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Mi Joven Profesor

Mi Joven Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: La llamada de la mañana

Al otro día me desperté sintiendo que me había atropellado una tractomula.

Abrí los ojos despacio y apenas intenté moverme sentí la cabeza explotándome horrible.

—“Uy juepucha…”

Me tapé la cara con la almohada.

Definitivamente nunca debí tomar tanto tequila.

Nunca.

Me quedé unos segundos acostado intentando recordar todo lo de la noche anterior.

La discoteca.

Las canciones.

Aracely riéndose.

Cómo me agarraba la mano pa’ llevarme a bailar.

Y apenas pensé en ella terminé sonriendo solo como un bobo.

Después sentí otra punzada durísima en la cabeza.

—“Ay nojoda…”

Miré hacia la cuna.

Pero estaba vacía.

Fruncí el ceño enseguida.

—“¿Y esta niña?”

Me levanté despacio porque sentía el cuerpo pesado.

Parecía un anciano caminando.

Bajé las escaleras agarrándome del pasamanos mientras escuchaba soniditos de muñecas desde la sala.

Cuando llegué abajo vi a Daniela sentada en el suelo jugando con unas muñequitas pequeñas mientras hablaba sola en idioma bebé.

Mi mamá estaba en la cocina haciendo desayuno.

La niña apenas me vio levantó la cabeza.

—“Papá.”

Yo sonreí cansado.

—“Hola, princesa.”

Ella empezó a reírse señalándome.

Y ahí entendí que mi cara debía verse horrible.

Mi mamá salió de la cocina apenas me vio y soltó la carcajada.

—“Uy nooo, mírenlo.”

Me agarré la cabeza.

—“No se burle.”

—“¿Y cómo quiere que no me burle si parece un alma en pena?”

Daniela se reía también aunque no entendía nada.

Yo me dejé caer en el sofá.

—“Mamá… ¿por si acaso no hay paracetamol? Me duele la cabeza horrible.”

Ella seguía riéndose.

—“Ajá, ahí están las consecuencias.”

—“Nunca más vuelvo a tomar.”

Mi mamá levantó una ceja.

—“Eso mismo dicen todos.”

Fue a buscar la caja de medicamentos mientras yo cerraba los ojos intentando sobrevivir.

Después volvió y me pasó la pastilla con un vaso de agua.

—“Tome.”

—“Gracias…”

Luego me sirvió desayuno.

El olor de la comida honestamente me revolvió el estómago.

Pero igual me senté a comer poquito porque sabía que si no me iba a sentir peor.

Mi mamá se sentó al frente mío cruzándose de brazos.

—“¿Y entonces?”

—“¿Entonces qué?”

—“¿Cómo le fue con la muchacha?”

Y ahí automáticamente sonreí.

Ella abrió los ojos enseguida.

—“Ay Virgen Santísima… quedó tragado.”

Solté una risa bajita.

—“La pasé bien.”

—“Sí se notaba cuando llegó riéndose solo.”

Justo en ese momento mi celular empezó a sonar.

Miré la pantalla.

Y apenas vi el nombre de Aracely sentí el corazón acelerarse de una.

Videollamada de Messenger.

Mi mamá vio mi cara y empezó a reírse otra vez.

—“Conteste pues.”

Yo me acomodé rápido el cabello.

—“¿Me veo muy vuelto nada?”

Ella soltó una carcajada.

—“Terrible.”

—“Mamá…”

—“Bueno ya, deje el drama y conteste.”

Respiré profundo y acepté la videollamada.

La pantalla cargó unos segundos.

Y ahí apareció Aracely.

Tenía el cabello medio despeinado, una camiseta grande y cara de sueño.

Pero aun así se veía hermosa.

Demasiado.

Ella apenas me vio empezó a reírse durísimo.

—“¡Ay nojoda, profe!”

Yo me agarré la cabeza.

—“No se burle.”

Ella seguía riéndose.

—“Tiene una cara horrible.”

Solté una risa.

—“Gracias por subir el autoestima.”

—“Parece que hubiera peleado con un bus.”

Eso hizo que yo también me riera.

—“Siento que me morí anoche.”

Ella se acomodó mejor en la cama todavía riéndose.

—“Yo amanecí igualita.”

—“¿Sí?”

—“Uy sí. Nunca había tomado tanto tequila en mi vida.”

—“Ni yo.”

Aracely abrió los ojos sorprendida.

—“¿En serio?”

—“Se lo juro.”

—“Entonces sí la hice perder el control, profe.”

Yo solté una carcajada.

—“No me diga profe así.”

Ella sonrió pícara.

—“¿Y cómo le digo?”

La miré unos segundos.

—“Rafael.”

Ella sonrió suave.

—“Bueno… Rafael.”

Juemadre.

Cómo decía mi nombre esa mujer.

Mi mamá pasó por detrás mío y saludó con la mano.

—“Hola.”

Aracely sonrió enseguida.

—“Hola, señora.”

Mi mamá siguió caminando hacia la cocina pero todavía riéndose.

Volví a mirar la pantalla.

—“¿Y usted sí durmió algo?”

Ella negó con la cabeza.

—“Casi nada.”

—“¿Por qué?”

Se mordió el labio sonriendo.

—“Porque me quedé pensando.”

Sentí el corazón acelerarse otra vez.

—“¿Pensando en qué?”

Ella me quedó mirando fijo unos segundos.

—“En usted.”

Y ahí sí me dejó callado.

Completamente.

Después empezó a reírse de mi cara.

—“Mire cómo se quedó.”

Yo negué riéndome.

—“Usted sí sabe poner nerviosa a la gente.”

—“¿Yo?”

—“Sí.”

Ella soltó una risita.

—“Mentiroso.”

Seguimos hablando un buen rato.

Molestándonos.

Riéndonos de cómo terminamos cantando borrachos.

Recordando momentos de la discoteca.

Y honestamente todo se sentía demasiado natural con ella.

Como si llevara años siendo parte de mi vida.

En un momento ella se acomodó el cabello detrás de la oreja y me miró sonriendo.

—“La pasé demasiado bonito anoche.”

Sentí el pecho calentarse enseguida.

—“Yo también.”

—“Y quiero repetir.”

Eso me hizo sonreír automático.

—“¿Ah sí?”

—“Claro.”

Se quedó callada unos segundos.

Y después habló más bajito.

—“Me gusta estar con usted.”

Juemadre.

Cada vez que decía cosas así sentía que el corazón se me iba a salir.

La miré sonriendo suave.

—“A mí también me gusta estar contigo.”

Ella bajó la mirada toda apenada.

Y honestamente eso me pareció demasiado lindo.

Seguimos hablando otro rato más hasta que mi mamá me gritó desde la cocina.

—“¡Rafa, se le va a enfriar el desayuno!”

Aracely soltó una carcajada.

—“Vaya coma mejor.”

—“No quiero.”

—“Le toca.”

Yo me reí.

—“Qué mandona.”

Ella sonrió divertida.

—“Y eso que apenas estamos empezando.”

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Yulexi De Fernández
cuando me termine de ver la serie que me estoy viendo le subo los otros capítulos
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