En un mundo roto por criaturas sin alma, un chico despierta en un bosque, su mente vacía, con solo un cuaderno para anclar su existencia. Rescatado por Ana, una joven arquera, y su hermano León, se une a su peligrosa búsqueda de un refugio seguro en Silverpine.
NovelToon tiene autorización de B.E.M para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Robo de la Casa Rodante capitulo 3
.La noche cayó pesada sobre Grayskull. Los cuatro se reunieron en las sombras, con el aliento visible en el aire frío.
—El plan es claro —dijo Joel en voz baja—. Mark, Robb y yo vamos al taller por la casa rodante. Anna, vos encárgate de tu hermano.
Anna lo miró fijamente.
—Cuídate —murmuró antes de girar y perderse en dirección a la casa donde Leon esperaba.
Mark se acercó a Joel mientras ajustaba el cuchillo en su cinturón.
—¿Vos sabes pelear, ¿verdad? —preguntó.
Joel soltó una risa corta.
—Algo así. Y somos tres. Conozco bien la zona: no hay patrullas por ahí a esta hora.
Robb, más nervioso, intervino:
—Entonces salgamos antes de que sea más tarde.
Los tres se prepararon en silencio y partieron.
Caminaron por calles desiertas, entre escombros y autos calcinados. Mark iba al frente, guiando con pasos seguros. Joel y Robb lo seguían a unos metros, hablando en susurros.
—¿Siempre fueron solo ustedes dos? —preguntó Joel.
Robb lo miró con tristeza.
—No siempre.
Joel asintió, sin presionar.
—Lo lamento.
Robb levantó la vista hacia él.
—¿Y ustedes? ¿Amigos de toda la vida o qué?
Joel soltó una risa baja.
—Ja. De hecho, nos conocemos hace poco. Ella me salvó la vida.
Robb arqueó una ceja.
—Parecen amigos de siempre.
—Sí… me alegra. Viajamos juntos. Es buena persona. Y su hermano es de tu edad.
Mark no dijo nada; solo siguió caminando, los hombros tensos.
Robb continuó, casi para sí mismo:
—Mi plan era usar el tren del pueblo para irnos. Pero a papá no le parecía buena idea. Primero, por la falta de combustible. Segundo… ni él ni yo sabemos manejar un tren. Igual, para mí era la mejor opción.
Llegaron al taller por calles destruidas, esquivando cascotes y vehículos volcados. Joel señaló un edificio oscuro al fondo.
Allí ondeaba con orgullo la bandera del cuervo: negra, desgastada, símbolo del dominio del Capitán.
—¿Ese es el taller? —preguntó Robb.
Mark asintió en silencio.
—Veo tres soldados en el tejado —susurró Joel.
Robb tragó saliva.
—¿Cómo lo hacemos?
—Entramos por la puerta de atrás —respondió Joel, mirando a Mark—. No quiero matar a nadie si se puede evitar.
Corrieron agachados hacia la parte trasera. Sorprendieron a dos guardias. Joel inmovilizó a uno con una llave al cuello; Mark derribó al otro de un golpe seco con un palo. Los dejaron inconscientes en la penumbra.
Dentro, la casa rodante estaba justo donde Mark había dicho.
Brillaba bajo una luz tenue, como un trofeo olvidado. Mark abrió la puerta del conductor: las llaves seguían puestas.
—Son las que perdí hace meses —murmuró, con los ojos brillantes—. Se la van a llevar…
Pero un guardia salió del baño interior y se lanzó sobre Mark. Rodaron por el suelo entre puñetazos y patadas. Al mismo tiempo, otro guardia golpeó a Joel por la espalda. Cayó de rodillas. El hombre levantó su arma, pero Joel giró rápido, lo derribó y le estrelló una pala en la cara. El guardia quedó inmóvil.
En el tejado, Robb forcejeaba con un tercer soldado. Lo empujó contra un tanque de agua, esquivando un cuchillo. No lo mató; solo lo dejó fuera de combate. Por respeto a Joel.
Los tres se miraron un instante, jadeando, sin palabras. Cargaron armas, bidones de gasolina y herramientas en la casa rodante y arrancaron rumbo a la casa de Anna y Leon .
La vivienda estaba en un barrio medio derruido, pero con las ventanas intactas. Joel bajó primero y hizo señas. Anna abrió la puerta con el arco tensado; al reconocerlos, lo bajó. Leon salió detrás, con un hacha en la mano.
—¿Podemos descansar un poco antes de salir? —preguntó Joel, exhausto—. Estoy harto de pelear.
Mark miró alrededor, alerta.
—Tres minutos. No más.
Joel subió a la casa rodante y encontró una nota pegada en el tablero:
«No os rindáis, hermanos. El pueblo no se entrega al Capitán.»
Los Rebeldes
Robb se acercó a Leon , que limpiaba el filo del hacha.
—¿Cómo te llamas?
—Leon . Qué bueno conocer gente nueva.
—Soy Robb, hijo de Mark. ¿Anna es tu hermana?
—Sí. Es lo único que me queda —respondió Leon con mirada triste.
Era hora de partir. Cargaron lo esencial y Mark insistió:
—Hay que salir del pueblo ya.
Joel frunció el ceño.
—¿Por qué tanta prisa?
Anna señaló la bandera del cuervo pintada en el techo de la casa rodante.
—Seguro que es por eso.
Partieron hacia la salida de Grayskull. Joel se acercó a Leon .
—Estuviste bien.
Leon se encogió de hombros.
—Solo estaba preocupado por ustedes dos. Pero las cosas salieron bien…
De repente, Joel se llevó la mano a la sien.
—Ah… mi cabeza. Me duele un poco.
Leon lo miró preocupado.
—Tenés que acostarte. El viaje va a ser largo.
—Sí… voy a la cama un rato.
Joel se recostó y cerró los ojos. En la oscuridad vio un lugar sombrío, infinito. Al fondo, algo gigante lo observaba fijamente. Intentó hablar, pero no salió sonido. Sintió que se ahogaba; el cuerpo le dolía como si lo aplastaran. La figura se acercó de golpe.
Despertó sobresaltado, empapado en sudor frío.
—¿Qué fue eso? —susurró.
Se quedó sentado en la cama, respirando agitado, sin atreverse a volver a cerrar los ojos.
Minutos después, filas de autos bloqueaban la calle principal. Hombres armados los esperaban. Una figura con máscara anti-radiación y traje verde oscuro gritó:
—¡Bájense del vehículo!
Joel murmuró:
—Supongo que es el Capitán.
—¿Es la única salida? —preguntó Robb.
Mark negó con la cabeza.
—Las demás están peor. No queda otra que hablar con él.
Joel bajó lentamente y caminó hacia la figura.
—¿Cuál es tu nombre, chico? —preguntó el Capitán.
—No lo sé.
El Capitán alzó una ceja tras la máscara.
—¿No tenés nombre?
—No. Y no creo que importe.
El Capitán soltó una risa fría.
—Mira, la cosa es simple. No tengo problema con ustedes… pero ustedes sí lo tienen conmigo. Esa casa rodante es mía. Pertenece a mi pueblo y a mi gente.
Joel lo enfrentó.
—Era de Mark. La recuperamos sin lastimar a nadie. Déjanos ir.
El Capitán sonrió bajo la máscara.
—Era de él… ya no. Si dejo que un grupito me quite lo que es mío, ¿qué diría el pueblo?
De repente, soldados irrumpieron en la casa rodante, apuntando rifles a todos. Antes de que Joel pudiera reaccionar, un culatazo lo dejó inconsciente. Su cuerpo cayó al suelo polvoriento.
Mark se lanzó con el hacha, pero eran demasiados. Un golpe en la cabeza lo derribó; la sangre corrió por su frente.
—¡Hacia la muralla! —ordenó el Capitán, su voz resonando como metal.
Leon , Anna y Robb fueron escoltados con las manos atadas. Anna miraba el suelo. Robb apretaba los puños, buscando una salida imposible. Leon murmuró entre dientes:
—¿Y ahora qué?
Los guardias los empujaron hacia adelante. El muro en el centro de Grayskull se alzaba ominoso en la distancia.
Nota 3
Nombre: Robb
Edad: 17
Ojos: Marrón
Pelo: Negro
Historia: El hijo de Mark. Parece un buen chico. Es una lástima que tenga que pasar por esto a su edad, pero va a estar bien.