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El Eco De Un Encuentro (Segunda Parte De "Bertha")

El Eco De Un Encuentro (Segunda Parte De "Bertha")

Status: En proceso
Genre:Malentendidos
Popularitas:441
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Esther

La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.

NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Esa firma no vale

*Flashback*

Las llamas por fin fueron extinguidas, cuando entraron al despacho, cinco personas estaban tiradas en el piso de cualquier forma.

¿Están muertos?, preguntó el oficial que acompañaba a los bomberos y paramédicos.

No, pero tienen el pulso muy débil, contestó el paramédico.

Rápido, hay que llevarlos al hospital.

En la ambulancia les dieron los primeros auxilios, cuando llegaron al hospital fueron recibidos de inmediato.

Los recién ingresados estaban invadidos por el humo, hubo que colocarles oxígeno. La más afectada fue Gisela, que por poco y no lo cuenta. Le quedarían secuelas de por vida.

Poco a poco, fueron recobrando la conciencia.

Marco estaba ahí, iba de un cuarto al otro, viendo a su esposa e hijos, a Sara y Cristina. Se veía bastante afectado por el suceso, a él también lo tuvieron que internar, le inyectaron un sedante, para que se tranquilizara.

Édgar llegó más tarde, Marco ya estaba tranquilo.

Hermano, ¿cómo están todos?

Ya recobraron la lucidez, los policías dicen que el fuego fue intencionado. Alguien roció gasolina y prendió el fuego.

¿Ya checaron las cámaras?, dijo Édgar con el dedo en su barbilla.

Desgraciadamente, todo quedó reducido a cenizas.

Édgar abrazó a Marco, él sabía que la mayor parte del patrimonio fue consumido por el fuego.

No te preocupes, saldremos adelante, como siempre.

El seguro cubrió solo la parte de la inmobiliaria, alegando que "el fuego no entraba en el seguro", dijo Marco, desilusionado.

En eso, el doctor llamó a los familiares.

Marco y Édgar acudieron luego.

Ellos están fuera de peligro, pero la señora Gisela tendrá secuelas de por vida. No podrá caminar bien, tendrá que usar bastón. Lo siento.

Marco sintió una profunda tristeza por su esposa.

Al menos tiene vida, dijo Marco muy triste.

¿Podemos pasar?, dijo Édgar, que deseaba ver a su esposa.

Sí, los hemos acomodado en un mismo cuarto a todos.

Gracias doctor.

Marco fue primero con Gisela; hola amor, gracias a Dios que estás bien.

No podré caminar bien, ¿te dijo el doctor?, tragué mucho humo.

Sí, pero no pienses en eso, tienes una vida por delante, yo estaré siempre contigo.

Gracias, amor, ¿vas a ver a tus hijos?

Sí, enseguida regreso.

Alex, ¿cómo te sientes?

Estoy bien, gracias, dijo Alex, secamente.

¿Y tú, hijo?, dijo volteando la mirada hacia Santos.

Gracias, papá, estoy bien.

¡Gracias a Dios!, no saben el infierno que pasé pensando que ustedes estaban dentro.

Lo importante es que ya estamos a salvo, dijo Santos.

¿Sara y Cristina?

Estamos bien, gracias.

*Fin del flashback*

Andrés Romo y Paco Escobar se presentaron en el restaurante de Marco, eran las 9 de la mañana y apenas estaban abriendo.

Buenos días, dijo Paco.

Buenos días, contestó Marco, quien apenas iba a su despacho. ¿Se les ofrece algo?

Venimos a cerrar su changarro, dijo Paco, sin rodeos.

¿Y eso, por qué?, Marco enarcó las cejas. Tengo todo en orden.

Eso lo veremos, muéstreme los papeles, dijo Paco sin admitir réplica.

Édgar, trae los papeles, por favor, le dijo Marco.

Édgar llegó con los papeles. Como ve, todo está en orden.

Sí, pero ahí le falta algo, dijo el oficial Paco Escobar... la firma del presidente de salubridad.

Pero está la firma del representante, ellos vinieron a checar el lugar, dijo Marco en su defensa.

Esa firma no vale, tiene que ser del presidente, así que, este lugar permanecerá cerrado hasta nuevo aviso. Salgan todos...

Alex y Santos llegaron justo cuando los oficiales estaban poniendo el sello de "suspendido".

¿Qué está pasando aquí?

Nos acaban de cerrar el local, dijo Gisela a punto de llorar, y con el bastón en la mano.

Marco se apresuró a consolarla. No te preocupes, amor, resolveré esto, te lo prometo.

Marco le dijo eso para tranquilizarla, aunque el mismo no sabía cómo le iba a hacer.

Luego, les dijo a sus trabajadores: Tómense el tiempo libre hasta que se resuelva este problema. Yo les avisaré.

Pero por una causa o por otra el restaurante no se podía abrir.

Así pasó un mes...

Creo que el presidente se fue de vacaciones y tardará en regresar. No sé cuánto tiempo más tendremos que soportar, dijo Marco, esto ya se me hace muy raro, como que alguien está moviendo los hilos como títeres, dijo Marco a Gisela en la intimidad de su alcoba.

Aunque no me creas yo también lo he pensado, debe de haber alguien atrás de todo esto.

Lo que pudo haber sido un buen restaurante quedó reducido a nada porque no hallaban la solución. La policía seguía reacia a llegar a algún acuerdo.

Marco había dado muchas vueltas, pero no resolvía nada.

Por un momento, Gisela se olvidó de todos los problemas y se acercó cariñosa a su marido.

Esta vez Marco no la rechazó; lo que vino después fue muy bueno para los dos.

Las caricias y besos llenaron el ambiente. Las manos de Marco acariciaban palmo a palmo su cuerpo. Gisela gemía de placer.

Con cada toque de Marco, Gisela se sentía transportada al quinto cielo. Afortunadamente, los niños dormían en una habitación muy alejada de la suya y no se dieron cuenta de nada.

Marco besaba cada parte de su piel, milímetro a milímetro, gozaba cada que ella se estremecía de placer.

Sin querer, Zoé vino a su mente, las caricias y besos se intensificaron, haciéndola llegar a lo máximo de su pasión.

Marco también sintió como si mil agujas le pincharan el cuerpo.

Fue tan grande el placer, que por un momento se olvidó de todos sus problemas.

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