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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

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Capítulo 21 Celos que no puedo esconder

Llegué tipo siete de la noche a la casa. Samuel ya había comido, así que yo también cené, me bañé y fui un rato a compartir con él mientras se dormía. Me estaba contando cómo le había ido en el colegio y todo lo de los regalos de la profe.

—Papi, le di el beso mío y el tuyo a la profe.

—¿Ah sí, mi rey? ¿Y qué te dijo ella?

—Que gracias a mí y a ti.

Sonreí inevitablemente.

—¿Y qué más pasó?

—Después le llegó un peluche grande igual al que tú viste el día de las flores.

—Sí, mi rey… qué casualidad. ¿Y quién se lo daría? ¿El novio?

—No creo, papi, porque el novio le llevó un desayuno.

Casi me ahogo con mi propia saliva.

—¿Cómo así? ¿La profe tiene novio?

—Pues yo creo que sí, porque llegó un hombre, le dio un desayuno, un abrazo y un beso. Ella dijo que era profesor. Y hace días, en el descanso, también le llevó una chocolatina y habló un rato con la profe mientras nosotros jugábamos.

No supe qué sentí al escuchar eso. Una rabia extraña me atravesó el pecho.

¿María José tenía novio?

¿Y en qué momento?

¿Quién era ese imbécil?

Por un instante quise llamarla, preguntarle, reclamarle… aunque en el fondo sabía que no tenía ningún derecho.

Entré directo a sus redes sociales y vi las fotos que había subido de los regalos. Ahí estaba el peluche que le envié… y también el desayuno.

“Ese debe ser el imbécil”, pensé con rabia.

Cuando Samuel se quedó dormido no aguanté más y le escribí.

—Buenas noches, profe. ¿Cómo terminó de irle en su día?

Ya había terminado las fotos de la campaña y estaba a punto de irme a casa cuando vi el mensaje de Alejandro. Lo abrí y sonreí sin querer.

—Buenas noches. Me fue muy bien y estoy muy contenta con los regalos. Muchas gracias, de corazón.

—No es nada. Tú mereces eso y mucho más. Samuel me contó que te dio mi recado.

Al leer eso recordé lo del beso y una sonrisa se dibujó sola en mis labios.

—Síii.

—Samuel es un amor. Muy cariñoso.

—Eso lo aprendió del papá.

Sonreí como una adolescente enamorada.

—Pero también es celoso.

—¿Ah sí? ¿Y eso por qué?

—Me dijo que no le gustó que un profesor te llevara desayuno. Me tocó mentir un poco.

Abrí los ojos sorprendida y luego me reí.

—Oíme, ese niño sí salió celoso.

—Eso también lo heredó del papá. Soy demasiado celoso y no me gusta compartir la atención de las personas que quiero.

Sentí un pequeño revoloteo en el estómago. Sabía perfectamente lo que me estaba insinuando.

—¿Así? Entonces sí eran ciertas las malas mañas.

—¿Te parece mala maña? Yo lo llamo cuidar lo que uno quiere para uno.

Sonreí nerviosa.

—Mmmm… no sé.

Preferí cambiar el tema.

—¿Y qué hace Samuel?

—¿Por qué ese cambio de conversación, señorita María José? ¿Tiene algo que ocultar con ese profesor?

Fruncí el ceño divertida.

—Perdón… ¿me está reclamando algo?

—No. Solo pregunto. Sé que no tengo derecho a reclamar.

—Ah, bueno. Eso me parece mejor.

Guardé el celular, me monté en la moto y me fui para la casa.

Cuando llegué encontré otro mensaje suyo.

—Samuel ya está dormido. ¿Y tú qué haces?

—Acabo de llegar a casa.

Miré la hora. Eran casi las diez de la noche.

Mi imaginación empezó a jugarme en contra y eso me molestó más de lo que debía.

—¿Y eso? ¿Dónde estabas?

Ya me había bañado y puesto pijama. Aproveché y subí una foto promocionando una de las prendas de la campaña.

Luego le respondí:

—Trabajando. Tenía sesión de fotos de unas pijamas.

Al leer eso sentí un alivio inmediato.

—Veo que has tenido mucho trabajo últimamente.

—Sí, demasiado. Gracias a Dios. Hasta los sábados me ha tocado trabajar.

—¿Y mañana también trabajas?

—Sí, pero solo medio día.

—¿Y en la tarde qué vas a hacer?

—Nada.

Entonces vi la foto.

Dios bendito…

Esa mujer estaba acabando conmigo.

La pijama era pequeña, demasiado pequeña, y mi imaginación no ayudaba para nada.

Me fui directo a bañarme otra vez para intentar bajar la temperatura, aunque sabía perfectamente que no iba a servir de mucho.

—¿Por qué subes esas fotos? Sabes que no ayudas para nada.

Sonreí al leerlo.

—¿Y a qué no ayudo?

—A mantener la calma. Moriría por estar contigo en este momento viéndote con esa pijama tan pequeñita.

Sentí un calor recorrerme el cuerpo.

Esto se estaba poniendo demasiado peligroso.

—Báñate.

Sonreí sola.

—Ya lo hice… pero no sirvió.

Después de unos segundos llegó otro mensaje.

—Te extraño. Extraño verte… besarte.

Me quedé mirando la pantalla sin saber qué responder, porque la verdad era que a mí me pasaba exactamente lo mismo.

—¿Estás ahí?

—Sí.

—¿Por qué no respondes? Dime que a ti también te pasa lo mismo.

Respiré profundo antes de escribir.

—Sí.

Esa simple respuesta me hizo sonreír como un idiota.

—Entonces veámonos. Conozcámonos un poco más.

Cerré los ojos unos segundos.

—No se puede. No debemos cruzar más límites.

—Yo sí quiero cruzarlos todos. Me tienes loco.

Mi corazón latía demasiado rápido. La soledad y las ganas empezaban a jugarme en contra.

—Chao, señor Alejandro. Que duerma.

—Bueno… que descanses. Y espero soñarte, porque aunque sea ahí puedo tenerte entre mis brazos.

Me quedé mirando esa bendita foto que había subido. Esa pijama dejaba muy poco a la imaginación y no me gustaba pensar que no era el único viéndola así.

Entré otra vez a su Instagram y encontré más fotos de la sesión: pijamas cortas, batas y algunas mucho más atrevidas.

Dios mío…

Esa mujer tenía un cuerpo espectacular.

Y aunque no debía sentirlo, los celos me estaban consumiendo de solo imaginar a otros hombres deseándola igual que yo.

1
Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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