Cuando Gael Andrade se muda a Buenos Aires para empezar de nuevo en un prestigioso colegio artístico, cree que su vida será tranquila por fin. Pero todo cambia cuando conoce a Noah Beltrán, el chico más talentoso y problemático del instituto.
Noah tiene fama de meterse en peleas, faltar a clases y mantener a todos lejos… excepto a Gael.
Lo que empieza como una relación llena de discusiones y tensión termina convirtiéndose en algo mucho más profundo cuando ambos descubren un secreto relacionado con un antiguo teatro abandonado detrás del colegio.
Entre ensayos de música, noches lluviosas, cartas escondidas y sentimientos que ninguno sabe cómo explicar, Gael y Noah tendrán que decidir si enfrentarse al pasado… o seguir huyendo de lo que sienten.
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Capítulo 21 La sombra que escapó
El aula quedó en silencio.
Las partículas doradas que formaban la figura de Luca flotaban suavemente alrededor del piano, iluminando el lugar con una luz cálida.
Pero sus palabras hicieron que el ambiente se volviera frío de golpe.
—¿Qué escapó? —preguntó Noah.
Luca bajó la mirada.
Por primera vez desde que apareció, parecía realmente preocupado.
—Cuando la prisión se cerró, la criatura principal fue sellada otra vez.
Gael sintió un nudo en el estómago.
—¿Pero...?
—Pero una parte de ella logró separarse antes.
La luz alrededor de Luca parpadeó.
—Una pequeña parte.
Un fragmento.
Una sombra.
El corazón de Noah comenzó a acelerarse.
—¿Y dónde está?
Luca negó lentamente.
—Eso es lo que no sé.
El silencio volvió a caer.
Gael sintió que el miedo regresaba poco a poco.
Habían luchado tanto para salvar el instituto.
Habían perdido tanto.
¿Y ahora todo volvía a empezar?
—¿Es peligrosa? —preguntó.
Luca lo observó.
—Todavía no.
La respuesta no tranquilizó a nadie.
—¿Todavía? —repitió Noah.
—Necesita recuperar fuerza.
La figura dorada caminó lentamente alrededor del piano.
—Ahora mismo es débil.
Muy débil.
Pero si encuentra la manera de alimentarse...
La frase quedó incompleta.
No hacía falta terminarla.
Todos entendieron.
—¿Alimentarse de qué?
La voz de Gael sonó apenas por encima de un susurro.
Luca permaneció en silencio unos segundos.
Después respondió:
—De recuerdos.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de ambos.
—¿Recuerdos?
Luca asintió.
—La criatura siempre se alimentó de ellos.
De emociones.
De dolor.
De pérdidas.
Gael recordó las fotografías de los estudiantes desaparecidos.
Las voces atrapadas en el teatro.
Las historias olvidadas.
Todo cobraba sentido.
—Entonces buscará personas relacionadas con el instituto.
—Probablemente.
Noah apretó los puños.
—No voy a permitirlo.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Luca.
—Lo sé.
De repente la luz que formaba su figura comenzó a debilitarse.
Las partículas doradas se desprendieron lentamente de sus hombros.
Gael sintió un mal presentimiento.
—Luca...
Luca levantó la vista.
Y sonrió.
—Se me acaba el tiempo.
Noah dio un paso adelante.
—Espera.
La voz se le quebró.
—Todavía no.
Luca lo observó en silencio.
Y durante unos segundos volvieron a ser solamente dos hermanos.
No un heredero.
No un espíritu.
No una víctima del teatro.
Solo dos hermanos.
—Estoy bien, Noah.
—...
—De verdad.
Noah bajó la cabeza.
Las lágrimas volvieron a aparecer.
—Te extraño.
La sonrisa de Luca tembló apenas.
—Yo también.
Gael apartó la mirada.
Sentía que estaba presenciando algo demasiado íntimo.
Demasiado importante.
Pero entonces Luca se giró hacia él.
—Y tú.
Gael parpadeó.
—¿Yo?
—Gracias.
—No tienes que agradecerme nada.
—Sí, sí tengo.
La luz continuó debilitándose.
—Porque cuando yo ya no podía estar a su lado...
Tú estuviste.
El corazón de Gael se aceleró.
Luca sonrió una última vez.
—Cuídense.
Y entonces...
Desapareció.
Las partículas doradas se elevaron lentamente hacia el techo.
Hasta desvanecerse por completo.
El aula quedó en silencio.
Otra vez.
Durante varios minutos nadie habló.
Noah permaneció mirando el lugar donde Luca había estado.
Gael no lo interrumpió.
Simplemente se quedó allí.
A su lado.
Como siempre.
Finalmente Noah respiró profundamente.
Y se secó los ojos.
—Odio despedirme.
Gael soltó una pequeña sonrisa.
—Yo también.
Noah lo miró.
Y por primera vez desde que Luca desapareció, parecía un poco más tranquilo.
No feliz.
Todavía no.
Pero más tranquilo.
Y eso era suficiente.
Por ahora.
Justo cuando ambos estaban por abandonar el aula...
Algo cayó desde el interior del piano.
Tac.
Los dos se sobresaltaron.
—¿Escuchaste eso? —preguntó Gael.
—Sí.
Se acercaron lentamente.
Gael levantó la tapa del piano.
Y encontró un sobre.
Viejo.
Amarillento.
Oculto entre las cuerdas del instrumento.
Noah lo tomó.
En el frente había una única frase escrita a mano.
Con la letra de Luca.
"Para cuando la sombra despierte."
Ambos intercambiaron una mirada.
Y supieron que los problemas todavía no habían terminado.
Porque dentro de aquel sobre...
Luca les había dejado su último secreto.