NovelToon NovelToon
Dr. G

Dr. G

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Doctor / Reencuentro / Completas
Popularitas:5
Nilai: 5
nombre de autor: Paulina de jesus

Gabriel es un excelente médico, pero vive un amor silencioso por su compañero de trabajo.

¿Logrará Gabriel vivir este amor?

NovelToon tiene autorización de Paulina de jesus para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Dos días después, Gabriel volvió al hospital.

Misma hora. Mismo café malo. Misma bata bien planchada.

Pero algo en su postura había cambiado. No en los gestos —aún gentiles, aún profesionales—. Sino en la mirada. Un cansancio oscuro acechaba detrás de los párpados. Como si hubiera dejado de esperar algo. Como si hubiera aprendido a desconectarse sin pedir permiso.

—¿Todo bien, doctor? —preguntó Paula, entregándole una carpeta.

—Todo bien —mintió, como siempre.

Subió al segundo piso. Pasó por los pasillos. Vio a Miguel de lejos, analizando exámenes con los residentes más jóvenes.

No se detuvo.

No intentó entablar conversación.

No sonrió.

Por primera vez, Gabriel solo… pasó.

---

Miguel lo notó.

Notó el silencio.

La falta de aquel “buenos días” murmurado detrás de él.

La ausencia de aquella mirada que siempre lo siguió sin exigir nada.

Se quedó mirando a Gabriel alejarse.

Y sintió…

Una molestia extraña. Como si el aire se hubiera enfriado de repente.

—¿Doctor? —llamó una residente, sin respuesta.

—¿Eh?

—¿Se encuentra bien?

Miguel desvió los ojos y murmuró:

—Sí. Continúa con el caso.

---

En la sala de los médicos, Gabriel se sentó a almorzar. El plato frente a él, pero sin hambre. Picoteaba los frijoles con el tenedor, en silencio.

Al lado, Paula observaba.

—Regresaste, pero aún no estás aquí, ¿verdad?

Él se encogió de hombros.

—El mundo no se detiene.

—Pero tú puedes detenerte.

—No puedo. Si me detengo, me derrumbo.

Ella tomó su mano levemente, discretamente.

—Si algún día quieres hablar... o solo sentarte a mi lado y llorar... estoy aquí.

Gabriel sonrió débilmente.

—Gracias. Pero no puedo darme el lujo de sentir.

—Sí puedes. Solo que no quieres.

---

Al final del turno, Miguel lo encontró por casualidad en la sala de exámenes. Gabriel revisaba un informe solo, absorto, con los ojos rojos de quien no dormía bien hacía días.

—Gabriel.

Él alzó la mirada, sin expectativa.

—Doctor.

—Supe que faltaste. ¿Todo bien?

Gabriel dudó un segundo. Después asintió.

—Sí. Era solo cansancio.

Miguel apretó los labios. Casi dijo algo. Pero no lo dijo.

Solo continuó:

—Tu rendimiento no ha bajado, pero… estás diferente.

—No, doctor. Solo más concentrado.

—Ya veo.

El silencio entre ellos se extendió.

Entonces, por impulso, Miguel preguntó:

—¿Algún problema personal?

Gabriel lo miró fijamente. Había tantas cosas que podría decir. Tanto dolor.

Pero eligió el camino de siempre:

—Nada que importe.

Miguel no supo qué responder. Solo asintió y salió.

Pero, al doblar el pasillo, se detuvo. Se apoyó en la pared por unos segundos. Pensó en Gabriel.

Y por primera vez en mucho tiempo… sintió un peso en el pecho que no conseguía explicar.

---

Aquella noche, Gabriel llegó a casa y fue directo a la ducha.

Se quedó bajo el agua caliente hasta que el cuerpo le doliera.

Cerró los ojos.

Y deseó no sentir tanto.

Pero sabía que al día siguiente… volvería al hospital con la misma sonrisa falsa.

Porque ser médico no permitía fallar.

Y ser él… nunca permitió ser débil.

Pero, por primera vez… alguien se había dado cuenta.

Y eso lo asustaba.

El sábado amaneció nublado, como si el cielo adivinara lo que estaba por venir.

Gabriel estaba en casa, intentando descansar, acostado en el sofá con la manta hasta el pecho y un libro abierto que no leía de verdad. El silencio era todo lo que quería.

Hasta oír el timbre.

Tres toques rápidos. Después, dos más. Un patrón antiguo que conocía bien.

Se sentó despacio. Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

Cuando abrió la puerta, el mundo giró un poco.

—Mamá. Papá.

La madre sonrió de aquella manera que más parecía una petición disimulada.

—Pensamos que sería bueno pasar a ver cómo estás. Ya no respondías nuestros mensajes en el grupo.

—Ustedes nunca mandaron nada directo para mí.

El padre se acomodó el cuello del abrigo, como si no quisiera estar allí.

—¿Podemos entrar?

Gabriel abrió espacio, aún sin saber por qué.

---

La sala se hizo más pequeña con la presencia de ellos.

La madre miraba alrededor como si buscara algo fuera de lugar. El padre se sentó como quien esperaba noticias desagradables.

—Estás tan delgado —dijo ella.

—Trabajando mucho, como siempre.

—Y… ¿has salido? ¿Visto a alguien?

Gabriel contuvo la respiración.

—¿Qué quieren de verdad?

La madre intentó parecer serena.

—Queremos entender por qué te has alejado. Casi no apareces más en los encuentros, no hablas con tu hermana…

—Porque cada vez que voy, escucho chistes. Miradas atravesadas. Silencios.

—Eso es cosa de tu cabeza —dijo el padre, directo.

Gabriel sintió la garganta cerrarse.

—No lo es. Solo que no soy lo que ustedes querían. Y ustedes no saben qué hacer con eso.

—Tú elegiste este camino —dijo la madre, con tristeza actuada.

—Yo elegí ser honesto. No quería vivir mintiendo para ustedes. Pero parece que cuando lo conté, dejé de ser hijo para convertirme en una vergüenza.

La madre bajó los ojos. El padre cruzó los brazos.

—Esto no es fácil para nosotros tampoco —dijo él—. Fuimos criados de otra manera.

—Pues estoy cansado de ser educado con quien no me ve. Cansado de sonreír cuando todo lo que quería era un abrazo. Un “te amo” que no viniera con condición.

La madre intentó tocar su brazo. Él retrocedió.

—Ustedes vinieron aquí hoy por culpa. No por amor.

Silencio.

—Pueden quedarse el tiempo que quieran. Pero ya no voy a callarme para ser aceptado.

Ellos no dijeron nada más.

Solo se quedaron allí. Como muebles fuera de lugar.

---

Mientras tanto, en el hospital, Miguel repasaba una historia clínica cuando oyó a Paula comentar:

—¿Gabriel está de descanso de nuevo?

—Pidió el fin de semana. La familia apareció.

Miguel cerró la historia clínica despacio.

—¿Familia?

—Los padres, creo. No suelen visitar, ¿verdad?

Miguel se quedó en silencio. Por alguna razón, eso le molestó.

Más de lo que debería.

---

Aquella noche, los padres de Gabriel se fueron temprano.

Sin abrazos.

Sin promesas.

Gabriel los acompañó hasta la puerta, conteniendo la rabia y la tristeza como si fueran fiebre.

Cuando cerró la puerta tras ellos, respiró hondo.

El pecho le dolía.

Pero, por primera vez en mucho tiempo…

No pidió disculpas por existir.

Y, aun sangrando por dentro, eso era alguna forma de victoria.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play