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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El inicio del juego

Valentina

La sesión fotográfica avanzaba mejor de lo esperado.

El ambiente era relajado y todos parecían satisfechos con el resultado. El fotógrafo sonrió mientras revisaba las últimas imágenes en la cámara.

—Perfecto, Vale. Tienes una facilidad increíble para transmitir con la mirada.

Sonreí agradecida.

—Gracias.

En ese momento alguien llamó desde la entrada del estudio.

—¿Valentina?

Me giré con extrañeza.

Un hombre con el uniforme de una floristería sostenía un enorme ramo de rosas rosadas acompañado de un tierno oso de peluche.

—¿Sí... soy yo?

—Esto es para usted.

Todo el estudio quedó en silencio.

Las maquilladoras comenzaron a sonreír con curiosidad y Juliana abrió los ojos como platos.

—¡Ay, Dios mío! —susurró acercándose.

Recibí el ramo completamente confundida.

Entre las flores había una pequeña tarjeta.

La abrí con cuidado.

"Gracias por el sábado. Aún no puedo borrar el sabor de tus labios."

P. D.: A. D. L.

Mi respiración se detuvo por un instante.

Alessandro De Lucca.

Juliana prácticamente me arrebató la tarjeta de las manos.

—¡No puede ser!

Leyó el mensaje y soltó una carcajada.

—¡Te lo dije! Ese hombre está completamente perdido por ti!

Negué con la cabeza intentando mantener la calma.

—Solo son unas flores.

—¿Solo unas flores? Vale, ese ramo cuesta una fortuna.

Las demás modelos comenzaron a murmurar.

—¿Quién se las envió?

—Qué romántico.

—Seguro es el novio.

Sonreí con discreción.

—No es mi novio.

No expliqué nada más.

Dejé el ramo sobre una mesa y continué trabajando como si nada hubiera pasado.

Pero, por dentro...

No podía negar que aquel detalle me había conmovido.

Alessandro

Desde mi oficina era incapaz de concentrarme.

Miraba el reloj cada cinco minutos.

Hasta que mi celular vibró.

Era un mensaje de la floristería.

"Entrega realizada con éxito."

Sonreí sin poder evitarlo.

—Perfecto...

Tal vez ahora dejaría de tratarme con tanta frialdad.

Juliana

Apenas terminó la sesión me acerqué nuevamente a Valentina.

—¿Y entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Vas a responderle?

Guardó silencio unos segundos mientras observaba el ramo.

—No lo sé.

—Vale... no me digas que no te gustó.

Suspiró.

—Sí me gustó... mucho.

Pero una cosa es aceptar un detalle...

Y otra muy distinta olvidar que ayer estaba besándose con otra mujer.

Rodé los ojos.

—¿Y eso qué tiene que ver? Tú sabes perfectamente cómo es Alessandro. Es un mujeriego y no te estoy diciendo que te enamores, solo que disfrutes el momento. No le entregues el corazón porque, si lo haces, la que pierde eres tú.

La observé con atención.

—¿O acaso estás celosa?

Pensó unos segundos antes de responder.

—No... claro que no.

Sonreí con picardía.

—Entonces deja de pensar tanto. Coquetea, disfruta y mira qué pasa. Además, ponte a pensar... si algún día ese hombre quisiera algo serio contigo, sería de esos hombres que resuelven, que consienten y que no escatiman en detalles.

Valentina soltó una pequeña sonrisa.

—Pues si quiere mi atención... tendrá que esforzarse un poco más.

Solté una carcajada.

—Eres terrible.

Alessandro

Cerca del mediodía salí de mi oficina con la esperanza de encontrarla.

La vi caminando por el pasillo con el enorme ramo entre los brazos.

Mi corazón dio un vuelco.

Reducí el paso hasta quedar frente a ella.

—¿Te gustaron?

Bajó la mirada hacia las flores y luego volvió a verme.

—Sí.

—Me alegra.

Hubo unos segundos de silencio.

Esperaba una sonrisa...

Algún gesto diferente...

Algo.

Finalmente habló.

—Muchas gracias por el detalle, señor De Lucca. Son muy bonitas.

Hice una mueca de resignación.

—Por favor... no me digas "señor De Lucca". Dime Alessandro, al menos cuando estemos solos.

Una leve sonrisa apareció en sus labios.

—En la agencia usted sigue siendo mi jefe.

Hizo una pequeña inclinación de cabeza.

—Con permiso.

Y continuó caminando.

Me quedé observándola alejarse con el ramo entre los brazos.

Marco apareció detrás de mí riéndose.

—¿La mujer más difícil que has conocido?

No aparté la vista de ella.

—Sin ninguna duda.

Marco cruzó los brazos.

—Pues prepárate, porque esa guerra apenas está comenzando.

Sonreí con seguridad.

—Sí... apenas comienza. Y te aseguro que la voy a ganar. Valentina va a caer, porque va a caer.

Marco soltó una carcajada.

—¿Tan seguro estás?

—Le gusta hacerse la difícil... y precisamente eso es lo que más me gusta. Siempre me han encantado los retos.

Valentina

Al terminar la jornada llegué al parqueadero, donde Juliana ya me esperaba para regresar a casa.

Mientras caminábamos le conté que me había encontrado con Alessandro.

También le repetí cada palabra de nuestra conversación.

Ella sonrió divertida.

—¿Y ahora qué estarás pensando ese pobre hombre?

Me reí.

—No lo sé... Esperemos a ver qué más hace para llamar mi atención.

—¿Y si sigue insistiendo?

La miré unos segundos.

—No sé, Juli. Él es muy simpático... Si continúa así, tal vez me dé la oportunidad de conocerlo un poco más.

Guardé silencio unos instantes.

Era inevitable comparar.

Todos aquellos detalles...

Las flores...

El oso...

La forma en que me miraba...

Todo eso era algo que Dani jamás ha hecho por mí.

Y no era porque no pudiera económicamente.

Simplemente... nunca le nació hacerlo.

Suspiré.

—Lo único que me da miedo es enamorarme... y volver a sufrir.

Juliana tomó mi mano.

—Por eso mismo te digo que no entregues el corazón tan rápido. Disfruta el presente y deja que el tiempo te muestre quién es realmente Alessandro.

Asentí en silencio.

Tal vez tenía razón.

Pero aunque ya sabemos que va a pasar el se va a casar y es un mujeriego

Si pero si está interesado en ti saca aprovecho y ya si le gusta jugar pues tu también juegas

Llegamos a casa, almorzamos, descansamos un rato y, a las dos de la tarde, regresamos a la agencia para continuar con las sesiones de fotos.

Estábamos terminando una de las tomas cuando mi celular vibró.

Miré la pantalla.

Era un mensaje de Alessandro.

"Hola, hermosa. Me gustaría invitarte esta noche a cenar a un lugar muy bonito de Bogotá. ¿Aceptas?"

Le mostré el teléfono a Juliana.

Ella abrió los ojos de inmediato.

—¿Qué esperas? ¡Dile que sí!

Respiré hondo.

Con un poco de nervios escribí.

"Hola. Sí, está bien."

La respuesta llegó casi al instante.

"Perfecto, princesa. Paso por ti a las siete."

Sonreí sin darme cuenta.

"Está bien. Te espero."

Juliana me abrazó emocionada.

—¡Eso! Vamos a ver con qué sale hoy el señor Alessandro.

Reí.

—La verdad... tengo mucha curiosidad.

Aunque también sentía un poco de culpa.

Siempre había sido completamente fiel a Dani.

Jamás había aceptado una invitación de otro hombre.

Y ahora...

Las cosas estaban empezando a cambiar.

Alessandro

Apenas recibí su respuesta entré a la oficina de Marco con una sonrisa imposible de ocultar.

Le mostré el celular.

—Mira. Aceptó salir conmigo esta noche.

Marco leyó el mensaje y arqueó una ceja.

—Vas por buen camino... pero todavía no cantes victoria.

—Ve preparando los quinientos dólares.

Negó con la cabeza entre risas.

—Todavía no, amigo. tu ganaras esa apuesta cuando sea ella quien te busque, quien llegue a saludarte con un beso y quiera pasar tiempo contigo por iniciativa propia, no porque tú la invites.

Fruncí el ceño.

—Eso es pedir demasiado.

—No. Esa fue la apuesta.

Suspiré.

—Por lo poco que la conozco, para que Valentina haga algo así tendría que existir una relación seria... y yo no pienso tener una relación.

Marco lo observó fijamente.

—¿Y por qué no?

Me recosté en la silla.

—Porque en unas semanas debo regresar a Milán. No puedo ofrecerle algo que no voy a cumplir.

Marco sonrió con ironía.

—Entonces más te vale acelerar la conquista... porque el tiempo corre. O será que este reto sí te quedó grande.

Lo miré con una sonrisa llena de confianza.

—Nada me queda grande, Marco.

Aunque, por primera vez en mucho tiempo...

No estaba tan seguro de que aquella mujer terminara jugando bajo mis reglas.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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