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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo la tormenta

La lluvia comenzó como una llovizna fina.

De esas que parecían inofensivas.

Pero conforme avanzó la tarde, el cielo terminó cubriéndose por completo y el bosque quedó envuelto en un gris profundo.

Las copas de los pinos se balanceaban con un viento cada vez más fuerte.

Mara observó el reloj.

—Si salimos ahora, regresaremos antes de que empeore.

Rowan tomó las llaves del vehículo.

—Solo compraremos lo que falta para mañana.

Alyssa levantó la vista desde el sofá, rodeada de cuadernos nuevos.

—Todavía puedo ir con ustedes.

Mara sonrió.

—No, hijita.

Mañana empiezas una nueva etapa.

Hoy quédate en casa.

Descansa.

Alyssa hizo una pequeña mueca.

—Estoy demasiado nerviosa para descansar.

—Entonces deja que Kaleb te distraiga.

Como si hubiera escuchado su nombre, llamaron a la puerta.

Los cuatro rieron.

—¿Ves? —dijo Rowan.

Kaleb apareció empapado por la lluvia.

—¿Qué pasa?

—Nada.

Mara negó divertida.

—Solo confirmaste una teoría.

Kaleb miró a Alyssa.

—¿Interrumpo?

—Nunca.

Ella sonrió.

Él le devolvió la sonrisa.

Sin saber que esa sería la última vez que Rowan y Mara los verían mirarse de aquella manera.

La carretera estaba casi vacía.

El agua golpeaba con fuerza el parabrisas.

Rowan disminuyó la velocidad.

—No me gusta esta tormenta.

Mara observó el bosque.

Los árboles se movían con violencia.

—Compremos rápido y volvamos.

Entonces ocurrió.

Una camioneta apareció derrapando en sentido contrario.

El conductor perdió completamente el control.

El vehículo atravesó el carril.

Golpeó el guardarraíl.

Y desapareció pendiente abajo.

Rowan apenas alcanzó a detener el automóvil.

Los dos salieron corriendo.

Dentro de la camioneta una mujer intentaba moverse entre los restos del tablero.

En el asiento trasero, una niña lloraba desesperadamente.

—¡Mamá!

—Tranquila.

Ya estamos aquí.

Rowan logró abrir la puerta trasera después de varios intentos.

Desabrochó el cinturón.

Sacó a la pequeña en brazos.

La entregó inmediatamente a Mara.

—Aléjate del vehículo.

Voy por la mamá.

Mara obedeció.

La niña temblaba aferrada a su cuello.

Mientras tanto, Rowan consiguió sacar también a la mujer.

Los cuatro apenas habían avanzado unos pasos cuando un crujido estremeció el bosque.

Rowan levantó la vista.

El enorme pino cedía lentamente.

No tuvo tiempo de pensar.

Empujó con todas sus fuerzas a la mujer hacia Mara.

Las dos cayeron al barro.

La niña quedó protegida entre ellas.

El árbol terminó de desplomarse.

El estruendo hizo temblar la tierra.

La mujer abrió los ojos segundos después.

Miró alrededor.

Vio el tronco gigantesco.

Y comprendió.

—¡No!

Intentó correr hacia ellos.

Rowan, con un enorme esfuerzo, levantó apenas una mano.

—No…

Lleve… a su hija…

A la carretera…

Pida ayuda…

La mujer rompió a llorar.

—No voy a dejarlos.

—Hágalo…

Por favor…

Ella abrazó a su hija.

Corrió hacia el camino.

Los primeros automovilistas se detuvieron casi de inmediato.

Las llamadas de emergencia comenzaron a multiplicarse.

Las sirenas no tardaron en escucharse.

Bomberos.

Paramédicos.

Policías.

Todos descendieron hasta donde estaba la mujer.

Ella señaló desesperadamente el bosque.

—Hay dos personas atrapadas.

Ellos nos salvaron.

¡Por favor, sálvenlos!

El jefe del cuerpo de bomberos reunió a su equipo.

El acceso era complicado.

El terreno estaba completamente cubierto de lodo.

Necesitaban cuerdas, motosierras y equipo para asegurar el árbol antes de moverlo.

Comenzaron a trabajar sin perder un segundo.

Mientras tanto…

Un guardián de Luna de Plata reconoció el vehículo de Rowan.

La noticia llegó al Alfa en cuestión de minutos.

Kaleb estaba con Alyssa cuando recibió la llamada.

Su rostro perdió todo el color.

—¿Qué pasó?

Preguntó ella.

Él tardó apenas un instante.

Pero fue suficiente.

—Tus padres.

Hubo un accidente.

El mundo de Alyssa se detuvo.

—No…

Kaleb tomó su mano.

—Vamos.

Los vehículos de la manada no podían acercarse hasta el lugar exacto.

Todos descendieron corriendo por un sendero que solo ellos conocían.

El Alfa.

Ethan.

Liam.

Nora.

La sanadora.

Los guerreros.

Y detrás de todos…

Alyssa.

Empujando ramas.

Tropezando.

Levantándose.

Corriendo como nunca antes.

Hasta que llegó.

—¡¡Papá!!

Su grito atravesó el bosque.

Cayó de rodillas frente al enorme tronco.

Intentó levantarlo con ambas manos.

Era imposible.

Kaleb la sujetó antes de que terminara lastimándose.

—¡Ayúdame!

¡Kaleb!

¡Ayúdame!

Él también empujó.

Los guerreros hicieron lo mismo.

El árbol no se movió.

La sanadora se acercó.

Los examinó en silencio.

Después miró al Alfa.

Y negó muy despacio.

Él entendió inmediatamente.

Los bomberos seguían trabajando unos metros más arriba.

Preparaban el rescate.

Pero la sanadora ya sabía lo que ocurriría.

Mover aquel tronco no les devolvería la vida.

Solo acortaría los pocos minutos que aún les quedaban.

Rowan respiró con dificultad.

—Déjenlos…

Trabajar…

Pero…

No todavía…

Quiero…

Hablar con mi hija…

Nadie discutió.

Alyssa tomó la mano de Mara.

Estaba fría.

Llenaba de pequeñas heridas.

La llevó hasta su rostro.

—No…

Por favor…

No me dejen…

No otra vez…

Mamá…

Papá…

No puedo perderlos…

Mara reunió las pocas fuerzas que le quedaban.

Le acarició el cabello.

Exactamente igual que cuando era niña.

—Mi pequeña…

No llores…

Alyssa negó desesperadamente.

Las lágrimas caían sin control.

Rowan buscó a Kaleb con la mirada.

Él se arrodilló enseguida.

Rowan extendió la mano.

Kaleb la tomó.

Después Rowan buscó la de Alyssa.

Las unió.

Las dejó entrelazadas.

—La cuidamos…

Cuando desde que tenía…

Cinco años…

Su respiración era cada vez más débil.

—Pero hace mucho…

Dejó de necesitar…

Que yo la protegiera…

Miró fijamente a Kaleb.

—Ahora…

Te toca a ti…

Kaleb rompió a llorar.

Por primera vez en muchos años.

Las lágrimas corrían sin que intentara ocultarlas.

—Se lo prometo.

La cuidaré.

Mientras viva.

Rowan cerró los ojos un instante.

Sonrió.

Era suficiente.

Mara volvió a mirar a Alyssa.

—Escúchame…

Nunca…

Vuelvas a pensar…

Que estás sola…

¿Me oyes?

Nunca…

Tienes…

Una familia…

Una manada…

Amigos…

Y…

Sus ojos buscaron a Kaleb.

Le sonrió con el cariño de una madre.

—Tienes…

Al hombre…

Que lleva toda…

La vida…

Buscándote…

Alyssa ya no podía responder.

Solo lloraba.

Aferrada a sus manos.

Arriba, el jefe de bomberos dio la orden.

—¡Equipo listo!

Comenzaron a descender con el material.

La sanadora observó cómo se acercaban.

Después volvió la vista hacia Rowan.

Él comprendió.

Ya no quedaba tiempo.

Buscó la mano de Mara.

La encontró.

La entrelazó con la suya.

Los dos sonrieron.

—¿La sientes? —susurró él.

Mara cerró los ojos.

Una lágrima resbaló por su mejilla.

Pero sonreía.

—Sí…

Nuestra niña…

Nos está esperando…

Alyssa levantó la cabeza.

Comprendió inmediatamente de quién hablaban.

La hija que habían perdido.

La hija que nunca dejaron de amar.

Rowan volvió a mirar a Alyssa.

—No tengas miedo…

De seguir viviendo…

Hijita…

El mejor regalo…

Que puedes hacernos…

Es…

Ser feliz…

Los bomberos estaban ya a pocos metros.

Uno de ellos gritó:

—¡Vamos a sacarlos!

Pero Rowan y Mara ya no escuchaban aquellas voces.

Solo se miraban el uno al otro.

Como dos personas que habían compartido una vida entera.

Y que ahora caminaban juntas una vez más.

Kaleb abrazó a Alyssa mientras ella apoyaba la frente sobre las manos de quienes le habían dado un hogar, un apellido y una familia.

La lluvia continuó cayendo sobre Luna de Plata.

Y el bosque, que trece años atrás había sido testigo del día en que kaleb encontró a una niña perdida entre los árboles…

Ahora presenciaba el momento en que esa misma niña debía aprender a caminar sin sus padres de la manada.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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