Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 13: Tambien eres mala persona
Después de mi primera cita con la psicóloga pasaron unos días. Sentía que estaba estancada; casi no hablé con ella, solo me limité a responder las preguntas que me hacía. En mi segunda cita me limité a acostarme en el sofá y mirar al techo; ella no me preguntó nada y yo no dije nada, sentía que el tiempo se estaba pasando muy rápido y que mis objetivos no se habían logrado.
Al salir de la cita, me detuve en un supermercado y compré dos teléfonos desechables, los cuales eran muy comunes en Londres, uno rojo y otro azul; los metí en mi mochila y me fui a casa. Cuando llegué, ya la cena estaba lista, y Alexis y el tío me esperaban para cenar.
—¿Por qué tardas tanto hoy? —me preguntó el tío.
—Entré al supermercado a comprar unas cosas.
Le enseñé la funda con toallas sanitarias y demás cosas que había comprado con la tarjeta, para tener una excusa, mientras que los teléfonos los compré en efectivo. Todo el tiempo, solo he hecho cálculos, para que todo salga como quiero.
Cenamos y conversamos un poco; después subí a mi habitación, me di un baño, me puse el pijama y programé los teléfonos de mi celular personal: pasé al teléfono azul el enlace del grupo y la grabación y luego, del celular azul, pasé todo al rojo.
Todo meticulosamente planeado, lentamente, después de eso, solo tenía que esperar. Ya que el teléfono azul lo compré con una semana de duración, luego ese número se perderá, y el rojo, tres meses, así que tengo mucho tiempo para hacer que esa bomba explote.
Pasó la semana; yo me ponía al día con las clases e iba dos veces a la semana a la psicóloga y tres veces a la semana practicaba en la clase de arte. Todos parecían muy apurados, y el tiempo se iba volando; en un abrir y cerrar de ojos había pasado un mes, y Beatriz consiguió volver al colegio después de muchas súplicas de sus padres a mi tío y llamadas insistentes de amigos de sus padres.
—Ya sabes lo que pasó, Beatriz volvió a la escuela; se dice que fue el padre de Ricardo, que llamó al rector. Qué suerte tiene Beatriz, que Ricardo se muera por ella, a pesar de que ella no lo trata bien.
Karina me contó lo que había pasado, y yo me sentí muy enojada, porque estoy segura de que el padre de Ricardo estaba usando lo del compromiso para otras, es decir, me usó a mí para que la novia de su hijo volviera a la escuela.
Entonces recordé que Ricardo no se ha metido conmigo desde la última vez que fue en la fiesta de cumpleaños de Karina; había pasado más de un mes, me escuchó hablar de él, y no me hizo nada. En clase me ignora, ya nuestras miradas no se cruzan, y no sé por qué el darme cuenta de todo esto me molesta mucho.
Íbamos de camino a la cafetería cuando Karina me contó eso. Al llegar a la puerta, me encontré con Beatriz y Ricardo; ella lo agarró del brazo y me dijo a viva voz.
—¡Una campesina como tú nunca podrá tener un novio como Ricardo!
Miré a mi alrededor, y me percaté de que Mateo estaba con ellos, solo que un poco alejado. Estoy segura de que esa Beatriz me ataca porque ese Mateo le dice cosas, y ella lo hace.
—Tienes razón, merezco algo mejor; alguien que se arrastra por migajas de cariño, de verdad no puedo bajar a ese nivel; por lo menos en el campo, nos enseñan el valor de la dignidad.
Esperé a la reacción de ambos, y solo hubo silencio; entonces, seguí mi camino con Karina, comimos tranquilamente en la cafetería, hasta que Mateo se nos acercó.
—En un mes es mi cumpleaños, será en este club de la familia Ross; aquí está la invitación para ustedes, espero que vengan.
«Traiciona a su mejor amigo, pero lo usa; la familia de Mateo no es ni la mitad de rica ni de famosa que la familia Ross, a pesar de que la familia Ross está dividida en dos facciones, así que este Mateo es un oportunista y desleal; en su cumpleaños debo darle un gran regalo»
Ese día, cuando llegué a casa, después de la cena, fui a la habitación de Alexis. Yo tenía una limitación con algunas cosas por mi edad, pero Alexis podría ayudarme y solo puedo confiar en él.
—Primo, necesito que me ayudes, ¿puedes hacerlo?
—Claro que puedo hacer por ti.
Él estaba acostado en la cama; yo tomé la silla de su escritorio, la puse al lado de la cama y le comencé a decir.
—Necesito que me ayudes a contratar un detective para que siga a Mateo y a Beatriz; ellos dos tienen una aventura, y quiero darle un gran regalo a Mateo por su cumpleaños.
Alexis se sentó en la cama y me miró con sorpresa; nunca imaginó que yo le diría eso.
—¿Está segura? ¿Cómo descubriste eso?
—Fue por casualidad hace más de un mes. Si me vas a ayudar, no puedes contarle nada de esto a mi tío, ¿entiendes?
Conversamos un largo rato esa noche. Al día siguiente, después de salir de la escuela, fuimos a la oficina de un detective famoso, Alexis. Lo contrató, le dio fotos de los dos chicos y le explicó que queríamos no solo fotos, también videos y audios de ser posible.
Todo se puso en marcha; solo tenía que esperar. Los días siguientes todo era muy normal: cita con la psicóloga, clases, tareas; pronto serían los exámenes también. Entonces llegó el viernes; estaba tocando el piano en el salón de música, en lo que esperaba a Alexis, y de la nada, esa voz molesta me dijo.
—Tú también eres una mala persona.
Dejé de tocar, y lo miré a la cara, y me preguntaba: "¿Qué derecho tiene este tipo de decir que yo soy mala persona?
—Te haces la mosca muerta, pero sabías que mi familia tenía problemas y lo dijiste, y repetidamente hablas de… porque me enteré de cosas que no sabía, dejé todo en paz entre los dos, pero sigue molestándome.
«De la nada, yo me volví el problema y él una pobre víctima, cuando me hacía daño con sus burlas, cuando casi me mata y después cuando me tiró al suelo. Él actúa como si yo me mereciera todo lo que me hizo, y él no puede aguantar unas pocas palabras que salgan de mi boca»
—Tu padre usó el compromiso con la sobrina de mi tío para que Beatriz volviera a la escuela, seguro porque lloraste para que ella volviera, y ni a tu padre ni a ti les da vergüenza utilizar a los demás, entonces, ¿por qué eres tan sensible a simples palabras mías?
No dijo nada, me miró mal y se fue; yo comencé a cuestionarme.
«¿Realmente soy mala persona?, ¿cuándo me volví así?, ¿está bien lo que hago?, ¿esta obsesión con herirlo es algo normal?»