La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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Libro II – Capítulo 21: La Primera Carta del Amanecer
El amanecer llegó en silencio.
No había tormentas.
No había oscuridad.
No había grietas atravesando el cielo.
La inmensa Biblioteca permanecía en calma por primera vez desde que Luna recordaba haber llegado allí.
Las interminables estanterías volvían a estar llenas.
Los libros respiraban lentamente, como si cada uno guardara un pequeño corazón entre sus páginas.
El inmenso árbol plateado del Corazón de la Biblioteca brillaba con una luz cálida.
Todo parecía haber recuperado el equilibrio.
Y, sin embargo...
Luna sentía un vacío imposible de explicar.
Habían pasado varios días desde la desaparición del Hombre de Negro.
Todos seguían hablando de él.
El Escriba.
El Guardián.
Aurora.
Pero cada vez que intentaba recordar su rostro...
Su memoria se volvía borrosa.
Como si alguien hubiera dibujado una niebla entre sus recuerdos.
Solo podía recordar una sensación.
La de unas manos cálidas.
Una voz tranquila.
Y una promesa.
"Volvería a elegirte mil veces más."
Cada vez que aquellas palabras aparecían en su mente...
Su corazón dolía.
Pero no sabía por qué.
Aurora caminó lentamente hasta ella.
Vestía un largo vestido blanco que parecía tejido con pequeñas estrellas.
Su expresión era serena.
Pero en sus ojos también existía tristeza.
—¿Dormiste?
Preguntó con suavidad.
Luna negó lentamente.
—Cada vez que cierro los ojos...
Siento que alguien intenta decirme algo.
Aurora sonrió.
—Quizás no intenta hablarte.
Quizás intenta encontrarte.
Luna frunció el ceño.
—¿Encontrarme?
Aurora no respondió.
Solo levantó la vista hacia el inmenso árbol.
Una única hoja dorada cayó lentamente desde una de sus ramas.
No llegó al suelo.
Se transformó en un pequeño sobre blanco.
Luna abrió los ojos sorprendida.
—¿Una carta?
El sobre descendió suavemente hasta sus manos.
No tenía sello.
No tenía remitente.
Solo una pequeña letra escrita en tinta plateada.
A.
El corazón de Luna comenzó a latir con fuerza.
—Aurora...
Murmuró.
Ella negó lentamente.
—No fui yo.
—Pero tiene tu inicial.
—Sí.
Y también la de muchas otras personas.
Luna observó el sobre.
No quería abrirlo.
Y al mismo tiempo...
Sentía una necesidad inmensa de hacerlo.
Respiró profundamente.
Rompió el sello.
Sacó el papel cuidadosamente.
Solo había una frase.
"Si estás leyendo esto... significa que el amanecer volvió a encontrarte."
Nada más.
No había despedida.
No había firma.
Solo aquella frase.
Y, aun así...
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Luna.
Porque conocía esa forma de escribir.
No sabía de dónde.
Pero la conocía.
El Escriba apareció entre las estanterías.
Observó la carta.
Su expresión cambió inmediatamente.
—No puede ser...
El Guardián llegó segundos después.
—¿Qué ocurre?
El Escriba tomó la carta.
La observó detenidamente.
Después levantó la vista.
—Esta tinta...
Ya no existe.
Luna lo miró confundida.
—¿Qué significa eso?
—Solo había una persona capaz de escribir con ella.
El silencio cayó sobre la Biblioteca.
Aurora cerró lentamente los ojos.
Como si comprendiera la respuesta antes que nadie.
—Eso es imposible.
Dijo el Guardián.
—Él desapareció.
El Escriba negó lentamente.
—No.
Se convirtió en una historia.
Y las historias...
Siempre encuentran la forma de regresar.
Luna sintió un escalofrío.
—¿Están hablando del Hombre de Negro?
Ninguno respondió.
Pero el silencio fue suficiente.
La joven volvió a leer la carta.
Esta vez descubrió algo extraño.
Las palabras estaban cambiando.
Donde antes solo había una frase...
Ahora aparecía otra.
"No busques mi rostro."
"Busca aquello que hicimos juntos."
Luna sintió un fuerte dolor de cabeza.
Imágenes comenzaron a aparecer.
Una mesa llena de cartas.
Una pluma negra.
Una risa.
Dos personas escribiendo hasta el amanecer.
La visión desapareció antes de que pudiera reconocer el rostro que estaba frente a ella.
—¿Por qué no puedo verlo?
Preguntó desesperada.
Aurora apoyó suavemente una mano sobre su hombro.
—Porque todavía no llegó el momento.
La Biblioteca comenzó a latir nuevamente.
Pero esta vez...
No era un latido tranquilo.
Era un llamado.
Miles de libros comenzaron a abrirse al mismo tiempo.
Las páginas se movían solas.
Como si una fuerza invisible recorriera cada rincón del lugar.
El Guardián levantó su espada.
—Algo está ocurriendo.
El Escriba abrió el Libro Prohibido.
Las páginas comenzaron a llenarse de palabras sin que nadie escribiera.
Solo una frase se repetía una y otra vez.
"La historia continúa."
"La historia continúa."
"La historia continúa."
Luna observó fascinada.
—¿Quién está escribiendo?
El Escriba respondió con un hilo de voz.
—No lo sé.
Y eso...
Es lo que más me preocupa.
En lo más profundo de la Biblioteca...
Detrás de una puerta que jamás había sido abierta...
Una antigua habitación despertó.
Estaba cubierta por polvo.
Miles de plumas descansaban sobre largas mesas de madera.
En el centro había un único escritorio.
Vacío.
O eso parecía.
Porque lentamente...
Una figura comenzó a formarse sobre la silla.
Primero aparecieron pequeñas letras doradas.
Después páginas.
Luego tinta.
Finalmente...
La silueta de un hombre.
No tenía rostro.
Todavía no.
Pero una pluma negra apareció entre sus dedos.
Y comenzó a escribir.
Muy despacio.
Como si estuviera aprendiendo nuevamente.
Escribió una sola palabra.
Luna.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
Muy lejos de allí...
Luna sintió que su corazón se aceleraba.
Sin saber por qué...
Sonrió.
Como si alguien acabara de pronunciar su nombre con el mismo cariño de siempre.
Y mientras el amanecer iluminaba las ventanas de la Biblioteca...
Una nueva carta apareció silenciosamente sobre la mesa.
Esta vez no llevaba una letra.
Solo una frase escrita con tinta negra.
"Las promesas hechas con el corazón... jamás desaparecen."
Continuará...