Valeria Luna Marín murió traicionada por el hombre al que eligió y por la hermana que juraba amarla. Le arrancaron la voz, quebraron a su loba y colgaron su nombre como una advertencia para toda la manada.
Pero antes de que la muerte la reclamara, Sebastián de la Vega, el Alpha que ella había rechazado, llegó por ella entre sangre y fuego.
Cuando Valeria despierta en el pasado, vuelve a la noche en que estaba a punto de rechazar su vínculo con Sebastián. Esta vez no huirá. Esta vez escuchará el aroma que su loba siempre reconoció.
Mientras un falso heredero, una falsa Luna y un Consejo corrupto conspiran para robar la corona de Silver Moon, Valeria deberá abrir el Moon Archive, recuperar su voz y decidir si está lista para aceptar la marca del Alpha que nunca dejó de pertenecerle.
Porque Sebastián no solo quiere salvarla.
Quiere poner la manada entera a los pies de su Luna.
NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20
Capítulo 020: La puerta del Archivo
El Moon Archive no olía a biblioteca.
Olía a lluvia vieja, cera apagada, flores secas y sangre que nadie había logrado borrar del todo.
Valeria cruzó la puerta y el pasillo de piedra desapareció detrás de ella. Frente a sus ojos se abrió una sala imposible, circular, más alta que cualquier torre de la Casa de la Luna. No había ventanas, pero una claridad plateada caía desde arriba como si la luna estuviera encerrada en el techo.
Miles de estantes giraban despacio sin tocar el suelo.
Libros, frascos, mapas, cajas de madera, cintas de tela, dientes de lobo marcados con nombres.
Todo suspendido.
Todo esperando.
Valeria supo, sin que nadie se lo dijera, que aquello no era un sueño común.
Su cuerpo dormía.
Su sangre no.
—No toques nada todavía.
La voz salió de una mesa larga al centro de la sala.
Un hombre estaba sentado allí, con una taza de café negro y un montón de tarjetas desordenadas. Parecía de unos cuarenta años, tal vez más, tal vez menos; el Archivo le daba una edad imposible. Tenía el cabello oscuro con hebras blancas en las sienes y los ojos grises de quien había visto demasiadas muertes ajenas para asustarse con una más.
Valeria no se acercó.
—¿Quién eres?
—Óscar del Monte.
El nombre le golpeó el pecho.
Estaba en los registros viejos de Moonveil. Un sanador desaparecido treinta años antes. Algunos decían que había muerto en la frontera. Otros, que había perdido la mente estudiando enfermedades de linaje.
—Estás muerto.
Óscar bebió café.
—Técnicamente, eso sigue en discusión.
—No tengo paciencia para adivinanzas.
—Excelente. Yo tampoco. Nos vamos a llevar bien o fatal.
Valeria dio un paso.
El suelo reflejó su pie descalzo y, debajo, por un segundo, vio garras plateadas en lugar de dedos.
Se quedó inmóvil.
Óscar siguió su mirada.
—Tu loba despierta más rápido de lo previsto.
—Mi loba está dañada.
—Tu loba estuvo amordazada. No es lo mismo.
La frase abrió una grieta de esperanza tan afilada que dolió.
Valeria la cerró de inmediato.
—¿Esto qué es?
—Una memoria heredada. Un refugio. Una trampa. Depende de quién pregunte y cuánto quiera pagar.
—Moon Archive.
Óscar inclinó la cabeza.
—El nombre moderno. Antes tuvo otros. La Casa de la Luna lo redujo a leyenda porque la verdad daba demasiada hambre.
Valeria miró los estantes.
—¿Puedo encontrar aquí cómo detener el acónito?
Óscar dejó la taza.
El sonido fue pequeño.
La sala entera lo escuchó.
—Puedes encontrar muchas cosas.
—Eso no responde.
—Sí responde. Solo no te gusta.
Valeria apretó los puños.
—Hay gente marcada con juramentos de sangre. Hay niñas y mujeres usadas como herramientas. Hay un Elder moviendo veneno dentro de la manada. No tengo tiempo para ceremonias.
Óscar sonrió sin alegría.
—Todos llegan diciendo eso. “No tengo tiempo”. “Es urgente”. “Solo esta vez”. El Archivo ama esas frases. Las colecciona como dientes.
Una corriente fría rodeó las piernas de Valeria.
—¿Cuál es el precio?
—Memoria, fuerza, fiebre, años de vida si eres terca. A veces una verdad que te habría convenido ignorar.
—No me conoces si crees que eso me detiene.
—Te conozco mejor de lo que quisieras. Te vi morir.
El aire se apagó.
Valeria sintió la mordida del muro norte en la espalda.
—¿Estabas allí?
—El Archivo estaba. Yo soy una voz que aprendió a quedarse.
No era respuesta suficiente.
Era la única que tendría por ahora.
Óscar se levantó. Caminaba sin prisa, como si la sala se acomodara antes de que sus pies tocaran el suelo. De un estante bajó un libro delgado, forrado en cuero claro. No se lo entregó. Lo dejó sobre la mesa.
—Regla uno: no abras lo que no puedes cerrar.
—¿Y cómo sé eso?
—No lo sabes.
—Muy útil.
—Regla dos: nunca uses el Archivo para ganar una pelea pequeña. El precio siempre cree que la pelea era grande.
Valeria pensó en Isabela llorando en el patio.
No.
Eso no.
—Regla tres —continuó Óscar—: si una puerta lleva el nombre de Lucía, no entres sola.
El corazón de Valeria golpeó una vez.
—¿Luna Lucía?
—No entres sola.
—¿La mataron?
Óscar la miró con cansancio.
—Esa pregunta no cabe en esta noche.
—Para mí sí.
—Para tu cuerpo, no.
Valeria dio otro paso.
La sala inclinó la luz hacia ella. En algún lugar, su cuerpo dormido tosió.
Óscar chasqueó la lengua.
—Ves. Terca.
—Necesito una fórmula.
—Necesitas dormir.
—Óscar.
El nombre salió con autoridad sin que Valeria la buscara. Algo antiguo respondió bajo sus costillas. La marca invisible junto a su ojo izquierdo ardió.
Óscar dejó de sonreír.
—Ah. Ahí está.
—¿Qué?
—La sangre de Luna no pide permiso cuando aprende a mandar.
Valeria no entendió. Tampoco tenía tiempo.
El libro sobre la mesa se abrió solo.
Las páginas pasaron a toda velocidad hasta detenerse en un esquema de raíces moradas, sal negra y una flor blanca prensada. La letra no era de Óscar. Era femenina, firme, con pequeñas manchas de tinta.
Lucía Alarcón de la Vega.
Valeria tocó el borde de la página.
Una punzada le atravesó la sien.
Vio manos moliendo acónito.
Vio sangre en una copa.
Vio a una mujer de ojos serenos escribiendo: “No todo veneno se vence con fuerza. Algunos se engañan con su propio espejo”.
—Es un neutralizante —dijo Óscar—. No cura un juramento completo, pero retrasa la activación del acónito. Sirve para salvar a alguien en crisis.
—Lo necesito.
—Lo recordarás al despertar. Una vez.
—¿Una vez?
—Si lo escribes rápido.
La luz plateada se volvió demasiado intensa.
Valeria sintió que algo tiraba de ella hacia atrás.
—Espera. ¿Quién mató a Lucía?
Óscar ya estaba lejos, aunque no se había movido.
—Pregunta cara.
—¡Óscar!
—Despierta, niña de luna. Y no bebas nada que te ofrezcan esta semana.
Valeria abrió los ojos en su habitación con un grito seco.
La manta estaba en el suelo.
Tenía sangre en la nariz y los dedos manchados de tinta plateada.
Durante un segundo no pudo moverse.
Luego se lanzó hacia el escritorio, agarró una pluma y escribió antes de que el recuerdo se deshiciera.
Raíz de sauco negro.
Carbón de hueso limpio.
Flor de luna seca.
Sal negra, una pizca.
Y debajo, como si su mano no fuera del todo suya:
Para acónito activado por juramento de sangre. Usar antes del tercer espasmo.
Al otro lado de la pared, Sebastián golpeó la puerta.
—¡Valeria!
Ella miró la fórmula.
El Moon Archive acababa de darle un arma.
Y cobraría pronto.
felicitaciones, primera historia que me deja satisfecha. 👏👏👏👏👏👏.
un abracito y gracias por tan bella historia.
y los cachorros para cuando
tarde
pero sale
si
si
Estás novelas no son el tipo chicle de novelas de hombres lobos que son posesivos y que se curan solo son el tipo de novela que el alpha tiene que reconstruir un corazón y esperar y sufrir ufff Pacho