NovelToon NovelToon
Ámame, Esposo Mío

Ámame, Esposo Mío

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Reencuentro / Completas
Popularitas:95
Nilai: 5
nombre de autor: ErKa

Camila era solo una joven de limpieza que cargaba con deudas, con una madre enferma y con la esperanza de sus hermanos menores sobre los hombros. Una noche, por una simple casualidad, se cruzó con el hombre que jamás debió mirar: Max Montenegro, el frío y poderoso director general de la empresa.

Un error cometido en la borrachera lo cambia todo. Max cree que un cheque cubre cualquier daño, pero semanas después descubre que la mujer a la que despreció lleva en su vientre a su hijo. Entre contratos firmados a la fuerza, una mansión llena de miradas de desprecio y una suegra que ya tiene elegida a la nuera perfecta, Camila tendrá que aprender a sobrevivir en un mundo que no es el suyo.

Mientras tanto, un rival encantador no deja de rondarla, la antigua prometida de Max regresa dispuesta a todo y el corazón de un hombre incapaz de pedir perdón empieza a latir donde nunca quiso.

Pero algunas heridas no se cierran con dinero, y algunos secretos pesan más que un apellido. Años después, el destino los obliga a cruzarse de nuevo, y esta vez hay un niño de ojos curiosos que tiene mucho que decir.

¿Puede un amor nacido del error ganarse una segunda oportunidad?

NovelToon tiene autorización de ErKa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 2 - Soy una cobarde

Max había logrado poseer el cuerpo de Camila. Ahora la besaba con suavidad, explorando su boca con cuidado. Le succionaba y le mordisqueaba los labios, jugueteando con su lengua tierna. Estaba disfrutando de verdad aquel encuentro.

Empezó a murmurar cosas sin sentido. De vez en cuando le besaba la frente empapada de sudor, le daba besitos en los labios carnosos y le recorría la nuca con la boca. Ella no se movía; tenía la mirada perdida y las lágrimas seguían corriéndole por las comisuras de los ojos. Pero su cuerpo no sabía mentir.

Quizá ella lo rechazaba, pero su cuerpo no. Después de un largo vaivén, Max sintió que llegaba a su límite y soltó un gemido prolongado. Durante un rato, entre los dos no hubo más que silencio. Mientras intentaba recuperar el aliento, Max empezó a darse cuenta de lo que había hecho. Bajó la vista hacia la mujer que tenía debajo y se quedó helado: no era Ximena, su prometida.

La soltó de inmediato y se levantó del sofá a toda prisa. Contempló, incrédulo, a la mujer tendida en los cojines. ¿Quién es esta mujer? ¿Qué hace en mi oficina? Recordaba haber jalado a Ximena de la mano hasta ahí. ¿Se estaba equivocando? ¿En realidad la mano que había agarrado era la de esa desconocida?

¡Argh! ¡Idiota! ¡Idiota! La borrachera lo había convertido en un completo imbécil. Buscó su ropa y se limpió antes de volver a vestirse. Entonces notó algo extraño: había sangre en el pañuelo desechable.

Se revisó el cuerpo a toda velocidad, temiendo estar herido. No encontró ninguna herida. Entonces, ¿de quién era esa sangre? Volvió la vista hacia la mujer, que seguía tendida, y empezó a observarla con atención.

¡Pum!

Ella también tenía sangre. ¿Era virgen? ¡Ah! ¿Y ahora qué iba a hacer? ¿De verdad acababa de violar a una virgen? Con razón se había sentido tan distinto de todas las mujeres con las que se había acostado hasta entonces.

Sacudió la cabeza y terminó de vestirse deprisa. Luego, sin voltear a verla, llenó varios cheques.

—Vístete. Aquí están los cheques. Creo que esta cantidad alcanza para pagar tu virginidad.

Dejó los cheques sobre el escritorio y se encaminó a la salida. Antes de llegar a la puerta, añadió:

—No se te olvide cerrar cuando salgas.

Y desapareció tras la puerta.

Camila seguía tendida, rígida. No podía creer lo que le había pasado esa noche. Las lágrimas no dejaban de brotarle. Nunca se imaginó que acabaría siendo víctima de una violación, y menos a manos de su propio jefe.

Se quedó así mucho tiempo, todavía desnuda, con la mente en blanco. No lograba asimilar lo que acababa de vivir. Solo sus lágrimas eran testigo de su sufrimiento. Cuando por fin se le agotó el llanto, empezó a moverse. Recogió una por una las prendas regadas por el piso y se vistió muy despacio.

Le dolía todo el cuerpo, sobre todo ahí. Se miró con asco. De pronto se sintió la mujer más sucia del mundo. Se cubrió la cara y rompió a llorar a gritos. Esa noche se le fue en llorar y llorar.

Cerca de la medianoche, dejó de llorar. Arrastrando los pies, salió de la oficina. Los cheques se quedaron sobre el escritorio.

En el estacionamiento intentó sacar su bicicleta y pedalear, pero estaba tan débil que no pudo. Al final, con las manos temblorosas, pidió un mototaxi por aplicación.

Al llegar a su cuarto rentado, se acostó con cuidado y se quedó mirando la pared con los ojos vacíos. Los pensamientos se le iban para todos lados. No sabía cómo debía actuar. No tenía parientes ni amigos aquí, y con lo poco que había estudiado se sentía todavía más perdida. ¿Debía denunciar a su jefe con la policía? ¿Y si él la denunciaba también? Seguro que ella saldría perdiendo. En la capital no tenía a nadie que pudiera ayudarla. Y en su pueblo, su familia tampoco podría hacer gran cosa; no eran más que gente humilde.

Además, si lo denunciaba, perdería el trabajo, eso era seguro. Con sus estudios era dificilísimo conseguir empleo en la capital. No quería decepcionar a su familia, que había puesto tantas esperanzas en ella. ¿Debía quedarse callada y dejarlo pasar? ¿Hacer como si nada hubiera ocurrido?

Volvió a llorar. ¿Por qué tenía que tocarle esa suerte? Le había costado tanto llegar a la capital. Con unos cuantos ahorros había venido a probar fortuna a la gran ciudad, con la esperanza de que trabajar allí le permitiría sacar a su familia adelante y pagarle los tratamientos a su madre, que vivía enferma. ¿Por qué todo había terminado así?

Hundió la cara en la almohada y lloró hasta desahogarse. Lloró por su mala suerte, por su impotencia, por su debilidad. Tal vez ese era el destino que le tocaba aceptar a alguien de abajo.

Llorar toda la noche la dejó agotada. Al final, poco antes del amanecer, se quedó dormida.

Cuando despertó, el reloj marcaba las 12:43. Se llevó un susto enorme: esa mañana tenía que haber entrado a las 07:00, antes que el resto del personal. Revisó el celular enseguida. Con razón no había oído la alarma: el teléfono estaba apagado.

Lo puso a cargar y esperó unos minutos antes de encenderlo. Tenía un montón de llamadas perdidas de su superior y decenas de mensajes. Casi todos decían lo mismo: le preguntaban dónde estaba y la amenazaban con correrla si no se presentaba en la oficina de inmediato.

Nerviosa, marcó el número. Al primer timbrazo, contestaron.

—¡¿Dónde te metiste?! ¡¿Todavía quieres trabajar o qué?!

—P-perdón… E-es que estoy enferma…

—¿Dónde estás ahorita? ¡Te está buscando el director! ¡¿Qué hiciste para que el mismísimo director ande preguntando por ti?!

¡Pum!

Camila sintió que se le entumecía todo el cuerpo. ¿Por qué me busca el director? ¿Para amenazarme y que no abra la boca? Antes de que pudiera pensar más, alguien tocó a la puerta de su cuarto.

Toc, toc, toc.

Abrió con recelo. Del otro lado había un hombre muy bien vestido. Le resultaba conocido.

—¿La señorita Camila Alcázar?

—S-sí, soy yo, señor.

—Acompáñeme, por favor. El director la está esperando afuera.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play