunté, girándola suavemente para mirarla a los ojos.

—No, no, no... —respondió, evadiendo mi mirada.

—¿Estás segura, cariño?

—Sí, sí. Disculpa, voy a terminar de recoger la mesa... —dijo, mostrándose completamente retraída, como si algo la estuviera mortificando.

Algo no me cuadra aquí. ¿Me estará diciendo la verdad o solo la está cubriendo porque siempre lo ha sabido?

—¿Por qué me estás mirando así, Isma? Son ideas tuyas, todo está bien con Isa; solo estaba cansada por el viaje.

—Vicky... ¿tú sabías que Ismara conduce desde los nueve años?

En cuanto terminé de decir eso, a Vicky se le resbalaron los platos de las manos, estrellándose contra el suelo en mil pedazos.

—¡¿Qué?! —exclamó, inclinándose aterrada para recoger los vidrios.

—¡Deja eso, mujer! ¡Te vas a cortar! —me acerqué rápidamente para levantarla del suelo—. ¡¿Qué es lo que está pasando, Vicky?! ¡¿Qué me estás ocultando?!

—¡Nada!

—¡No te creo! Cuando bajaste con Ismara, los rostros de las dos estaban desencajados. Ella ni siquiera comió y tú tampoco. Dime qué pasa, por favor...

—¡Nada! Voy por la pala y la escoba para recoger este desastre...

—¿Es acaso que tú también lo sabías?

—¡No! No tenía idea, te lo juro, Ismael...

—¡No me estás ocultando nada, verdad!

—¡¡¡No!!! —gritó, retirándose hacia la cocina sin decir una sola palabra más.

Caminé hacia el estudio, me serví un vaso de tequila y me llevé la botella entera al escritorio. Las palabras de Raúl y los demás no dejaban de retumbar en mi cabeza: «La mejor piloto... Ni Santi... Desde los nueve años mejor que un profesional de Fórmula 1.»

—¡No puede ser! ¡¡¡Ella no!!! —gruñí para mis adentros.

Seguí bebiendo como no lo hacía desde hacía muchísimos años, hasta que caí rendido sobre el escritorio. No sabría precisar la hora en la que Victoria me encontró y me ayudó a subir a la habitación...

—¡Ella no, Vicky! ¡Ella no! —balbuceaba entre la bruma del alcohol.

—Tranquilo, Ismael, descansa... —murmuraba ella con suavidad.

Una vez en la cama, la mente me arrastró a un terreno oscuro. Empecé a soñar con la violenta discusión que tuve hace tanto tiempo con mi hijo en aquella maldita competencia... solo que esta vez no era Santiago; era Ismara la que yacía muerta en el auto en llamas tras la explosión.

Me desperté de golpe, asustado y bañado en sudor.

—¿Qué ocurre, Ismael? —preguntó Vicky, sujetando suavemente mi brazo.

—Tuve una pesadilla horrible con Isa... La vi muerta.

—Ella está bien, solo duerme en su habitación. Pero ¿por qué volviste a beber como cuando Santi murió?

—No lo sé... Creo que lo que me dijeron los muchachos me perturbó más de lo que quisiera...

—¿Qué te dijeron para inquietarte tanto?

—¡Que Ismara conduce como una piloto profesional de Fórmula 1 desde los nueve años! Y que tiene un talento aún mayor del que tuvo Santiago...

—¿Y por qué te preocupa eso?

—No lo sé... ¿En verdad tú no sabías nada?

—No, te juro que me sorprendió tanto como a ti. Pero mejor intenta dormir...

Volví a acostarme, pero el sueño se había esfumado por completo. Me levanté, tomé una ducha rápida y bajé a hacer ejercicio para intentar sacar la espantosa resaca y despejar mi mente, sabiendo que el amanecer estaba a solo unos minutos de llegar.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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