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La Contadora Del Mafioso

La Contadora Del Mafioso

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Mafia / Amor-odio
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Mi vida nunca fue mía. Primero fueron los golpes de mi padre y sus gritos recordándome que no valía nada, hasta que finalmente decidió ponerme un precio. Me vendió como si fuera un objeto para pagar su maldita deuda.
Ahora mi dueño es Dante.
Él es frío, letal y no tiene piedad con nadie, pero me necesita para llevar las cuentas de su imperio. Pensé que pasaría de un infierno a otro, pero en sus ojos oscuros encuentro algo que nunca conocí. Ahora estoy atrapada entre los números de la mafia y el deseo por el hombre que me compró.
¿Se puede amar a quien te posee?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El Contrato de Sangre

POV: Dante

El silencio en el jet se ha vuelto asfixiante, pero no por la falta de palabras, sino por la revelación que Alessia acaba de soltar sobre la mesa. Mis propios auditores, hombres con doctorados y décadas de lealtad comprada, no vieron lo que esta mujer de 22 años, con el labio partido y el alma en vilo, ha detectado en cinco minutos.

—¿Estás segura de lo que dices, Alessia? —mi voz es un rugido bajo. Si mi tío Marcello está usando mis rutas de vino para mover armamento, no es solo un robo. Es una declaración de guerra interna. Una que podría terminar con mi cabeza en una pica en la plaza de Palermo.

—Los números no tienen lealtades, Dante —responde ella, y me gusta cómo mi nombre suena en su boca, como un secreto prohibido—. Mira este asiento contable. La salida de capital está camuflada como "pérdida por merma en transporte", pero el código Swift de destino pertenece a una naviera de carga pesada en los Balcanes. Nadie compra uvas en los Balcanes con tres millones de euros.

Me pongo de pie, incapaz de quedarme quieto. La furia me recorre, pero al girarme, veo cómo ella se encoge en el asiento. El movimiento brusco que hizo al mostrarme los papeles le ha pasado factura. Está pálida, una gota de sudor frío le recorre la sien y tiene una mano apretada contra sus costillas.

—Siéntate —le ordeno. No es una petición.

—Estoy bien... —miente. Es una mentirosa pésima cuando se trata de su propio dolor.

—Dije que te sentaras.

Voy hacia el compartimento de emergencias del avión y saco el kit médico profesional. Me arrodillo frente a ella, quedando entre sus piernas. El espacio es tan reducido que nuestras rodillas se rozan. Puedo oler el rastro del jabón de la ducha mezclado con el aroma a papel viejo de sus libros.

—Desabrocha los botones de la camisa —digo, sacando un frasco de antiséptico y una pomada para hematomas profundos.

POV: Alessia

El corazón me golpea las costillas, y no solo por la fractura. Dante está arrodillado frente a mí, con esa mirada de depredador ahora enfocada en mi herida con una concentración aterradora. Sus manos, esas manos que probablemente han apretado gatillos y cuellos, ahora sostienen una gasa con una delicadeza que me confunde.

—Hazlo tú o lo haré yo —advierte, sin subir la vista.

Con dedos temblorosos, deshago los tres primeros botones de su camisa. La tela se abre, revelando la piel amoratada de mi costado. El frío del aire acondicionado del avión me hace temblar, pero el calor que emana de Dante es como un imán.

Siento el primer toque de sus dedos. Están calientes. Empieza a aplicar la pomada con movimientos circulares, lentos, casi hipnóticos. Su pulgar presiona justo en el borde del golpe más oscuro y suelto un gemido ahogado de dolor y algo más que no me atrevo a nombrar.

—Tu padre es un hombre muerto, Alessia —dice él, y su voz vibra en el aire entre nosotros—. No importa cuánto dinero me deba ya. Nadie marca lo que me pertenece de esta manera y vive para contarlo.

—Yo no le pertenezco —susurro, aunque mis sentidos me están traicionando.

Dante se detiene. Sube la mirada y sus ojos oscuros se clavan en los míos. Su mano se queda fija en mi costado, quemándome la piel.

—Ese es el problema de los contratos, piccola. Siempre hay una letra pequeña. —Se inclina más, invadiendo mi espacio hasta que nuestras respiraciones se mezclan—. Me diste tu vida a cambio de tu libertad. Ahora mi apellido es tu escudo, pero también es tu cadena. Si ese traidor descubre que tú eres quien está desenredando sus cuentas, vendrá por ti. Y yo soy el único muro entre tú y una fosa común en el Mediterráneo.

Su otra mano sube hasta mi nuca, sus dedos se enredan en mi cabello húmedo y me obliga a mantener el contacto visual. No hay ternura aquí, solo una posesión oscura que me hace sentir más viva de lo que jamás me sentí en esa cocina.

—Encuentra al resto de los implicados —ordena, su rostro a milímetros del mío—. Muéstrame quién más está vendiendo mis rutas. Hazlo, y te daré un mundo donde nadie, ni siquiera yo, podrá volver a hacerte sangrar.

(...)

El coche avanza por una carretera serpenteante bordeada de cipreses y muros de piedra antigua. Sicilia es hermosa de una manera salvaje y cruel, igual que el hombre que se sienta a mi lado en silencio.

Cuando los portones de hierro de la Villa Vitale se abren, se me corta la respiración. Es un palacio de mármol y luces cálidas, pero los hombres con metralletas apostados en cada esquina me recuerdan dónde estoy realmente. Dante baja del coche y me ofrece su brazo. Es un gesto de caballero que esconde una advertencia: "No te sueltes".

Caminamos hacia la entrada principal. Al final del pasillo, en un comedor inmenso, nos espera un hombre mayor, de cabello canoso y una sonrisa que no llega a sus ojos astutos: Marcello Vitale.

—¡Dante! —exclama el hombre, levantando una copa—. Te esperábamos para la cena. Veo que has traído compañía... poco habitual.

Marcello se acerca, rodeando la mesa. Se detiene frente a nosotros e ignora a Dante para clavar su mirada en mi labio partido y en la camisa de seda de Dante que me queda enorme. Intenta alargar una mano hacia mi mentón, pero Dante reacciona con una velocidad aterradora. Le atrapa la muñeca en el aire con un crujido seco.

—Ten cuidado con dónde pones las manos, tío —la voz de Dante es puro veneno—. No es una empleada. Y mucho menos un objeto de servicio.

Dante me sujeta por la cintura, pegándome a su costado con una fuerza posesiva que me quita el aire. Siento su calor protegiéndome, ocultando mis marcas bajo su chaqueta.

—Marcello, te presento a Alessia —anuncia Dante, elevando la voz para que todos en la sala escuchen—. Es mi prometida. Y la futura señora de esta casa. Así que la próxima vez que te dirijas a ella, asegúrate de hacerlo con el respeto que le debes a la mujer que lleva mi apellido.

El silencio es sepulcral. Marcello palidece, mirando alternativamente a Dante y a mí. Sabe que, como "novia" de Dante, ahora soy intocable según las leyes de la mafia.

—¿Tu prometida? —Marcello suelta la muñeca con resentimiento—. No sabía que tenías planes de sentar cabeza, sobrino. Una elección... interesante.

—La vida da muchas vueltas, tío —responde Dante, guiándome hacia la silla a su derecha—. Ahora, sentémonos. Tenemos mucho de qué hablar.

1
Haydee Neyra
excelente me gustó 🆗
👑🖤📚
llevas diciendo lo mismo desde el inicio, en serio eres mafioso? como llegaste hacer capo ? 🤨🙄😒
Andrea Nardelli
en la mejor parte nunca terminan
👑🖤📚
eso es lo que me estresa de ti Dante, puro Hablar pero nada de actuar desde que descubriste lo del ataque debiste asesinarlo o mandado lejos de la familia
Milagros Lopez
muy buena excelente hasta el momento. gracias escritora por compartir
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