Francis era un marqués decepcionado del amor que tuvo la propuesta de su vida, amar a una joven mujer para que le diera un hijo, algo que trajo a su vida un sentimiento que se adueñó de su corazón y le regaló dicha de tener una hermosa y secreta familia que terminaría siendo un linaje real
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Una mirada de amor
Lo más curioso del amor es que puedes ocultarlo de todos pero tus ojos no mienten cuando miras al ser amado. En especial si estas muy enamorado.
Francis vivía bajo el mismo techo de Diana y ya nada les impedía compartir como pareja en cada rincón del castillo y en presencia de William quién siempre visitaba a Lizza y se quedaba con ellos a cenar.
La vida de su hija estaba a punto de cambiar y los padres de William ya ansiaban que la boda se diera en especial la abuela del muchacho. Ya era vieja y deseaba nietos, algo que le divertía a Lizza. Porque le parecía muy pronto y William pensaba lo mismo, aunque no se negaban a la idea.
Mientras en el Palacio August disfrutaba de paseos con su prometida y de los planes de la boda con los padres de la muchacha. Eran momentos felices para ellos. Su hermano Arthur se acababa de casar y todos estuvieron presentes. Hasta el príncipe y su esposa, un gran honor para los padres de la esposa de Arthur.
Nadie se entereba de lo que pasaba en lo interno de la familia del Marqués. Todo transcurría en total normalidad. Hasta después de la boda de William y Lizza que el Rey envío por el Marqués, Diana y su madre.
-- ¡Tengo un maravilloso anuncio que darles! -- Dijo el Rey muy emocionado -- ¡Viene un bebé en camino! -- Interrumpió la reina -- Cariño quedamos en que yo daría el anuncio -- Le dijo el Rey decepcionado.
-- No importa papá, somos una familia y quién lo dijera no quita lo feliz de la noticia -- Le dijo Felipe para animarle logrando que cambiara su semblante. Francis al escuchar la noticia miro muy contento a Diana y al Rey no se le escapo esa peculiar mirada.
El festejo fue grande porque los monarcas esperaban ansiosos la noticia y por fin se daba lo que esperaban. La joven esposa del príncipe Felipe esperaba al soñado heredero. Aunque la reina deseaba que fuera una niña primero.
Después de festejar y de compartir con los futuros padres, el Rey aprovecho para acercarse y hacer una pregunta: ¿Hace cuanto? -- Unos ojos claros escrutaron el origen real de la pregunta y comprendió exactamente a que se refería el Rey y su respuesta fue: Creo que desde siempre. ¡Culpeme a mí! -- Él trato de evitarlo, pero mi amor por él terminó alcanzandolo -- El Rey la miró y respondió: ¡Lo envidio! Dormir a su lado debe ser un deleite -- Al igual debe serlo para su esposa majestad dormir a su lado, puedo ver cuanto le ama. No deje que pierda ese brillo en sus ojos mirando en otra dirección -- Las palabras que le decía la bella mujer hicieron pensar al Rey y sonriendo contestó: Tiene razón, ¡soy afortunado! -- Los dos sonrieron y miraron a sus parejas en el salón.
-- Hay una cosa mi señora que siempre le agradeceré a ambos y es que nunca sacaron a la luz su romance y que el Marqués nunca dejó a mi sobrina aunque ella lo tuviera bien merecido -- Le agradezco mi señora que usted no lo provocará tampoco. No imagino lo difícil que fue para usted en especial, ocultar que todos los hijos del Marqués, incluyendo a Isabel, ¡Son suyos! O debería decir: ¡De ambos! -- August, Lizza, Arthur e Isabel -- Al oírlo Diana se preocupó y lo miró con temor.
-- ¡No se preocupe! -- Cuando vi al Marqués mirarla con tanto amor, se clavaron varias dudas en mi interior y le pedí en privado a mi hijo que me dijera toda la verdad. Lo que no me digo lo quería escuchar de usted.
-- Hija legítima de un Conde, porque lleva su apellido ¡Con razón me era tan familiar su apellido! -- Y después, algo entre August e Isabel me era familiar y entre August y Elizabeth o Lizza como prefiero llamarle desde ahora, me era muy similar. Y créame señora que apruebo la decisión que tomaron el Marqués y usted con su hijo Arthur -- La corte es cruel y debemos cuidar de nuestros hijos.
-- ¡Estoy de acuerdo con usted su Alteza! -- Se oyó una voz tras el Rey. Al voltearse miro el rostro de Francis mirarlo con firmeza y seriedad.
-- ¡Estamos de acuerdo entonces Marqués! -- Nuestros hijos guardarán el secreto de un amor prohibido que unió a dos seres que hoy por fin son marido y mujer y puedo decir en defensa de Amelia, ¡que fue lo único bueno que hizo en su vida! traer a su vida Marqués, ¡el amor de la bella Diana! -- Esta conversación queda sellada entre nosotros, mi esposa no lo sabe ni lo sabrá, lo que nos une ahora es un lazo irrompible de amor eterno, los hijos de mi hijo vivirán como príncipes y un día no muy lejano Marqués, ¡hagamos de su boda algo que se sepa en la corte! -- La sonrisa del Rey atrajo la mirada de su esposa quien acercándose a ellos preguntó: ¿De qué hablan que los hace tan felices?
-- ¡El Marqués está enamorado querida! -- Dijo el Rey -- ¡Oh vaya! ¿Van a casarse por fin?-- Esperaba que lo hiciera Marqués, su amor por Diana se escapa por sus ojos cada vez que la mira -- Créame que me hace feliz que la madre de Isabel y su protector se unan --¡debemos celebrar su decisión de unirse! -- Caminando se puso entre todos y dijo en alta voz: ¡Escuchen todos! Va a haber una boda -- El Marqués se casará de nuevo y tu madre Isabel ¡será la novia!
Todos miraron al Marqués y a Diana y sonriendo aplaudieron fingiendo alegría y sorpresa, hasta el Rey aplaudió la noticia que daba su esposa. Y antes de que se casara August sus padres se casaron por segunda vez.
Ya no era secreto, el Marqués tenía nueva esposa, la madre de la futura reina. El resto del secreto quedó entre las paredes y conciencias de los que sabían la verdad y un par de meses después se casó August.
La familia del Marqués disfruto de luz y de dicha al poder contemplar a sus padres del brazo sin sentir temor o vergüenza del que dirán.