"Si el destino insiste en arrebatártelo... entonces destruiré el destino antes de perderte otra vez."
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El príncipe que debía desaparecer
«"En un tablero de ajedrez, los peones son las primeras piezas en ser sacrificadas. Sin embargo, nadie imagina que uno de ellos pueda cambiar el destino de la partida."»
La campana del palacio sonó tres veces.
Su eco recorrió los largos corredores de mármol blanco, atravesó los jardines interiores y llegó hasta las habitaciones más alejadas del Palacio Real de Astriel.
Era una convocatoria real.
Todos los miembros de la familia debían presentarse inmediatamente en el Salón del Trono.
Lina regresó con un grupo de sirvientas.
Sobre una mesa comenzaron a colocar distintas prendas de vestir.
Capas bordadas con hilos de oro.
Túnicas de seda.
Joyas pertenecientes a la familia real.
Todo aquello parecía demasiado lujoso para un príncipe olvidado.
Elian observó la escena con tranquilidad.
En la novela, aquel día estaba marcado con una sola frase.
"El séptimo príncipe fue enviado como tributo al Imperio Noctis."
No había más.
Ni una conversación.
Ni un pensamiento.
Ni una despedida.
El personaje desaparecía de la historia como si nunca hubiera existido.
Ahora comprendía el motivo.
Aquel príncipe jamás había tenido importancia para nadie.
—Su Alteza...
Lina sostuvo una túnica azul oscuro.
—¿Le gusta esta?
Elian negó con suavidad.
—La negra.
La joven dudó.
—Pero... es el color del Imperio Noctis.
Los demás príncipes jamás vestirían ese color frente al rey.
Podría interpretarse como una ofensa.
Elian sonrió apenas.
—Precisamente por eso.
Lina no entendió el motivo.
Pero obedeció.
Mientras ayudaba a vestir al joven, no pudo evitar mirarlo por el espejo.
Algo había cambiado.
No sabía qué era.
Su príncipe siempre caminaba con la cabeza baja.
Siempre hablaba con inseguridad.
Siempre intentaba pasar desapercibido.
Ahora...
Su postura era recta.
Su mirada permanecía tranquila.
Y la serenidad con la que aceptaba todo resultaba desconcertante.
...
El Salón del Trono estaba lleno.
Los seis príncipes mayores ocupaban sus lugares.
Las princesas permanecían junto a sus madres.
Los nobles cuchicheaban entre ellos.
Cuando Elian cruzó la puerta principal, varias conversaciones se detuvieron.
—¿Es el séptimo príncipe?
—Hoy parece otra persona...
—¿Siempre fue tan... elegante?
Elian ignoró cada comentario.
Caminó sin prisa hasta ocupar el último lugar de la fila.
Como siempre.
Como el hijo menos importante.
El rey de Astriel apareció poco después.
Era un hombre de rostro severo y cabello ya teñido de gris por los años.
Su mirada recorrió a todos sus hijos.
Cuando llegó a Elian...
No mostró emoción alguna.
—Ha llegado un decreto del Imperio Noctis.
Los murmullos cesaron al instante.
El nombre del imperio bastaba para llenar el ambiente de tensión.
—El emperador Kael Draven Noctis ha aceptado firmar un tratado de paz.
Un suspiro colectivo recorrió el salón.
Pero el rey continuó hablando.
—A cambio...
Exige un miembro de la familia real como garantía del tratado.
El silencio volvió.
Todos comprendieron lo que significaba.
Nadie quería ser enviado al imperio del hombre conocido como el Rey Carmesí.
El rey levantó lentamente un pergamino.
—Después de consultar con el consejo...
He tomado una decisión.
Los ojos de varios príncipes se dirigieron discretamente hacia Elian.
Todos conocían el resultado incluso antes de escucharlo.
—El elegido será...
Elian Aster Lucien.
Nadie protestó.
Nadie mostró sorpresa.
Era exactamente lo que todos esperaban.
Lina, que observaba desde un rincón, bajó la cabeza para ocultar la tristeza en sus ojos.
Elian, en cambio...
Dio un paso al frente.
Se arrodilló con elegancia.
—Acepto la voluntad de Su Majestad.
Aquella respuesta tomó por sorpresa incluso al rey.
Esperaba lágrimas.
Súplicas.
Reproches.
No aquella calma.
—¿No tienes nada más que decir?
Preguntó el monarca.
Elian levantó la mirada.
Su expresión seguía siendo serena.
—Si mi partida evita otra guerra...
Entonces partiré sin resentimiento.
Varios nobles intercambiaron miradas.
Por primera vez, algunos comenzaron a observar al séptimo príncipe con auténtico interés.
No parecía un joven resignado.
Parecía alguien que ya conocía el camino que debía recorrer.
El sistema habló dentro de su mente.
—Has mentido.
Elian mantuvo la sonrisa.
—Lo sé.
—No te marchas por evitar una guerra.
—No.
Respondió mentalmente.
—Me marcho porque, al otro lado de la frontera...
Hay una persona a la que llevo toda una vida esperando conocer.
Por primera vez desde que reencarnó, la distancia entre él y Kael dejó de ser un sueño.
El viaje hacia el Imperio Noctis estaba a punto de comenzar.
Nunca faltan las víboras