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El Precio De Tu Amor

El Precio De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Laura dejó la universidad y su país por amor. Creyó que Michel era el hombre de su vida, pero su madre, Maritza, la humilló hasta hacerla huir. Sola, sin dinero y sin papeles, Laura empezó desde abajo: limpiando pisos y durmiendo en un albergue. Hasta que un hombre llamado Alfred McCormick vio en ella algo que nadie más había visto: talento, inteligencia y una fuerza indomable.

Ahora Laura es economista, esposa de un CEO, y el rostro de una empresa millonaria. Pero el precio de su amor ha sido alto. La mafia rusa, un exnovio arrepentido, una suegra que la odia, y una misión encubierta en Cuba pondrán a prueba todo lo que ha construido. Porque cuando el pasado regresa, no siempre viene solo. A veces trae balas.

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Socio Invisible

CAPÍTULO 18: El Socio Invisible

La segunda reunión fue en la suite, pero Gonzalo Chávez Pulido no estaba solo. A su derecha estaba sentado un hombre de unos sesenta años, de pelo canoso y un traje azul marino. Un desconocido que Laura adivinó al instante, que se trataba del socio invisible de su anfitrión.

—Le presento al señor Esteban Valdés —dijo Chávez Pulido— Mi socio no tiene un alto puesto en la aduana ni tampoco le hace falta, porque conoce al dedillo el puerto donde trabaja, y lo que hace falta para burlar el sistema de control que verifica todo lo que entra y lo que sale de este país. Por otro lado es un hombre de toda mi confianza, porque trabaja desde hace tiempo con nosotros.

—Mucho gusto Raquel—dijo Laura, extendiendo la mano.

Y al saludar al socio invisible Laura presintió que Esteban Valdés era un operario, o un funcionario menor de la aduana en algún puerto del país. Pero eso tendrían que averiguarlo porque Chávez Pulido, no había dicho el lugar específico donde trabajaba.

Después de presentarle a Laura, el anfitrión giró el cuerpo en dirección al lugar donde estaba parado Alfred.

—Y este es el señor Roy Anderson —dijo enfatizando el apellido— un hombre de negocios que no tiene miedo de invertir su dinero en Cuba.

— ¡Mucho gusto señor! —Expresó Alfred con efusividad—

—El gusto es mío—se limitó a decir Esteban—

Pero estrechó la mano de Roy con frialdad, como si en ese acto estuviera demostrando su confianza en que nada ni nadie era capaz de tocarlo. ¡Pero lo que no podía imaginar es que al entrevistarse con la pareja de inversionistas americanos, la suerte que había tenido hasta ese momento acaba de cambiar!

—Así que ustedes son Inversionistas americanos —dijo con ironía—. Eso es un poco raro en estos tiempos.

—Ya el señor Gonzalo le dijo, que a nosotros nos gusta correr riesgos —intervino Alfred—

Valdés asintió.

—Siéntense, hablemos de negocios.

Chávez Pulido desplegó un mapa de Cuba sobre la mesa, y marcó un puerto importante de la isla. Acto seguido miró con aire de autosuficiencia a la pareja de americanos.

—Aquí es donde nosotros operamos los contenedores que vienen de Estados Unidos, México y Panamá.

— ¿Y el dinero? —preguntó Laura.

Valdés respondió por él.

—Viaja en los dobles fondos que tienen los contenedores, y de ahí lo sacamos de Cuba en barcos para distribuirlos en otros países, que no les puedo mencionar. ¡Y todo eso se logra en tiempo record y con un mínimo de riesgos, gracias a la empresa fantasma que mi amigo representa!

—Porque trabajamos con gente probada, para evitar que el gobierno cubano nos descubra—Interrumpió Chávez Pulido, para reafirmar la confiabilidad de la empresa fantasma—Les hago esa aclaración porque aquí sancionan muy duro, al que descubran dedicándose a lo que nosotros hacemos.

—Si pero ustedes pueden estar tranquilos—Rectificó Valdés— Porque además de ser ciudadanos americanos, la empresa que Chávez representa es una empresa confiable, y por eso en cinco años nadie ha detectado a lo que se dedica ¡Ni aquí en Cuba, ni en los Estados Unidos!

—Hasta ahora —dijo Laura, sin pensar en las consecuencias de su insinuación—.

Valdés la miró con intensidad.

— ¿Hasta ahora? ¿Usted sabe algo que no sabemos… señora McCormick?

Laura corrigió rápido, porque sin querer insinuó que ya habían sido detectados por las autoridades cubanas.

— ¿Usted trató de alertarnos sobre algo…?—Insistió Valdés en tono imperativo—

—No…señor Valdés. Lo que traté de decir es que hasta ahora nadie lo has detectado, y eso demuestra que ustedes saben proteger bien el negocio.

—Muy bien, seguimos entonces. Nosotros queremos que ustedes pongan el capital inicial: que son doscientos mil dólares —al decir la cifra, Valdés dibujó en el aire con el dedo índice, un dos con cinco ceros imaginarios —. Las ganancias serían de un treinta por ciento para ustedes, y del setenta para nosotros. ¿Aceptan?

Alfred miró a Laura. Ella asintió.

—Aceptamos —dijo Alfred—. Pero queremos conocer toda la operación.

Valdés y Chávez Pulido intercambiaron una mirada.

—Eso no es posible —respondió Valdés.

—Entonces no hay trato —dijo Laura, levantándose.

Chávez Pulido iba a protestar, pero Valdés levantó una mano interrumpiendo lo que iba a decir.

—Está bien —cedió—. Les mostraremos parte de la operación, pero no todo. Y si alguna vez hablan de lo que van a ver, no habrá lugar en el mundo donde puedan esconderse.

—De acuerdo —dijo Laura—. ¿Cuándo empezamos?

—Mañana a las nueve un auto arrendado a nombre de Roy, los va a estar esperando en el estacionamiento del hotel. Ustedes lo van a abordar, y el chofer va a seguir a un panelito rojo que los va a llevar hasta el lugar que les interesa.

— ¿De qué manera identificamos al panelito? —Indagó Laura—

—El chofer del taxi sabe lo que tiene que hacer. Ah, déjenme advertirle algo muy importante, olvídense de llevar cámaras, o de filmar con los móviles porque el chofer no se los va a permitir.

A la mañana siguiente, un coche oscuro los recogió y durante el trayecto el conductor no dijo una palabra.

— ¿Crees que esto es una trampa? —susurró Alfred.

—No lo sé —respondió Laura—. Mantén los ojos abiertos.

El coche se detuvo en las afueras del puerto, y por primera vez desde que salieron del hotel, el conductor les dirigió la palabra señalando hacia un camión blanco.

—Aquel camión sale dentro de un rato. Tomen las llaves de aquel auto que está allí, y síganlo cuando se vaya. Ah…, ese carro lo van a manejar ustedes, y cuando regresen lo parquean en el mismo lugar donde yo estaba estacionado.

Alfred y Laura le dieron las gracias y se bajaron, el aire de mar inundó sus pulmones mientras se trasladaban a un sedán gris, parqueado al borde de la carretera. Al llegar junto al carro Laura hizo una inspección circular del vehículo, mientras Alfred se agachaba simulando que se amarraba el cordón de un zapato, para mirar por debajo de la carrocería. Al levantarse le hizo una seña a Laura de que todo estaba normal, abrieron las puertas con las llaves, y Laura se puso al volante.

— ¿Vas a manejar? —Preguntó Alfred—. Yo pensé que ibas a dejar que yo manejara, para que pudieras disfrutar el paisaje.

—De disfrutar del paisaje vamos a tener tiempo. Además esto para mí es como un acto de justicia, porque saqué la licencia en Cuba pero nunca tuve coche. Será la primera vez.

—Estupendo —murmuró Alfred—Adelante entonces, que ya el chofer del camión hizo señas para que lo siguieran.

El camión arrancó y Laura lo siguió a distancia. Salieron del puerto atravesando la ciudad, y tomaron una carretera que se adentraba en el campo. Llegaron a un almacén aislado, rodeado de alambre de púas. Laura aparcó.

—Vamos a esperar a ver qué sucede—dijo Laura—.

De lejos vieron cómo varios hombres descargaban el camión, y a pesar de las advertencias que le hicieron, Laura tomó varias fotos con su teléfono. Desde otro ángulo que ellos nunca advirtieron, un agente del gobierno cubano también los fotografiaba a ellos, y a la operación de descarga que estaba en marcha.

—Necesitamos ver lo que hay dentro de esas cajas.

— ¿Cómo? —Preguntó Alfred con cierto temor—

—Esperamos a que se vayan, y luego nos acercamos.

Los hombres tardaron una hora. Cuando se fueron Laura esperó diez minutos y salió del coche. La puerta del almacén no tenía candado. Laura entró y al momento sintió el olor a humedad y cartón. Se acercó a una pila de cajas y abrió una.

—Ropa de marca nueva, con etiquetas en inglés —Comentó observando lo que había, en el interior de las cajas—

—Esto es legal —dijo Alfred.

—Sí —respondió Laura—. Pero mira esto.

En el fondo había otra pila de cajas más pequeñas pintadas de negro. Laura abrió una y encontró varios Fajos de dólares. Miles de dólares bien apilados y envueltos en plástico.

—Dios mío —susurró Alfred—. Esto es dinero sucio.

Laura tomó fotos, cerró la caja y salieron del almacén.

—Ya tenemos las pruebas, ahora tenemos que irnos rápido de aquí.

Pero cuando metieron las llaves el sedán no arrancó. Las luces del tablero parpadeaban, y Alfred abrió el capó para sorprenderse con lo que vio.

— ¡Cortaron los cables de la batería!

Laura sintió que el suelo se le hundía.

—Nos descubrieron.

En ese momento, un coche negro apareció en el camino y dos hombres se bajaron. Eran los guardaespaldas de Chávez Pulido. Uno de ellos que parecía un escaparate, se inclinó dirigiéndose a Laura a través de la ventanilla, llamándola por su apellido.

—Señora McCormick —dijo el individuo—. Bájese del auto que el jefe quiere verla.

Laura apretó la mano de Alfred porque supo enseguida que hubo una filtración, y Chávez Pulido conocía sus verdaderas identidades.

—Yo no voy a ir contigo a ningún lugar—respondió Laura con determinación—

—Entonces tendré que obligarla, pero esto no es una invitación —respondió el otro que estaba por la ventanilla de Alfred, y sacó una pistola encañonándolos a ambos.

—Usted van a venir con nosotros —dijo el guardaespaldas—. A las buenas o a las malas.

Laura miró la pistola, luego miró a Alfred y enfrentó al que estaba por su lado.

—Está bien, yo voy a ir con ustedes —dijo—. Pero si le pasa algo a mi esposo, te juro que no voy a descansar hasta que te encuentre.

El guardaespaldas sonrió.

—Esta buena la amenaza, pero no me asusta.

Los metieron en el coche negro. Laura iba en el asiento trasero con Alfred a su lado, y junto a estos el

hombre de la pistola. El motor arrancó y el auto se puso en marcha.

Laura cerró los ojos mientras rezaba por dentro. Había fallado y Chávez Pulido los había descubierto. Ahora no sabía si volvería a ver a su madre, a Sofía, o la luz del sol. Pero de una cosa si estaba segura. ¡Ella no iba a rendirse!

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BsB
Hola Beatriz ! Soy el escritor de la novela y te adelanto que ya tengo listos el ochenta por ciento de las capítulos. Te agradezco mucho que hayas leído algunos de los que están publicados, y aunque no lo manifestaste abiertamente, que esperes a que esté termina significa que tal vez te gustó. Me complacería muchísimo saber tu opinión de lo que has leído, y si tienes alguna sugerencia que hacerme. Fue un placer interactuar con usted.
Beatriz
Cuando esté terminada la leo. Está inconclusa
Saily Smith
me en
Sarai Smith
Me encanta esta novela!! Que sucederá con Laura?
BsB: Laura es una mujer luchadora, una guerrera dispuesta a enfrentarse a todos, por defender a su familia y a la empresa. La mafia la amenaza y la coacciona para que forme parte de su nómina, pero ella se resiste. Laura cederá ante la mafia, o trabajará con el FBI para acabar con los mafiosos? Qué tu harías si fueras la escritora de la novela? Tu opinión es muy importante para mí. Gracias por leer y apreciar mi obra.
total 2 replies
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