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UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Batalla por el trono / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:68.6k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone ya murió dos veces. La primera, de una bala por la espalda en el Viejo Oeste. La segunda, de vieja y en paz, después de una vida que le costó sangre construir. Y justo cuando creía que por fin iba a descansar, un dios la agarra del cuello del alma y le encaja una tercera: *"Tengo una misión para ti."*

Despierta en el cuerpo de Aurora, princesa heredera e hija del ministro de guerra. Gorda, humillada y recién asesinada por su propio prometido y su hermanastra en una "caída del caballo" que de accidente no tuvo nada. Ahora carga con dos vidas de recuerdos, un cuerpo que odia, una madrastra que la quiere muerta y un castillo donde nadie se baña, todos apestan y el veneno se sirve con una sonrisa.

Aquí no hay revólveres ni abogados. Solo su cabeza, un libro de hierbas y unas ganas feroces de no morirse una tercera vez.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2: El que envenena a una Boone, que se agarre las tripas.

La víbora terminó la noche dentro de una jarra de barro, con una tabla encima y una silla sobre la tabla.

Cassidy no gritó. No llamó a nadie. Se quedó un rato mirándola girar en el fondo del cacharro, pensando, y decidió que un bicho que mata servía más vivo que muerto. Después se volvió a acostar, con la jarra a los pies de la cama, y durmió mejor que en dos noches.

Que alguien afuera se muerda las uñas esperando el grito. El silencio también es un mensaje. Dice: fallaste, y ni siquiera me asustaste.

Al amanecer, cuando Ismenia entró y vio la jarra tapada con la serpiente, se puso del color de la cera.

—Alteza… ¿eso es…?

—Un regalo de bienvenida —dijo Cassidy, estirándose—. Alguien me quiere mucho. Déjala ahí. Y no le cuentes a nadie que sigo respirando. Que se enteren solos.

Lo segundo del día fue casi peor que la serpiente.

Porque las criadas llegaron con un vestido, cintas y un peine, y ni una gota de agua.

—A vestirse, alteza. La quieren presentable para el desayuno.

—¿Presentable? —Cassidy se olió el brazo y estuvo a punto de llorar, y no de emoción—. Llevo no sé cuánto sin lavarme. Huelo a oveja mojada. Primero, agua.

Las cuatro la miraron como si hubiera pedido volar.

—¿Agua, alteza? ¿Para encima? Se va a enfermar. El baño le abre los poros y le entran los humores malos. La señora se baña en primavera y…

—La señora huele a cebolla con patas, no me la pongan de ejemplo. —Respiró hondo, buscó la paciencia que dos vidas le habían enseñado a fingir—. Tráiganme una tina. Agua caliente. Un trapo. Y si alguien se enferma por bañarse, que me lo cobren a mí.

Y cuando por fin, tras una discusión que pareció un juicio, apareció la tina, vino lo tercero. Porque una no se baña sin vaciar antes el cuerpo, y en ese castillo vaciar el cuerpo era un acto público.

Ismenia le acercó el bacín. Y se quedó ahí. Parada. Mirando. Con las manos cruzadas, lista para esperar lo que hiciera falta, como quien sostiene un candelabro.

Cassidy la miró. Miró el bacín. La volvió a mirar a ella.

—¿Te vas a quedar ahí?

—Es mi deber, alteza. Siempre la he acompañado.

Dos vidas. Dos. Cassidy Boone se agachó en descampados, en trincheras y detrás de un cactus con tres hombres disparándole. Emilia Reyes tuvo inodoro y una puerta con pestillo. Y este universo me devuelve a una desconocida parada a medio metro de mi trasero, con cara de misa.

—Fuera —dijo—. Todas. Y esto es regla nueva: cuando yo me siente en esa cosa, el mundo espera del otro lado de la puerta. La realeza también caga sola.

Pero cuando ella pensó que había podido arreglar los problemas del baño lo ganó. Lo de los dientes la mandó a la biblioteca, mierda así sentía que le olía la boca y no quería oler como su madrastra, sintió la pasta espesa de días, pidió con qué lavarse los dientes y le trajeron un paño. Seco. Para frotar.

No hay cepillo, no hay pasta, no hay nada. En el Oeste, cuando no había ni eso, los viejos masticaban ramitas, hojas de menta, carbón, sal. Algo era algo. Y todo eso, en un castillo, tiene que estar guardado en un solo lado.

La biblioteca era un cuarto frío y olvidado, con más polvo que libros, pero tenía lo que buscaba: dos tomos gordos de herbolario, con dibujos de plantas y letra apretada.

Cassidy leía —Aurora sabía leer, gracias al cielo—, y tenía dos vidas de mañas para saber qué buscar.

Encontró la menta: para el aliento, para los dientes, para tapar la peste del castillo entero si hacía falta. Encontró raíces para las encías y cortezas para el mal olor.

Y encontró otra cosa. En la última página del segundo tomo, con un dibujo de hojas de lo más inocentes, la descripción de una planta que ya conocía de oídas del Oeste: la que vacía las tripas. La que en dos días deja a un hombre seco y arrepentido. Sin matarlo. Solo vaciándolo. Cassidy pasó el dedo por el dibujo y sonrió despacio.

Menta para mí. Y para mis enemigos, otra cosita del jardín.

No tuvo que esperar mucho para usarla.

Esa tarde, Ágata le mandó a sus aposentos un guiso "para celebrar que la princesa volvió a su lugar". Humeante. Oloroso. Servido con una sonrisa de dientes flojos por una criada que no le sostenía la mirada.

Demasiada amabilidad para una mujer que la noche anterior le había deseado la muerte en la puerta y había dejado una serpiente en su cama.

Nadie que te odió ayer te cocina hoy por amor.

Cassidy no lo tocó. Llamó al perro flaco que rondaba la cocina mendigando sobras y le puso el cuenco delante. El animal se lo tragó en tres lengüetazos.

Media hora después, el pobre no podía despegarse de un rincón del patio, temblando, vaciándose por los dos lados, con cara de no entender qué le habían hecho.

Cassidy lo miró desde la ventana, de brazos cruzados.

Con que esas tenemos, Aliento de Tumba. No me puedes sacar del cuarto, no me puedes matar de hambre, así que ahora me quieres pegada a un bacín, humillada, cagándome encima delante de todas para que el castillo se ría de la princesa. Buen plan. Lástima que jugaste con la comida de la persona equivocada.

Esa noche había cena grande en el salón: Ágata, Leonor, el príncipe, medio séquito, todos juntos celebrando su supuesta recuperación, pero no se molestaron en invitarla, pero Cassidy, que se había pasado el día ganándose a Ismenia con buenos modos y a las criadas nuevas con monedas, no tuvo que cocinar nada. Solo tuvo que lograr que un puñado de hojas secas del segundo tomo terminara donde tenía que terminar, y confiar en que el guiso, el vino y la salsa hicieran el resto por ella.

La cosa empezó pasada la medianoche.

Primero fue un cortesano que salió disparado del salón con la cara verde. Después dos. Después el pasillo entero era un desfile de gente doblada, gimiendo, peleándose por los pocos bacines y las pocas letrinas de un castillo que nunca creyó necesitar tantas. Se oían arcadas contra los muros. Se oían cosas peores. Y por encima de todo, subiendo por las escaleras como una marea, ese olor —el verdadero olor del castillo, el que el perfume tapaba— multiplicado por cien.

En un cuarto, Leonor lloraba abrazada a un balde. En otro, el príncipe descubría que ni el perfume más caro tapa lo que le estaba pasando. Y Ágata, doblada sobre su propio bacín, con las tripas hechas un nudo, alcanzó a pensar una sola cosa clara entre retortijón y retortijón.

El guiso. Yo mandé el guiso. Pero yo no comí el guiso.

Levantó la cabeza, pálida, atando cabos despacio.

Al otro lado del castillo, limpia, seca, con el aliento fresco a menta y una jarra de barro a los pies de la cama, la princesa gorda a la que todos creían tonta dormía como un bebé.

Primera lección, brujas: en esta casa, la única que decide quién se caga, soy yo.

1
Sandra Chana
Me encantó. Felicitaciones autora.
Guadalupe Flores
Otra vez error. Muerto el perro se acabó la Rabia.dale cuello
Guadalupe Flores
Y la prueba en la sabana?
Guadalupe Flores
Maldicion es de madrugada y no puedo dejar de leer. Mañana voy a parecer mapache
Guadalupe Flores
De México y sin duda Cassidi se gana toda la novela. He leído un centenar de novelas donde muchas veces gusta más el personaje antagonico secundario etc. Pero a cassidi no la tumba nadie
Guadalupe Flores
Esto está de infartooo
Guadalupe Flores
Inguesuuu. Este misterio está buenísimo. Y si le das lo mismo al Rey para que se vaya apagando 🤣🤣
Guadalupe Flores
Ese. Rey se cree listo pero Cassidi es más que se case y en la noche de bodas le de matarili. Y ella queda como la reina viuda he que tal. Luego después del luto se case con el guapo mayor🤣🤣
Guadalupe Flores
Y el Óscar a la mejor actuación es paraaaa. Cassidyyyy😂😂
Guadalupe Flores
Siii me encanta que hagas una zaga con cassidi. 😂
eljardindeadri
escritora una novela muy bonita de principio a fin. pero al,principio según con Daniel tuvo tres hijos y al final sali que no, y ella se llamaba Aurora por que los hermanos le decían cassydy. me hubiera gustado una historia por casa hermano, pero bueno vamos por la siguiente historia
Luz Angela Castillo Ramirez
😭😭
Sandra Chana
👏👏👏 chapeaux!
Margarita Acuña Cerda
Lo peor es el poder el rey hace lo que quiera ,ahítame este tiempo quien tenga poder hace lo mismo simi miremos al demonio de trump o los narcos 😔😔😔😔😔
Margarita Acuña Cerda
Y por favor hecha a las putizorras también 🤭🤭🤭3
Roxana Gardilcic
eres genial!! un nivela alucinante!!
Margarita Acuña Cerda
Oye autora es muy entretenida la novela me encanta🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Jajaja que se quede con los 3 me gusta🥰🥰🥰🤭🤭😠
DAINADIE ZAMOR
Excelente historia 👍 👏🏽 🥰
Maria Gonzalez Gonzalez
que bonito detalle de la cena preparada a la luz de las velas 😍❤️😍❤️😂
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