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HIELO NEGRO

HIELO NEGRO

Status: Terminada
Genre:Villana / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Yasmin Safi (19) no nació para ser invisible.

En Kabul no hay hielo, solo polvo. Pero ella creció obsesionada con ser campeona de patinaje sobre hielo. Cuando consigue una beca para irse a Toronto, Canadá, deja todo atrás.

Bonita, muy sensual, inteligente, astuta y peligrosa, Yasmin sabe que nadie le va a regalar nada. Si tiene que seducir, mentir o destruir para llegar al oro, lo hará.

En el Toronto Ice Club, entre princesas millonarias que la odian, dos hombres caerán por ella:
Daniel Leblanc (22), el príncipe bueno que puede darle un futuro.
Alexei Volkov (31), el coreógrafo ruso que le enseñará a usar su cuerpo y su maldad como arma en el hielo.

Ella no quiere ser querida. Quiere ser reina. Aunque tenga que patinar sobre hielo negro.

#patinaje #afgana #villana

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2 - Las cinco de la mañana

A las cinco de la mañana Toronto parece otro país.

No hay buses. El metro no pasa. Yo caminaba desde mi cuarto en Scarborough hasta el club. Una hora y diez minutos con la mochila al hombro y los patines colgando. A menos veinte grados.

Mi cuarto era el closet de una casa. Literal. La señora que me rentaba había puesto una cortina y una cama individual. Pagaba trescientos dólares al mes y compartía baño con cuatro personas. No tenía calefacción. Me bañaba con agua que salía tibia dos minutos y luego helada.

Pero a las cinco, la pista era mía.

El señor de la limpieza se llamaba José. Mexicano. Me abría la puerta de servicio y me dejaba entrar antes de que llegaran los entrenadores. Me decía "la afgana loca". Me caía bien.

Patinaba sola hasta las seis y media. Sin música. Solo el sonido de mis cuchillas. Me caía tanto que ya no me dolía. Me salían moretones en las rodillas que se me ponían morados y luego amarillos. Me los tapaba con maquillaje barato.

El tercer día apareció Maya.

Maya Ríos. Diecinueve también. Mexicana, de Puebla. Patinadora también, pero del grupo de las tardes. Había llegado a las cinco porque se le había olvidado un suéter.

Me vio en el centro de la pista, con una malla rota y el pelo suelto, intentando un trompo.

"¿Estás loca o te castigaron?", me dijo en español.

Yo casi lloro cuando escuché español. Le contesté en español también. Mi español era malo, lo había aprendido viendo telenovelas con subtítulos.

"Me dijeron que puedo venir a esta hora."

Ella se rió. "Yo soy Maya. Y tú eres la que todos comentan en el grupo de WhatsApp. La afgana de los patines de Marketplace."

"Yasmin."

Nos sentamos en el hielo. Me prestó su termo con café. Estaba caliente y dulce.

"¿Dónde vives?", me preguntó.

Le dije lo del closet.

Ella hizo una cara. "No, así no vas a aguantar. Yo vivo con dos chicas más cerca del club. Hay un colchón libre en el piso. Cien dólares menos y no caminas una hora. ¿Te vienes?"

Yo no sabía qué decir. No conocía a nadie. En Kabul mi mamá me decía que no confiara en extraños.

Le dije que sí.

Ese mismo día me mudé. El cuarto era pequeño, olía a fritura y a perfume barato, pero tenía ventana. Y Maya me prestó una cobija gruesa.

Esa tarde, mientras me probaba unas mallas que me prestó, entró Daniel al vestuario de chicas por error. Bueno, dijo que por error.

Me vio con la malla a medio subir. Yo no me tapé.

"Perdón", dijo, pero no se fue.

"¿Siempre entras así a los vestuarios?", le dije.

Se puso rojo. "No. Venía a decirte que Thompson habló de ti. Dijo que tienes algo, pero que patinas enojada."

"¿Y eso es malo?"

"Es bueno si sabes usarlo."

Se acercó un poco. Olía a jabón y a frío. Me miró las rodillas. Tenía tres moretones nuevos.

"Te duele?", me preguntó.

"No."

Me mintió el cuerpo porque me acerqué yo también. Estábamos muy cerca. Yo sabía lo que estaba haciendo. Lo aprendí viendo a Teresa. Cuando un hombre bueno te mira así, no lo apartas. Lo dejas mirar un poco más y luego tú decides.

"¿Quieres que te enseñe a caer mejor para no lastimarte?", me dijo.

"Quiero que me enseñes a no caer."

Se rió. "Eso no se enseña."

En ese momento sonó su celular. Era Chloe. La pantalla decía Chloe con un corazón.

Daniel puso cara de culpable y se fue.

Maya salió de la ducha y me vio ahí parada.

"Uy", me dijo. "Ese es el novio de Chloe. Bueno, ex. Bueno, no sé qué son. Pero si te metes ahí, te van a odiar todas."

"Ya me odian", le contesté.

Maya me tiró una toalla. "Entonces hazlo bien. Si vas a ser la villana, sé la mejor villana. No la que llora en el baño."

Esa noche me miré las rodillas en el espejo. Moradas, raspadas. Me puse la crema que me había dado Maya.

Al otro día, a las cinco de la mañana, había otra persona en la pista.

Un hombre alto, con abrigo negro largo, mirándome desde la baranda. No era Thompson. No era Daniel.

Era Alexei Volkov.

Y no aplaudió. Solo anotó algo en su libreta y se fue.

Maya me había dicho: "Cuando Alexei te mira, ya valiste. Para bien o para mal."

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Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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