Carla, una noche luego de escapar de las garras de su acosador jefe se encuentra con un vagabundo en la calle, este le suplica algo de comer y en su corazón algo se mueve. Un gesto de bondad desatara una pasión desmedida sin saber que el hombre que ella conoció esa noche en realidad no es otro que el jefe más temido de la mafia y que él ya tiene una mujer esperandolo. El sueño de la felicidad y de una familia tiembla al despertar los recuerdos de él ¿Todo fue una ilusión? No puede ser verdad, mis hijos son la prueba de que nuestro amor existió. De mendigo a jefe de la mafia. ¿Podra el amor ganarle al deber y la venganza?
NovelToon tiene autorización de yanina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Determinada a dejarlo ir.
POV Carla
No hubo ni un solo momento en que dejara de llorar durante todo el viaje de regreso a casa... pero al ponerme de pie frente a mi hogar, limpié cada lágrima con una determinación de acero.
Esta es la última vez, Ian. La última vez que lloro por ti, que te espero, que te guardo en lo más profundo de mi corazón. La última vez que te amo.
Me obligué a estirar los labios en una sonrisa, porque aún tenía a tres niños esperándome, necesitados de una madre fuerte que los sostuviera como lo había hecho hasta ese día.
Abrí la puerta con movimientos lentos, casi temblorosos... pero supongo que mis pequeños sintieron que su madre había vuelto. Corrieron a mis brazos con desesperación, con sus ojitos brillando de felicidad.. Esos ojos que tanto amaba contemplar.
- ¡Mami! —dijo mi pequeño Ian, sus deditos aferrándose a mi blusa.
- ¡MAMÁ ESTÁ DE REGRESO! —gritó la alborotadora de la casa, mi bella Tesa, saltando de alegría.
- ¡Hola, mamá! —mi Gabriel, el más tranquilo de los tres, me abrazó con fuerza suficiente para hacer temblar mis piernas débiles.
Los abracé con una necesidad desgarradora; sentir sus cuerpecitos pequeños entre mis brazos era mi mayor fortaleza, mi único refugio seguro en el mundo.
- Mis amores... ¿por qué todavía están despiertos? —susurré, luchando por mantener la voz firme.
- Te esperábamos —respondieron al unísono.
- Saben una cosa... esto es un secreto entre nosotros— les dije, acariciando sus cabecitas—. Los amo con todo mi corazón y alma. Siempre, siempre vamos a estar juntos.
Les dejé un beso en la frente a cada uno antes de llevarlos de vuelta a la cama. No quería que me vieran rota, destrozada... mis hijos no merecían cargar con ese peso.
- Hermana... no te ves nada bien. Eso significa que las cosas no salieron como esperabas —la voz preocupada de Patricia me atrapó por sorpresa mientras cerraba la puerta del cuarto con suavidad.
- De hecho... este viaje me hizo abrir los ojos para dejar de esperar a alguien que nunca pensó en regresar junto a nosotros. Ahora ya no gastaré energías en cosas sin sentido —cada palabra se me quedó atorada en la garganta, cargada de un pesar insoportable.
Los brazos de mi fiel compañera me envolvieron, dándome un consuelo que tanto necesitaba, que me hacía temblar de emoción.
- Paty... si hubieras visto cómo me miró... ese hombre me despreció delante de todos, con una crueldad que me heló la sangre —dije, sintiendo cómo se me cerraba la garganta.
- Shhh... ya, ya, mi hermosa hermana. Ven, necesito que veas algo más —susurró ella, con un tono que transmitía urgencia.
- Ya no quiero saber nada más, Paty. Con lo que vi y escuché, no necesito más para entender que Ian se jugó conmigo. ¿Para qué seguir torturándome? ¿De qué me serviría buscar más información cuando él mismo me dijo que yo no era nadie importante... solo porque compartimos la cama? —grité, sintiendo la ira mezclarse con la tristeza.
- Carla, por favor... si no fuera importante, no te lo pediría. Pero esto es algo grave que puede poner en peligro a los niños.
Sus palabras me dejaron helada en el lugar. ¿Qué cosa podía ser más peligrosa que saber que el hombre que amé, el padre de mis hijos, era un cobarde, un hombre sin escrúpulos?
Llegamos a la cocina, donde Paty tenía sobre la mesa todo un informe ordenado, con papeles y pantallas de celular extendidas.
- Llamé, pregunté por aquí y por allá... amigos y conocidos que viven en la ciudad M. Y no sabes lo que descubrí sobre ese tal Salvador.
Mis ojos se abrieron como platos al leer las primeras líneas de un chat que mostraba en la pantalla:
- ¿Mafia? ¿Ian era integrante de una de las mafias más poderosas de la ciudad M?
- No, hermana... Ian era el jefe de esta organización. Ese tal Salvador Toluchi es bien conocido por sus tratos sucios en el submundo. Las empresas que mostraba como su fuente de ingresos son solo una fachada para lavar dinero y transportar armas —dijo Patricia, con la voz baja y seria. _ una vieja amiga que salia con un maleante me lo contó todo.
Sentí cómo mi cabeza comenzaba a doler con una intensidad insoportable; por un instante, mi cuerpo tembló tanto que creí que iba a caerme al suelo. Pero me agarré de la mesa con fuerza, obligándome a mantenerme en pie.
- La mujer con la que se estaba casando es la hija de otro viejo metido en estas cosas sucias... Carla, no sé por qué razón Salvador Toluchi fingió ser Ian. Quizás estaba huyendo, o tal vez deseaba vivir una vida normal... o simplemente jugar una mala pasada a una desdichada como tú. Pero la realidad es que...
- Mis hijos están en peligro —interrumpí, entendiendo todo de golpe, como si una losa pesada se hubiera caído finalmente en su lugar.
Ya no importaba qué sucedió aquel día en que nos conocimos, ni si Ian llegó a mi vida con planes ocultos, ni si algo realmente le pasó como mi conciencia aún quería creer. Nada de eso importaba ahora... porque lo único que debía importarme era la seguridad de mis niños.
- Esa mujer era tan despreciable, Patricia... tan arrogante que incluso se atrevió a darme una bofetada y llamarme zorra. Jamás permitiré que esa clase de gente se acerque a mis hijos —dije, sintiendo cómo despertaba en mí una furia protectora que no conocía.
- Desgraciada... ¡De estar ahí, les hubiera dado una lección a los dos! —gruñó Patricia, pero luego se quedó en silencio, como calculando cada posibilidad— Carla, lo mejor es seguir con la vida tal cual está, tú con los niños aquí, y ellos dos por allá bien lejos, con sus cosas oscuras.
- Eso no hace falta ni que lo digas, hermana mía. Nunca más lo buscaré. Lo último que deseo para mis hijos es un padre así —aseguré, con la mandíbula apretada.
- Olvidemos esto... pero mantengámonos alerta por cualquier cosa. Esa gente es demasiado peligrosa.
Por mis hijos soy capaz de todo, de matar y de morir. No me importa si esta guerra es contra el mismísimo padre de mis pequeños, los defenderé incluso de él y de todos los que intenten hacerles daño.
- Creo, Paty, que no tendremos muchos problemas. Me dejó bien en claro que yo no era nadie para él —murmuré, aunque en el fondo una voz me avisaba que no debía bajar la guardia.
- Aun así... ojos bien abiertos y uñas más que afiladas —contestó ella, y esa frase resonó en mí como un grito de alerta.
Jamás imaginé que buscar un reencuentro me traería tantas desgracias. Pero el temor me empujó a tomar una decisión drástica, buscar una nueva casa para nosotros. Aunque Ian estuviera ahora en su luna de miel con esa mujer tan hermosa, nada me aseguraba que ella no se hubiera quedado con la rabia de que yo hubiera interrumpido su boda.
Yo era una persona normal, una que desconocía el mundo de las sombras... no era rival para ellos. Pero tenía que encontrar soluciones. Por mis hijos y su seguridad, tenía que convertirme en una leona lista para defender a su camada de cachorros.
En el fondo de mi corazón esperaba nunca volver a verlo. Quería enterrar su recuerdo, conservando solo los buenos momentos que vivimos juntos. Pero ante la duda, era mejor estar prevenida.
Una semana después, nos mudamos a una casita acogedora en el centro de la ciudad rodeada de gente en todo momento, con una guardería a dos cuadras de distancia. Instalé pequeñas cámaras en cada entrada, llegué incluso a lo inimaginable: guardar un arma en mi habitación, oculta, pero lista para usar.
- ¿Te gusta la casa, Carla? —preguntó Luis, quien se había convertido en un amigo indispensable en mi vida. Agradecía con todo mi ser su presencia durante todos estos años.
- Mucho... el alquiler es algo elevado, pero me gusta la cercanía a los lugares que necesitamos los niños y yo —respondí, acariciando su mano que sostenía la mía, en un gesto de profundo agradecimiento— No tengo cómo pagarte lo suficiente por todo lo que haces por nosotros, Luis. Eres demasiado bueno.
- Aquí estaré siempre. Cuentas conmigo para lo que necesites. ¿No has tenido ninguna noticia de él? —preguntó, con un tono cargado de culpa.
No tuve el valor de contarle la verdad, aunque esa omisión me torturaba en el alma. Luis seguía culpándose por la desaparición de Ian... pero preferí guardármelo todo para protegerlo.
- Sabes, amigo mío... creo que llegó la hora de seguir adelante con mi vida. No puedo esperarlo para siempre, y tú tampoco. No fue tu culpa... y es hora de soltar el recuerdo de Ian —dije, respirando profundamente mientras sentía cómo un peso enorme abandonaba mi cuerpo.
El recuerdo de mi esposo, ese hombre leal, atento, amable e incondicional lo estaba enterrando para siempre. Y ya no había vuelta atrás.