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​Luz En El Cristal

​Luz En El Cristal

Status: En proceso
Genre:Dominación / Amor-odio
Popularitas:42k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Él es cristal: frío, poderoso e inquebrantable. Ella es la luz que amenaza con romperlo.
​Alistair Vance, un CEO implacable que lo toma todo por la fuerza, encuentra su obsesión en la dulce Evie Morales. Pero cuando una traición cruel destruye su confianza, ella desaparece, dejando al hombre más poderoso del mundo de rodillas.
​Él está dispuesto a quemar el mundo para encontrarla. Ella solo quiere olvidar que alguna vez lo amó.

NovelToon tiene autorización de EJ CB para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El rugido del silencio

El restaurante que Alistair eligió no era uno de esos lugares ruidosos y llenos de gente que Evie solía frecuentar. Era un establecimiento discreto, ubicado en un ático con vistas al río, donde las mesas estaban lo suficientemente separadas como para garantizar una privacidad absoluta. El ambiente olía a trufa, vino añejo y poder. Al entrar, el metre saludó a Alistair con una reverencia casi imperceptible; allí, él no era solo un cliente, era un soberano.

Alistair guio a Evie hacia una mesa en la esquina, manteniendo una mano en la pequeña de su espalda. No llegaba a tocarla del todo, pero ella podía sentir el calor de su palma irradiando a través de la seda de su blusa. Era un gesto protector, casi territorial.

—Es un lugar hermoso, Alistair —susurró Evie, mirando las lámparas de cristal que colgaban del techo—. Pero un poco... serio. Como tú.

—Es eficiente —respondió él, apartándole la silla con una cortesía mecánica que ocultaba la tensión en sus músculos—. Aquí no hay distracciones. Podemos hablar del proyecto sin interrupciones.

—¿De verdad me trajiste aquí solo para hablar de planos? —Evie se sentó, y al hacerlo, su falda se ajustó a sus muslos, un detalle que Alistair intentó ignorar mientras se sentaba frente a ella.

—Es el propósito de este almuerzo, ¿no? —Los ojos negros de Alistair se clavaron en los café de ella.

—Si tú lo dices... —Evie sonrió, abriendo el menú.

La paz duró poco. A mitad del segundo plato, un hombre de unos treinta años, vestido con un traje que gritaba "dinero heredado", se levantó de una mesa cercana y se acercó a ellos con una sonrisa de excesiva confianza.

—¿Evie? ¿Evie Morales? No puede ser —dijo el hombre, ignorando por completo la presencia de Alistair.

Evie levantó la vista y su cara tierna se iluminó con reconocimiento.

—¡¿Julian?! ¡Madre mía, cuánto tiempo!

—Desde la exposición en Florencia, creo —dijo el tal Julian, inclinándose hacia ella. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Evie con una libertad que hizo que Alistair apretara los cubiertos hasta que sus nudillos se volvieron blancos—. Estás... radiante. Veo que Italia te sentó de maravilla, aunque esos rizos siguen siendo tan salvajes como los recuerdo.

Alistair dejó caer el tenedor sobre el plato de porcelana. El sonido fue pequeño, pero en el silencio de la mesa, sonó como un disparo. Julián finalmente pareció notar que Evie no estaba sola.

—Oh, lo siento. No quería interrumpir —dijo Julian, aunque no hizo amago de irse. Miró a Alistair con una mezcla de curiosidad y condescendencia—. Soy Julian Montero, galerista. ¿Y usted es...?

Alistair no se levantó. Se reclinó en su silla, cruzando los brazos sobre su pecho musculoso. Su mandíbula estaba tan tensa que parecía que podría romper el hueso. Sus ojos negros estaban fijos en el intruso con una intensidad letal.

—Alistair —respondió él, su voz era un gruñido bajo, gélido, que hizo que Julian perdiera un poco de su sonrisa—. Su empleador.

—Ah, ya veo. El mundo de los negocios —Julian volvió a mirar a Evie, ignorando la advertencia implícita en el tono de Alistair—. Evie, tenemos que vernos. Estoy organizando una nueva exhibición y me encantaría tener tus últimas piezas. ¿Qué tal si cenamos mañana? Te daré mi tarjeta de nuevo, por si perdiste la anterior en alguna de nuestras noches locas en Roma.

Julian extendió una mano y tocó el hombro de Evie, rozando uno de sus rizos negros.

En ese momento, algo estalló dentro de Alistair. La lógica que tanto presumía desapareció, reemplazada por un instinto primitivo y posesivo que no sabía que poseía. Se puso en pie con una lentitud amenazante, revelando su imponente estatura. Su cuerpo musculoso parecía ocupar todo el espacio entre Julian y Evie.

—Ella no está disponible mañana —dijo Alistair. No era una sugerencia; era un hecho absoluto.

—¿Perdón? —Julian parpadeó, intimidado por la sombra física que Alistair proyectaba sobre él.

—El proyecto en el que trabaja requiere su atención exclusiva. Día... y noche —continuó Alistair, dando un paso hacia Julian. Su voz era ahora un susurro peligroso—. Y dudo mucho que le interese cenar con alguien que no sabe cuándo una conversación ha terminado.

Evie miraba la escena con los ojos muy abiertos. Nunca había visto a Alistair así. No era solo seriedad; era una oscuridad vibrante, una ira contenida que resultaba, de una manera extraña y aterradora, increíblemente atractiva.

—Yo... solo estaba saludando —balbuceó Julian, dando un paso atrás—. Evie, llámame si...

—No lo hará —cortó Alistair—. Ahora, retírate.

Julian no esperó una segunda invitación. Se dio la vuelta y regresó a su mesa casi huyendo. Alistair permaneció de pie un momento, con la respiración pesada, sus ojos negros aún fijos en la espalda del hombre hasta que lo vio sentarse.

Lentamente, Alistair volvió a sentarse. El silencio en la mesa era denso, casi sólido. Él no miraba a Evie; mantenía la vista fija en su copa de vino, intentando procesar la oleada de celos que acababa de quemarle las venas.

—¿Día y noche? —preguntó Evie suavemente, rompiendo el hielo.

Alistair levantó la vista. Sus ojos seguían oscuros, nublados por el resto de la adrenalina.

—Es un tipo de mala calaña. Solo buscaba aprovecharse.

—Me conoces desde hace menos de veinticuatro horas, Alistair —dijo ella, apoyando los codos en la mesa y acercándose a él. Su cara tierna tenía ahora una expresión de curiosidad—. Y ese "tipo" es uno de los galeristas más respetados de Europa. Lo que acabas de hacer... eso no fue por el trabajo.

Alistair apretó los labios. Quería negarlo. Quería decir que solo estaba protegiendo los activos de su empresa. Pero cuando miró esos ojos café, tan cálidos y honestos, la mentira se le murió en la garganta.

—No me gustó cómo te miraba —admitió él, su voz volviéndose ronca—. Y menos cómo te tocó.

Evie sintió un escalofrío recorrerle la piel, pero no de miedo. Era una emoción nueva, una vibración que nacía en su vientre y se extendía por todo su cuerpo.

—Vaya... el ogro tiene garras.

Alistair se inclinó hacia ella, invadiendo su espacio de nuevo. Su mano se movió sobre la mesa y, esta vez, fue él quien buscó el contacto. Atrapó los dedos de Evie, apretándolos con una firmeza que la hizo contener el aliento. Sus ojos negros brillaban con una intensidad posesiva.

—No bromees con esto, Evie. Soy un hombre de pocas paciencias y muchas obsesiones. Y empiezo a pensar que tú podrías convertirte en la más peligrosa de ellas.

Evie tragó saliva. La alegría habitual de su rostro dio paso a una seriedad suave, a una entrega que ella misma no terminaba de comprender.

—Soy una chica grande, Alistair. Sé cuidarme sola. Pero... —hizo una pausa, entrelazando sus dedos con los de él— nadie me había defendido así antes.

Alistair sintió que el corazón le golpeaba contra las costillas. La vulnerabilidad en la voz de Evie, sumada a su belleza voluptuosa y esa inocencia que él sabía que era real, lo desarmaron por completo. Quiso besarla allí mismo, frente a todo el restaurante, para dejar claro que ella era su luz y que nadie más tenía derecho a mirarla.

—No permitiré que nadie te ponga una mano encima —prometió él, su pulgar acariciando el dorso de la mano de ella—. Eres mi consultora, Evie. Y yo cuido lo que es mío.

—¿"Lo que es tuyo"? —repitió ella con una sonrisa traviesa que volvía a asomar—. Todavía no soy tuya, Alistair.

—Todavía —repitió él, y la palabra sonó como una sentencia.

El resto del almuerzo transcurrió en un silencio cargado de electricidad. Ya no hablaban de planos. Hablaban con las miradas, con los roces "accidentales" de sus pies bajo la mesa y con la certeza de que algo irrevocable había cambiado entre ellos.

Cuando salieron del restaurante, el aire de la ciudad parecía más frío, pero entre ellos dos, la temperatura no dejaba de subir. Alistair sabía que esa noche no volvería a dormir. Y Evie sabía que, por primera vez en sus veinticuatro años, estaba a punto de descubrir por qué el cristal, aunque frío, puede quemar tanto como el fuego.

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B💫🤍Tasharen ^_^
quiero más capítulo ☺️
Isabella Medina🌹
obsesionado 🤭
Isabella Medina🌹
🥺😕🤷♥️
Camila Rojas🌹
Cada vez más bueno este libro🌹
Camila Rojas🌹
/Heart//Heart/
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 Me encantan los protagonistas solo espero que cuando lleguen los problemas los afronten juntos y no se dejen engañar 💕💕💕💕
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😞😞😔😔😔
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
ay noooo 😱😱😱😱
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😒😒😒😒😒 rata callejera
Alejandra Mendoza🌹
más, más 🥰🌹
Angela Zambrano. J
❣️
Fatima Suárez🌹
Me encanta demasiado 🥰❤️‍🔥🤩
Fatima Suárez🌹
Uhm,ujhum🥰
Fatima Suárez🌹
me encanta esto
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
Bello capítulo
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
❣️
Anyi Teran🌹
más por favor
Lulu García Verde
Esa mujer es tonta el no la hecho nada se cree una mártir que asco
Ley Rui2
más capitulo 🤭
Camila Torres🌹
te puedes esconder debajo de las piedras, pero el te encontrará ☺️
Sara Gómez🌹: total 🤫
total 1 replies
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