NovelToon NovelToon
ESENCIA CARMESÍ

ESENCIA CARMESÍ

Status: En proceso
Genre:Magia / Completas
Popularitas:211
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elian Varela, un chico de diecisiete años, sobrevive
en silencio a los abusos de su tío junto a su única madre.
Cuando el dolor se vuelve insoportable, un poder antiguo
despierta en él: magia roja que crea vida y luz, y magia
violeta que deshace y absorbe la fuerza de los demás.

Tras perderlo todo , conoce a Damián,
un jefe de policía que no lo salva, sino que camina a su lado.
A lo largo de , enemigos oscuros, aliados
dudosos y el precio de cada hechizo lo obligan a elegir:
¿crear para proteger… o tomar para sobrevivir?

Una historia realista, sin finales felices garantizados,
donde el poder más grande no es destruir, sino seguir de pie.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20 El tío vende lo que no es suyo

Marcos Varela estaba borracho desde las tres de la tarde.

Estaba sentado a la mesa de la cocina del departamento de Belleville, rodeado de botellas de vino barato vacías, con una cerveza fría en una mano y el móvil en la otra. La casa estaba en silencio. Su hermana, Lena, la madre de Ali, llevaba encerrada en su habitación desde la mañana, llorando de vez en cuando, preguntando por su hijo, preguntando si volvería. Marcos le había gritado que se callara tres veces ya. Estaba harto de ella. Estaba harto de todo.

Desde que Ali se había escapado por la ventana del baño, desde que los hombres de traje negro habían llegado a las seis en punto de aquella tarde y no habían encontrado al chico, la vida de Marcos se había convertido en un infierno.

Primero había sido el miedo. Miedo a que Ali volviera en cualquier momento, con esos ojos rojos y violetas, con esa marca brillante en el cuello, y le hiciera lo mismo que le había hecho a las manos de aquella noche: quemarle vivo, o peor. Luego había sido la frustración. Los hombres de Némesis le habían amenazado con romperle las piernas si no les entregaba al chico en una semana. Le habían dicho que el trato se caía si no aparecía la mercancía.

Y luego, mientras bebía solo en la oscuridad una noche, se le ocurrió una idea.

Una idea brillante, según él.

Si los hombres de traje querían tanto a su sobrino… pagarían más si él les daba una forma de asegurarse de que Ali volvería.

Pagaron por atraparlo.

Pero pagarían mucho más por tener a la persona por la que el chico volvería corriendo sin dudar.

Lena.

Su propia hermana. La madre de Ali.

Marcos soltó una risa borracha y se golpeó la mesa con el puño. Era genial. Perfecto. No tenía por qué correr riesgos buscando al chico por toda París. Solo tenía que entregarle a Lena a esos hombres. Usarla de carnada. Y Ali vendría solo. Como un perro obediente. Y él se llevaría el dinero. Mucho dinero. Dinero para irse de esta ciudad de mierda. Dinero para olvidarse de todos ellos.

Buscó en el bolsillo sucio de su pantalón y sacó un papel arrugado con un número de teléfono escrito con lápiz. Se lo había dado uno de sus contactos del bar, un tipo que se dedicaba a cosas sucias y que le había dicho que conocía a gente que pagaba bien por “individuos con capacidades especiales y sus familiares”.

Marcó el número.

Timbró tres veces.

Alguien lo cogió al otro lado. Una voz fría, neutra, de mujer:

—¿Sí?

—Hola —dijo Marcos, intentando que su voz no sonara borracha, intentando sonar importante—. Soy Marcos Varela. Hablé con vuestra gente hace unas semanas. Tenía un sobrino para entregaros. Se escapó. Pero ahora tengo algo mejor.

La voz al otro lado no se inmutó:

—Explíquese.

—Tengo a su madre —dijo Marcos, y sonrió mientras hablaba, sintiéndose el listo de la situación—. La chica volverá por ella. Seguro. Si os la lleváis… él vendrá solo. No tendréis que buscarlo. Os lo pondré en bandeja.

Hubo una pausa al otro lado de la línea. Marcos notó que le sudaban las manos. Estaba a punto de cerrar el trato. Estaba a punto de ser rico.

—¿Y qué pide por ella y por la garantía de que el chico aparecerá? —preguntó la mujer.

—Medio millón de euros —dijo Marcos rápido, antes de que pudieran arrepentirse—. En efectivo. O en una cuenta sin nombre. Lo que queráis. Pero me lo pagáis antes de llevaros a ella.

Otra pausa.

Larga.

Marcos apretó el móvil contra la oreja, con el corazón latiéndole a mil por hora.

—Trato hecho —dijo la mujer al fin, y Marcos casi grita de alegría—. Mañana a las seis de la tarde envíamos a dos agentes a su dirección. Le entregarán la mitad del dinero en efectivo al recibir a la mujer. La otra mitad cuando el chico esté en nuestro poder. No intente jugárnosla. Si nos miente o hay alguna trampa… no solo le quitaremos el dinero. Le quitaremos todo lo que tiene. Y luego le quitaremos la vida. ¿Entendido?

—Claro que sí, claro —respondió Marcos rápido, riendo por lo bajo, borracho y feliz—. No hay trampa. Mañana a las seis la tendré lista, esperándoos. No se arrepentirán.

Colgó.

Dejó el móvil sobre la mesa. Se echó hacia atrás en la silla, riendo a carcajadas solo en la cocina oscura. Medio millón de euros. Medio millón. Se iría a vivir a España. A una playa. Con mujeres y bebida y sin nadie que le molestara nunca más. Sin Ali. Sin Lena. Sin problemas.

Se levantó de la silla, tambaleándose un poco por el alcohol, y caminó hasta la puerta de la habitación de su hermana. Golpeó fuerte tres veces con el puño.

—¡Oye, Lena! —gritó, con la voz llena de una alegría cruel que no había sentido en años—. ¡Deja de llorar! ¡Que mañana por fin se acaba todo esto!

Desde dentro de la habitación se oyó un sollozo débil:

—¿… volverá Ali? ¿Vas a buscarle, Marcos? Por favor, dime que no le has hecho nada malo…

Marcos soltó otra risa.

—Algo así —respondió, divertido—. Mañana vendrá gente a buscarle. Y tú vas a ayudarme a que vuelva. No te preocupes. Será una reunión familiar muy bonita.

Se alejó de la puerta sin esperar respuesta. Volvió a la cocina. Abrió otra cerveza. Se sentó a mirar las botellas vacías, planeando cómo se gastaría cada euro.

En la habitación, Lena se abrazó a sí misma en la cama, temblando de miedo.

Sabía que su hermano estaba mintiendo.

Sabía que algo terrible iba a pasar.

Y no podía hacer nada para evitarlo.

No tenía fuerzas.

No tenía a nadie.

Su hijo había huido asustado.

Su hermano la vendería sin dudarlo.

Estaba sola.

Y tenía miedo.

Muy lejos de ahí, en el ático abandonado donde Ali dormía esa noche, el chico se movió inquieto en el suelo duro.

Había tenido una pesadilla.

Una pesadilla donde su madre le llamaba, llorando, pidiendo ayuda, y cuando él intentaba correr hacia ella… el suelo se abría en dos y se la tragaba para siempre.

Se despertó sudando frío, con el corazón latiéndole desbocado.

Se tocó la marca del cuello.

Ardía.

Como si algo malo estuviera a punto de pasar.

Miró hacia la ventana, hacia la dirección de Belleville, hacia donde estaba su madre.

Algo no iba bien.

Lo sentía en los huesos.

Pero no sabía qué.

Todavía.

Solo sabía que tenía una sensación terrible en el estómago, una premonición de desastre que no se le iba por más que intentaba ignorarla.

Se volvió a acostar.

Pero no durmió más en toda la noche.

Y a kilómetros de distancia, Marcos Varela seguía bebiendo y sonriendo, contando en su cabeza el dinero que todavía no tenía, vendiendo a su propia hermana y a su sobrino como si fueran ganado, sin importarle el infierno que se le venía encima.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play