Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Antes de decir adiós
Louis llevó a los niños hasta la habitación.
Allí estaba su madre, sentada y algo débil, pero con una cálida sonrisa.
Al verlos, su rostro se iluminó.
—¡Abuela! —exclamó Leo mientras entraba de la mano de Erica.
La mujer sonrió emocionada.
—Mis niños... Mucho gusto.
Se acercó y les dio un beso a cada uno.
—Mucho gusto. Yo soy Leo Torres y tengo cinco años —se presentó el pequeño.
—Y yo soy Erica. Tengo tres años —dijo ella con una sonrisa.
La señora sonrió al verlos.
—Son tan lindos los dos.
Miró a Leo con atención.
—Aunque, Leo, debo decir que eres realmente parecido a mi Louis y a Jacob cuando eran niños.
Le despeinó el cabello.
—¿Tú crees? —preguntó Leo con curiosidad.
—Claro, mi niño hermoso.
Después miró a Erica.
—Y tú, Erica, eres igual de bonita.
Louis se quedó observando la escena.
No sabía qué decir.
Su madre estaba conociendo a sus dos nietos.
—Bueno... no sabría qué decir —sonrió ella
—Quizás se parece más a la familia de mi esposa —comentó Louis.
—Seguro debe ser así.
Su madre volvió a mirar a los niños.
—¿Y dónde están las mamás de estas bellezas?
—Están abajo.
Louis salió para buscarlas.
Sin embargo, Agustina había subido al piso de arriba para ir al baño.
Al salir, vio una habitación y la curiosidad la llevó a acercarse.
—¿Hola? —preguntó.
Entró y encontró a los niños junto a su abuela.
Erica bajó de la cama y corrió hacia ella.
—Ven.
La tomó de la mano y la llevó frente a la señora.
—Ella es mi abuela —dijo con una sonrisa.
La mujer miró a Agustina.
—Oh... qué bonita eres.
Le tomó la mano.
Agustina quiso hablar, pero la mujer continuó.
—Mi hijo tiene suerte de que tú seas su esposa.
Agustina abrió los ojos sorprendida.
—Yo...
Antes de poder terminar, Louis entró acompañado de Carolina.
—Mamá, no. Ella es la mamá de Leo.
Señaló a Agustina.
—Ella es mi esposa.
La señora volvió a mirar a Agustina.
—Perdón, señorita. Pensé que eras algo de mi hijo porque durante mucho tiempo me ayudaste.
Louis se quedó sorprendido.
—¿Agustina te ayudaba?
Su madre asintió.
—Sí. Muchas veces estuvo pendiente de mí.
Louis no pudo evitar preguntarse por qué no sabía aquello.
¿Acaso Agustina había seguido cuidando a su madre cuando él estaba en Estados Unidos?
Carolina se acercó y empujó ligeramente a Agustina para ponerse junto a la señora.
—Suegra —dijo mientras tomaba su mano—, pronto voy a cuidar de su hijo porque yo soy su esposa.
La señora sonrió.
—Me alegro de que mi hijo haya encontrado una esposa.
Carolina levantó un poco la voz.
—Claro, señora. Yo voy a cuidarlo. Tengo dinero, tengo todo lo necesario para que él no necesite mirar hacia otro lado.
Agustina apretó las manos.
No respondió.
Los niños se acercaron a ella y la abrazaron.
Erica le sonrió.
—¿Estás bien? —preguntó con curiosidad.
Agustina le devolvió la sonrisa.
—Sí, pequeña Erica.
La abrazó.
Horas después, los niños permanecieron junto a su abuela hasta que llegó la hora de irse.
Todos estaban afuera.
—¡Bueno, nosotros nos vamos! —anunció Agustína mientras tomaba a Leo de la mano.
Erica se acercó.
—Quiero ir con Leo.
Carolina la miró seriamente.
—¿A dónde vas?
—Mami, quiero ir con...
Erica dejó de hablar al ver la expresión de su madre.
Louis se dio cuenta.
—¿Qué le haces a la niña?
—Nada —respondió Carolina—. Además, todavía tenemos pendiente la boda.
Louis frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Pero tú me dijiste...
Louis tuvo que aceptar para evitar una discusión delante de los niños.
—¿Qué quieres hacer?
Carolina sonrió.
—Hay que adelantarla. No vas a querer que tu mamá no te vea el día de tu boda.
Tomó a Erica de la mano y se la llevó.
Louis se quedó mirando cómo Carolina se alejaba con la niña.
Después miró hacia su familia.
En otro lugar, Eric estaba con Evelyn comprando algunas cosas junto a su hijo, Esteban.
El niño señaló hacia otro lado.
—Papá, hay un niño que se llama Leo Torres. Es un tonto —dijo riendo.
Eric lo miró seriamente.
—Esteban, que sea la última vez que dices eso de ese niño.
El pequeño bajó la mirada.
Eric entonces miró a Evelyn.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Aquella noche no solo Juliana había participado para conseguir que Agustina terminara con Louis en la misma habitación.
Evelyn también había estado involucrada.
En la casa, Cristian estaba pensando en aquella mujer que había conocido.
De pronto, Andrés lo sacó de sus pensamientos.
—Oye, ¿estás bien? —preguntó con curiosidad.
Cristian reaccionó.
—Sí. No pasa nada.
En ese momento recibió un mensaje.
Lo leyó y su expresión cambió.
Era de aquellos antiguos hombres relacionados con los mafiosos.
Cristian se levantó y se fue hacia otro lugar.
Mientras tanto, Agustina abrió la puerta de la casa.
Leo entró rápidamente.
—Voy a buscar algo para comer.
Agustina asintió.
—Está bien.
Ella se sentó.
Poco después, Andrés sonrió.
—Hola, Agustina —sonrió.
Al verla, se levantó y fue hacia la cocina.
Allí encontró a Leo preparando un sándwich.
—Hola, Leo. ¿Qué le pasa a tu mamá? —preguntó con curiosidad.
El niño lo miró con tristeza.
—Andrés...
—¿Sí?
Leo bajó la voz.
—Tengo miedo.
Andrés se preocupó.
—¿Por qué, Leo?
El niño suspiró.
—Es que una mujer muy estirada va a ser mi madrastra.
Andrés lo miró sorprendido.
—Y sé que está mal querer meterme en la vida de mi papá, más ahora que está Erica.
Bajó la mirada.
—Pero tengo miedo.
Andrés se quedó callado.
Ya era de noche.
Agustina estaba en su habitación.
No estaba triste exactamente, pero todo aquello era nuevo para ella.
La madre de Louis se había acordado de que ella la había cuidado varias veces.
Agustina había deseado alguna vez ser la esposa de Louis.
Pero si él no se hubiera ido a Estados Unidos, quizás nada de aquello habría ocurrido.
De pronto, Andrés entró.
—Hola. ¿Cómo estás?
Se sentó a su lado.
—Leo me contó todo.
Agustina suspiró.
—Ese chismoso es igual que Cristian.
Andrés sonrió apenas.
—Y si es por Louis...
Agustina lo miró.
Andrés tomó sus manos.
—Agustina, ya no puedo verte así. Porque yo te amo.
Ella se quedó mirándolo.
—Tú me gustas. Siempre fue así y tú lo sabes.
Agustina retiró lentamente sus manos.
—Otra vez con eso, Andrés...
Lo miró seriamente.
—Hace cinco años que sigues con lo mismo. Yo no quiero. No estoy para una relación.
Andrés frunció el ceño.
—¿Ah, pero para estar detrás de Louis sí?
Agustina le dio una cachetada.
—¡Tú bien sabes que yo lo dejé ir porque él necesitaba otra vida! —dijo entre lágrimas—. ¿Qué iba a ganar quedándose aquí conmigo? ¿Acaso ves que tengo dinero?
Andrés permaneció en silencio.
—Vete, Andrés. No te quiero.
Él bajó la mirada y salió de la habitación.
Esa misma noche, Kevin y Louis caminaban por las calles frías.
La nieve caía lentamente mientras ambos llevaban un café en las manos.
—¿Qué pasa, amigo? —preguntó Kevin.
Louis suspiró.
—Es que mi mamá hoy confundió a Agustina con Carolina.
Miró hacia el cielo.
—Y después me dijo que Agustina la había ayudado.
Kevin lo escuchó en silencio.
—Desde que supe que Leo es mi hijo, quiero estar con ellos. Con Leo y con Erica.
Kevin lo miró seriamente.
—Amigo, te voy a decir algo: divórciate de esa molesta de Carolina.
Louis lo miró sorprendido.
—Amigo, ¿cómo puedes decir eso? ¿Acaso no es tu amiga?
Kevin negó con la cabeza.
—La verdad, me da igual. Es una molesta.
Hizo una pausa.
—Es más, yo que tú me haría una prueba de ADN. Carolina es demasiado astuta con todo lo relacionado con Erica.
Louis lo miró fijamente.
—¿Por qué piensas que Erica no es mi hija?
Kevin no respondió.
Solo lo miró.
—Viste los papeles. Leo sí es tu hijo. Pero Carolina ha sido muy meticulosa con todo lo relacionado con Erica. Aprovecha ahora que ella no está encima de la niña.
Louis suspiró.
—Supongo...
Volvió a mirar el cielo.
Una semana después, la mamá de Louis murió.
Louis estaba cerca de un árbol.
Miraba hacia el lugar donde tantas veces había visto a su madre.
—A ella le gustaba venir aquí siempre —dijo jacob.
Louis levantó la mirada.
—¿Cómo?
—Un tiempo, la mamá de Leo fue enfermera de mamá. Por eso me resultaba familiar.
Louis se quedó pensativo.
Entonces comprendió que Agustina había estado cerca de su madre incluso cuando él estaba lejos.
Agustina estaba esperando un autobús.
El frío era intenso.
De pronto, vio a Louis corriendo hacia ella.
—¡Agustina!
Él llegó hasta ella y la abrazó con fuerza.
Agustina se quedó quieta durante unos segundos.
No dijo nada.
Simplemente se dejó abrazar.
Porque en ese momento ambos habían perdido algo importante.
Y ninguno de los dos necesitaba palabras.