Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.
NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 3
Gael me abrazó con cuidado.
No con fuerza.
No como los hombres de mi antiguo mundo solían hacerlo, dando palmadas bruscas en la espalda o sujetando demasiado fuerte, como si demostrar afecto suavemente fuera vergonzoso.
No.
Era… delicado.
Reconfortante.
Y eso me desconcertó más de lo que debería.
Mi padre jamás me abrazó así.
Ni siquiera mi madre.
Ahora que lo pensaba… no sabía si aquella mujer merecía realmente ser llamada madre. Toda su vida giró alrededor de obedecer cada palabra de mi abuelo. Incluso cuando él me golpeaba, ella solo apartaba la mirada.
Como si yo no valiera lo suficiente para defenderme.
Pero Gael…
Gael me sostenía como si tuviera miedo de romperme.
Y poco a poco mi respiración comenzó a estabilizarse.
Era extraño.
Como si este cuerpo reconociera naturalmente aquel tacto gentil.
Como si una parte de Andrei todavía existiera dentro de mí y me susurrara silenciosamente que estaba seguro.
La sensación me revolvió el pecho.
—Primero deberías tomar una ducha —dijo Gael después de unos minutos, apartándose apenas para mirarme mejor—. Pediré que preparen comida mientras tanto. Luego responderé todas tus preguntas, ¿de acuerdo?
Asentí lentamente.
Sorprendentemente… obedecerlo no me molestó.
Tal vez porque era la primera vez que alguien me hablaba con paciencia en lugar de imponer órdenes.
La doctora salió poco después, no sin antes dedicarme una última mirada preocupada.
Y entonces me quedé solo.
Otra vez.
Aunque esta vez el silencio no se sentía tan aterrador.
Entré nuevamente al enorme baño intentando ignorar el ligero temblor de mis piernas.
Las regaderas parecían antiguas, adornadas con detalles dorados y mármol oscuro. Todo en esta casa era excesivamente elegante.
Abrí el grifo.
El agua caliente cayó sobre mi cuerpo y por un instante cerré los ojos dejando que el vapor me envolviera.
Todavía no podía creerlo.
Ese cuerpo.
Ese rostro.
Esa voz.
Todo seguía sintiéndose ajeno.
Me bañé rápido, más por necesidad de despejar mi cabeza que por verdadera tranquilidad.
Al salir envolví mi cuerpo con una toalla y regresé al inmenso vestidor.
Había ropa por todas partes.
Camisas perfectamente acomodadas.
Chaquetas finas.
Botas.
Accesorios.
Todo de una calidad absurda.
Tomé lo más sencillo que encontré, aunque incluso aquello probablemente costaba más de lo que yo habría gastado en ropa en meses.
Cuando regresé a la habitación, Gael ya estaba esperándome.
Me hizo una pequeña seña hacia una mesa cerca de las ventanas.
—Ven, hijo. Siéntate.
Obedecí nuevamente.
Y por primera vez desde que desperté, realmente observé la habitación.
Era enorme.
Ridículamente enorme.
La cama con dosel ocupaba casi el centro completo del lugar; fácilmente podían dormir cuatro personas allí. Grandes ventanales daban hacia un balcón por donde entraba la luz de la tarde iluminando todo con tonos cálidos.
Había un tocador elegante cerca de una pared.
En otro rincón, un escritorio lleno de libros perfectamente ordenados.
Y junto a las ventanas, aquella pequeña mesa donde ahora estaba sentado frente a Gael.
Todo se veía lujoso.
Demasiado lujoso.
Y aun así…
por primera vez desde que abrí los ojos en este lugar…
ya no sentía ganas de salir corriendo.
Comencé preguntando lo más básico.
Quién era.
Quiénes eran ellos.
Y qué clase de lugar era este.
Gael respondió cada pregunta con una paciencia casi absurda, como si temiera volver a alterarme si hablaba demasiado rápido.
—Como ya te dije, soy Gael Macías —comenzó mientras servía té en una pequeña taza frente a mí—. Nuestra familia se dedica al comercio. También poseemos minas y algunas inversiones.
Levantó apenas una ceja con cierto orgullo divertido.
—No somos nobles… aunque probablemente tengamos más dinero que varios de ellos juntos.
Parpadeé.
—¿Nobles?
—Sí. Este reino todavía funciona bajo un sistema nobiliario bastante tradicional. Condes, duques, marqueses… toda esa tontería pomposa.
Eso último lo murmuró con evidente fastidio.
Por primera vez sentí algo parecido a simpatía hacia él.
—A veces incluso terminan pidiéndome préstamos —añadió con una pequeña sonrisa cansada.
Luego su expresión se suavizó nuevamente.
—Tu madre se llama Ezequiel.
Mi mente volvió a detenerse.
Madre.
Ezequiel.
Creo que mi cara habló sola porque Gael soltó una pequeña risa nasal.
—Sí, todavía parece confundirte —dijo con paciencia—. Ezequiel proviene de una familia noble. Es hijo de un conde.
Tomó un sorbo de té antes de continuar.
—Pero como es omega, jamás heredará el título familiar. Ese derecho le corresponde a su hermano alfa.
Otra palabra desconocida.
Omega.
Alfa.
Sentía que mi cabeza iba a explotar.
—Y también tienes un hermano mayor —continuó—. Víctor. Actualmente está en el extranjero cerrando algunos negocios, pero ayer llegó una carta diciendo que regresará en cuatro días.
Asentí lentamente intentando memorizar todo.
Gael me observó durante unos segundos en silencio.
Como evaluando algo.
—Para explicarte lo del celo… primero necesito hablarte de los subgéneros.
Subgéneros.
Solo escuchar esa palabra ya me hacía sentir incómodo.
—Porque al parecer también olvidaste eso —añadió cuidadosamente.
Tomé aire despacio.
—Está bien.
Gael dejó la taza sobre la mesa.
—Además de hombres y mujeres, existen tres subgéneros: alfa, beta y omega.
Fruncí el ceño.
—Los betas son lo más cercano a una persona “común”. Pero alfas y omegas poseen características biológicas distintas.
Mi estómago comenzó a tensarse.
—Los alfas pueden embarazar omegas, sin importar si se trata de hombres o mujeres. Y los omegas… bueno…
Hizo una pequeña pausa, probablemente intentando encontrar la forma menos brusca de decirlo.
—Los omegas pueden concebir hijos tanto de hombres alfa como de mujeres alfa.
Palidecí inmediatamente.
Sentí el corazón golpearme con violencia.
No.
No, eso no tenía sentido.
Eso no podía ser natural.
¿Hombres embarazándose?
¿Relaciones entre hombres completamente normales?
¿Qué clase de mundo era este?
Mi mano subió automáticamente hasta mi cabeza.
Dios mío…
Gael notó mi expresión, pero no me interrumpió.
Solo continuó hablando con calma.
—Los alfas y omegas también poseen variantes dominantes o recesivas. Aunque eso es algo más complejo que podrás aprender después.
Yo apenas podía procesar lo primero.
—Y el celo… —continuó finalmente— es el periodo reproductivo de un omega.
La palabra volvió a tensarme entero.
—Durante ese tiempo el cuerpo busca aparearse con un alfa. La fertilidad aumenta muchísimo… y las probabilidades de embarazo son extremadamente altas.
Sentí un escalofrío horrible recorrerme la espalda.
Entonces recordé las palabras anteriores.
“Pusieron un inductor de celo en tu bebida.”
Mis dedos comenzaron a temblar lentamente sobre mi regazo.
Y por primera vez desde que desperté en este lugar…
comencé a entender realmente lo que le había pasado a Andrei.
bendiciones autora y ánimo
bendiciones autora y ánimo