Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.
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Capítulo 3: El verdadero objetivo
El teléfono temblaba entre los dedos de Adrián.
Sus ojos permanecían fijos en el mensaje que acababa de recibir.
"Señor... encontré algo sobre el secuestro de hace veinte años. Creo que Emma nunca fue una víctima... era el verdadero objetivo."
Su respiración se volvió pesada.
No.
Eso no tenía sentido.
Durante dos décadas creyó que ambos habían sido simples niños atrapados en el lugar equivocado.
Si Emma era el objetivo...
Entonces él solo había sido una pieza más de aquel plan.
Guardó el teléfono y se alejó lentamente de la ventana del galpón.
No podía arriesgarse a que lo descubrieran.
Antes de marcharse, escuchó la voz de Damián por última vez.
—No den un solo paso sin avisarme. Si Volkov comienza a investigar, quiero saber cada uno de sus movimientos.
Adrián apretó los dientes.
Aquello ya no era una simple coincidencia.
Damián sabía mucho más de lo que demostraba.
Regresó al automóvil.
—Arrancá.
El chofer aceleró sin hacer preguntas.
Nadie habló durante todo el camino.
La mansión Volkov permanecía completamente iluminada a pesar de que eran casi las dos de la madrugada.
Viktor esperaba en la biblioteca.
Sobre la mesa había varias carpetas, fotografías antiguas y un portátil encendido.
Apenas Adrián entró, cerró la puerta.
—Decime que el mensaje no era una suposición.
—No lo es.
Viktor abrió una carpeta amarillenta.
—Me costó encontrar esto. Alguien intentó destruir casi todos los archivos.
Adrián tomó asiento.
—Empezá desde el principio.
Viktor acomodó varios documentos.
—Hace veinte años hubo un incendio en un depósito policial.
Oficialmente se dijo que fue un accidente.
Pero nunca lo fue.
Ese incendio destruyó todos los expedientes relacionados con el secuestro donde estuviste involucrado.
—Eso ya lo sabía.
—Lo que no sabías es que un detective hizo copias de algunos documentos antes del incendio.
Adrián levantó la vista.
—¿Dónde están?
Viktor deslizó una fotografía sobre la mesa.
Era una imagen borrosa de un hombre entrando al galpón.
—Este hombre dirigía la organización.
Nunca fue capturado.
Desapareció esa misma noche.
—¿Sabemos quién es?
—No.
Pero encontramos otra cosa.
Sacó una hoja vieja y la dejó frente a Adrián.
En la parte superior podía leerse una frase escrita a máquina.
Objetivo principal: Niña identificada como E.R.
Adrián sintió un nudo en el estómago.
—E.R...
—Emma Rossi.
El silencio inundó la habitación.
—¿Y yo?
Viktor negó lentamente.
—Tu nombre aparece varias veces... pero nunca como objetivo.
Solo como...
Se detuvo unos segundos.
—Daño colateral.
Aquellas dos palabras golpearon a Adrián como un puñetazo.
Durante veinte años creyó que el destino los había unido por casualidad.
Ahora comprendía que Emma siempre había sido el centro de todo.
A la mañana siguiente...
Emma despertó sobresaltada.
Había vuelto a tener el mismo sueño.
El mismo galpón.
El mismo niño llorando.
Y una pequeña estrella brillante entre sus manos.
Se incorporó rápidamente.
—Otra vez...
Se llevó una mano a la cabeza.
Últimamente esos sueños eran cada vez más frecuentes.
Miró el reloj.
Las siete de la mañana.
Debía ir a la empresa donde dirigía un importante proyecto de arquitectura.
Mientras preparaba café, intentó olvidarse del sueño.
Pero era imposible.
La imagen de Adrián no dejaba de aparecer en su mente.
Tomó el celular.
Sin saber por qué, abrió Internet.
Escribió un nombre.
Adrián Volkov.
Aparecieron cientos de noticias.
"El empresario más influyente del país."
"El CEO más joven en ingresar al ranking de millonarios."
"El hombre más difícil de entrevistar."
Emma abrió una fotografía.
—Son los mismos ojos...
Susurró para sí misma.
Había algo en aquella mirada que le resultaba extrañamente familiar.
Aunque no entendía por qué.
Al mismo tiempo...
En la oficina principal del Grupo Volkov.
Adrián observaba una enorme pantalla donde aparecían fotografías de Emma desde distintos momentos de su vida.
Viktor comenzó el informe.
—Trabaja en el estudio Arkan Arquitectos desde hace cuatro años.
Nunca cambió de empleo.
No tiene antecedentes.
No posee deudas importantes.
—¿Amigos?
—Pocos.
Su mejor amiga vive en otra ciudad.
—¿Familia?
Viktor hizo una pausa.
—Ahí está el problema.
Adrián levantó la vista.
—Los padres que figuran como sus padres biológicos la adoptaron cuando tenía seis años.
Adrián quedó inmóvil.
—¿Adoptada?
—Sí.
Y el expediente de adopción fue sellado por orden judicial.
Nadie puede acceder a él.
Adrián sintió que todas las piezas comenzaban a moverse.
Emma no recordaba su infancia.
No existían registros antes de los seis años.
Había sido adoptada.
Y alguien llevaba veinte años ocultándolo.
—Quiero ese expediente.
—Ya imaginaba que diría eso.
—No me importa cuánto cueste.
No me importa quién haya que enfrentar.
Quiero saber quién era Emma antes de convertirse en Emma Rossi.
En otro punto de la ciudad...
Damián entró a una oficina completamente oscura.
Solo una persona lo esperaba.
Un hombre mayor permanecía sentado de espaldas.
—¿Volkov ya empezó a investigar?
—Sí.
—Era inevitable.
Damián respiró hondo.
—Encontró a Emma antes de lo previsto.
El anciano golpeó suavemente el escritorio con los dedos.
—Entonces adelantaremos el siguiente paso.
—¿Está seguro?
—Sí.
Si Emma recupera la memoria...
Todo por lo que trabajamos durante veinte años desaparecerá.
Damián bajó la cabeza.
—Entiendo.
—Hay una sola solución.
El anciano giró lentamente su silla.
Su rostro permanecía oculto por las sombras.
Solo se escuchó una orden.
—Traela hasta mí.
Aunque sea contra su voluntad.
Emma salió de la oficina esa tarde más tarde de lo habitual.
La lluvia había comenzado otra vez.
Esperó un taxi durante varios minutos.
La calle estaba prácticamente vacía.
De repente sintió que alguien la observaba.
Miró hacia la vereda de enfrente.
Un automóvil negro permanecía estacionado.
Los vidrios polarizados impedían ver el interior.
Sintió un escalofrío.
Decidió caminar unos metros.
El automóvil arrancó.
La seguía.
Emma aceleró el paso.
El vehículo también.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Sacó el teléfono para llamar a Damián.
Pero antes de marcar, otro automóvil negro apareció a toda velocidad y se cruzó delante del primero.
Las dos camionetas frenaron de golpe.
La puerta del segundo vehículo se abrió.
Adrián descendió sin apartar la vista de Emma.
Ella quedó completamente paralizada.
Él caminó hasta quedar frente a ella.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente, Adrián dijo con una voz firme y serena:
—No tengas miedo.
Desde hoy...
No voy a dejar que nadie vuelva a hacerte daño.
Emma abrió los ojos sorprendida.
No entendía quién era ese hombre.
Ni por qué, al escuchar su voz...
Sintió unas inmensas ganas de llorar.
Continuará...